El fistol del diablo – Diario de lectura (Parte 2)

La vida en México en la segunda mitad del siglo XIX

Me gusta divagar de vez en cuando sobre el contexto mundial del periodo. Santa Anna seguía intercalando presidencias con exilios, la mitad de los actuales EE.UU. era territorio nacional y Napoleón había muerto después de provocar profundos cambios en el sistema geopolítico de Europa y el resto del mundo.

El siglo XIX vió surgir grandes avances en la medicina (antibióticos, asepsia, anestesia), en la ingeniería civil (Proceso Bessemer para hacer mucho acero), en la filosofía (la mayoría de las corrientes filosóficas contemporáneas surgieron en éste periodo), y en general toda rama de la ciencia y la técnica (las revoluciones industriales, el cinetoscopio, mayor formalización del método científico, etcétera).

El renacimiento de la novela, marcó un punto de inflexión en la literatura y cómo era consumida por las masas.

Sobre los valores morales se tenía en gran estima la castidad y sumisión en las mujeres, los hombres en contraste tenían mucha más libertad social en lo que a ‘ligerezas’ se refiere. Está de más decir que las cosas han mejorado ostensiblemente en ese y otros aspectos, aunque (y no quiero predicar) aún queda mucho camino por recorrer.

Sobre la indumentaria usada, esta dependía grandemente del estrato de la población del individuo:

Jóvenes adinerados
Un lépero (suerte de mendigo/vagabundo)

Surgía el rechazo y escepticismo religioso entre los académicos y científicos, sobre todo en Europa, en contraste, en México incluso las clases más educadas sentían un profundo respeto por las instituciones religiosas, aunque nunca faltaba un ‘come curas’ en los círculos sociales.

También tanto en México como la mayoría de países recién formados y como habría de esperarse existía una gran inestabilidad política, cambios de gobierno , pronunciamientos, golpes de estado fallidos, etcétera.

Estos datos ayudarán a entender un poco mejor algunos de los sucesos narrados en el ‘segundo acto’ de la novela.

De costumbres y desamores (Capítulos XXII a XXXVI)

Pues que Arturo, después de sus aventuras en Xalapa, vuelve a la capital acompañado de Manuel, éste desaparece un poco de escena para centrarnos en la vida de Arturo como aspirante a Donjuán, se convirtió en ‘Un jovencito de gran tono’, al parecer volver a ver a su querida madre y a su respetable padre y el afeitarse y cambiarse operaron en él un cambio también en su personalidad, olvidó los tormentos del amor y se dedicó a pasarla bien como hijo de un adinerado comerciante.

Se levantaba a las 10, se vestía ricamente y salía a pasear a los barrios pudientes de la ciudad, compraba lo que se le antojara, después iba a jugar billar o ajedrez para luego dirigirse a comprar puros habanos y regresar a su hogar a comer. Ya en la tarde-noche iba al teatro vestido a la última moda a echarle el lente a todas las muchachas ‘que elegantes, hermosas, llenas de aromas y de atractivos’ iban a ver las funciones.

Pronto se convirtió en un hombre conocido por los altos círculos sociales y se relataban sus aventuras con el capitán, Teresa y el tutor como dignas de una novela (lol).

Un día se encontró a Rugiero y como es natural le pidió una explicación de los sucesos acaecidos la noche en que dió por muerto a Manuel. Este sin hacer mucho caso le dijo que le daría las explicaciones que quisiera a condición de que lo acompañase a una tertulia en la que tenía empeño en presentarlo. Y entonces el narrador describe con muuuucho detalle la opulenta casa en la que tendría lugar la fiesta. En resumen era una casa muy rica y muy bonita.

Los hacen pasar y mientras están esperando en un sofá aparece un viejo amor de Arturo. ¡Aurora en todo su esplendor!. Arturo no pudo menos que llenarse de cólera al pensar que ella que coqueta, llena de admiradores y riqueza lejos estuvo de padecer todas las penurias que Manuel, Celeste y Teresa tuvieron que soportar. Conversan cordialmente al principio, poco a poco se terminan recriminando sutilmente aunque con gran cortesía.

Ya que habláis del baile, os diré que me contaron que dos calaveras se desafiaron por cierta muchacha, y que el desafío tuvo el fin de que ambos se fueran a comer a una fonda; es esta una aventura que da risa. ¿No es verdad, Arturo?

Aurora

No llegó a mis noticias semejante lance, pero si los dos adversarios tomaron el partido de beberse una botella de champaña en vez de tirarse de balazos, juzgo que hicieron muy bien, porque acaso la muchacha sería tan insignificante, que no merecía que expusiesen su vida por ella…

Arturo

La conversación sigue hasta que son interrumpidos por dos invitadas de nombre Elena y Margarita (muy bellas todas, si D.Payno fuera un autor contemporáneo haría fanservice en cantidades industriales), después llega Apolonia para sorpresa de Arturo y conversan un poco sobre cosas que se habían dicho en Xalapa.

Ya en la noche cuando van a su hogar Rugiero y Arturo se ven acompañados de un personaje cuya única identificación es que se trata de ‘Un empleadillo’ que es presuntuoso, mitómano (dice haber sido amante de Aurora) y por demás insufrible, después de despedirlo Rugiero invita a Arturo a su habitación de hotel para responder sus dudas. Y podemos preveer otra lección de moral de Payno (esto me está empezando a cansar :c)

Cada gente es una historia, mejor dicho una novela, porque lo que pasa en lo interior de las casas y en el corazón de cada mujer, tiene más de novelesco que de verdadero.

Rugiero

Así se introduce la serie de capítulos  ‘Las novelas de Rugiero’, en las que le relata a Arturo las vidas a veces trágicas, a veces licenciosas, de Elena, Margarita y Florinda (personaje de soporte que estuvo en la fiesta y que no es de gran importancia (de momento) para el resto de la trama).

Algún tiempo después Arturo recibe en su casa una serie de cartas de La Habana y (por fin) va a ver a Manuel para leerlas con él. Cartas en las que la enamorada Teresa narra sus peripecias desde que dejó el puerto de Veracruz, cómo extraña a Manuel y lo triste que está, acá dos bonitas citas extraídas de ellas.

Él me ampara en estos abismos, y debo darle gracias, y esperar que si me conserva la vida, será para volverte a ver, para estrecharte en mis brazos, para poner este corazón adolorido sobre tu corazón y entonces morir …

Teresa (ayñ n.n)

Al fin, los hombres fácilmente se consuelan: hay tantos placeres; tantas distracciones para ellos en el mundo, que muy poco les importa el cariño de una mujer

Teresa (Manuel malo :c)

También se enteran de que el clérigo que Arturo vió en la mampara tiene las respuestas que están buscando, entonces van a verlo y el capítulo titulado ‘Esperanza’ comienza. El clérigo les cuenta que logró evitar que D. Pedro le hiciera daño a Teresa con la ayuda de un criado mudo (y fuerte) y que Teresa ofreció exiliarse a La Habana para que dejara en paz al capitán y que sería sumisa a sus órdenes, D. Pedro accede y ya sabemos el resto de la historia. Manuel y Arturo llenos de cólera deciden ir a matarle, pero el padre los calma, ya en confianza (y ni idea de cómo) le pregunta a Arturo si conoce a Celeste y si podría testificar a su favor.

Entonces nos enteramos de lo que pasó con Celeste, aunque debo mencionar que algunos capítulos se dedicaron a sus vivencias en prisión, no los contemplé por que no tenían mucho impacto en la historia en aquel entonces, ahora los voy a resumir. Cuando el juez de paz la llevaba a la comisaría ella estaba prácticamente inconsciente por ver a su padre morir, un policía la golpeó con la culata de su arma conminándola a que se moviera sin apenas respuesta de la niña, estaba disponiéndose a volver a hacerlo cuando el padre intercede y la ayuda, Celeste entonces le cuenta su situación y el clérigo promete ayudarla.

En la cárcel unos funcionarios menores (Tinterillos, ni idea de qué labor desempeñaba un tinterillo, suena a un tipo de escribano/mecanógrafo/capturista del siglo XIX) se ‘reparten’ a Celeste (‘If you know what I mean’ :c), ella se hace amiga de una prisionera que la defiende y logra que en sus ‘redadas nocturnas’ los tinterillos no le hagan daño, también le facilita una navaja para defenderse ella misma, Celeste considera quitarse la vida al ver que no se resuelve su caso pero renuncia a esa empresa, algunos días después el padre va a visitarla y le da esperanzas. Arturo se arrepiente de haber pensado mal de ella (lo hizo cuando Rugiero le contó de su destino en Veracruz) y se compromete a ayudarla.

El padre también les cuenta su historia, se trataba de un huérfano al que un abogado de un importante bufete convirtió en su pupilo, aprendió las ciencias de su maestro, latín y demás cosas pro, su protector tenía una hija hermosa, la imagen de Celeste, obviamente se enamoró de ella y se la pidió a su maestro cuando tenía una modesta posición pero mucho porvenir, el padre consintió siempre y cuando su hija correspondiera a sus afectos, y así era, el día en que se iban a casar la bella hija del maestro murió y se le reveló en ‘una visión’ dirigiéndose al cielo, entonces supo que la única esperanza de volver a verla era consagrarse a una vida de caridad, piedad y castidad. Precisamente por eso, cuando vió a Celeste en apuros sintió la necesidad irrefrenable de ayudarla.

Una vez aconsejados, Arturo y Manuel van a ver a D. Pedro, este los recibe afablemente y lamenta mucho las penurias de Teresa y el Capitán, ambos se comprometen a buscar la felicidad de ella y el Capitán le dice que si le permite casarse con Teresa está dispuesto a dejarle toda su heredad (dato random es que el capitán había amasado una modesta fortuna en una casa de apuestas algunos capítulos atrás), el tutor corresponde jurando hacer todo lo posible por que los dos amantes vuelvan a estar juntos con su bendición.

De manera paralela Payno describe someramente la condición política de la república, un polvorín que estallaba ante la más insignificante chispa, la chispa que nos interesa es la que se estaba gestando en la casa de Arturo, su padre D. Antonio al ser un comerciante de gran importancia se codeaba con los hombres más poderosos del país, generales, ministros de hacienda, magnates, etcétera, el caso es que en realidad D. Antonio había hecho malos negocios y su fortuna y posición pendían de un hilo, la única forma de salir de sus deudas era un negocio que únicamente podría hacerse si había un cambio de gobierno, entonces empezó a conspirar con sus amigos para organizar un golpe de estado.

Allí D. Pedro amigo de uno de los aliados de D. Antonio es invitado y sugiere sutilmente usar al capitán Manuel para una labor «mecánica» necesaria, a saber, apresar al presidente y su gabinete con la tropa bajo su mando.

Días después Manuel va a visitar a D. Antonio pues Arturo le había pedido que le ayudara a tramitar su baja en el ejército para que él pudiera ir a buscar a la romántica Teresa, cuando terminan de conversar y Manuel se dispone a retirarse ya con su baja en la mano, D. Antonio le platica de sus planes, Manuel se niega, D. Antonio le cuenta de su situación y Manuel se sigue rehusando, por fin apela a la amistad de su HIjo y Manuel acepta. D. Antonio lo ve como un peón, pero aún así ahora lo respeta por ser un hombre de honor, dato random es que Arturo le había prestado el fistol de Rugiero y lo llevaba galantemente durante esta entrevista.

Resulta que todo era un plan de D. Pedro para librarse del capitán, él se encarga de que el gobierno se entere de la conspiración y mandan a arrestar al Capitán, Arturo se entera por aviso del criado de Manuel y va a su casa a ayudarlo, se mete con el gobierno y también lo apresan, mientras tanto el padre de Arturo les pide ayuda a sus antiguos aliados, ellos desconocen saber nada de sus conspiraciones y más bien le cobran lo que les debe, entonces le cuenta de su situación a su esposa y ella acepta su destino con resignación y agradecida por los años en que vivió como una duquesa, su única preocupación era su hijo, entonces junta sus alhajas y se las da a D. Antonio para que las ponga a buen recaudo y así Arturo al menos no termine en la miseria, él hace lo mismo y por solicitud de Arturo hecha cuando se disponía a ir en ayuda de Manuel también guarda el fistol de Rugiero.

D. Antonio lleva las alhajas (me gusta esa palabra) a D. Pedro para que lo administre, algunas horas después le manda un mensajero pidiéndole algo de dinero del valor de las joyas pero D. Pedro desconoce de qué habla, tanta desilusión e ira llevan a D. Antonio al límite y muere.

La madre de Arturo lo busca y se entera de su encarcelamiento, intenta hablar con él pero a los presos políticos se les aislaba completamente, después de un par de sobornos logra verlo a lo lejos desde una ventana y Arturo la reconoce, es la última vez que la ve pues algunos días después, mientras está al cuidado de sus antiguos empleados que le habían ayudado, le escribe una carta dejándole un poco de dinero que había tenido el cuidado de conservar y muere (borra esto está muy sad). Mientras Arturo está en prisión, Manuel es llevado al sur, dispuesto a ser juzgado como conspirador y traidor al gobierno.

Sobre la esperanza

En la construcción de historias existen, diversas formas de hacerlo, naturalmente cambian respecto al tiempo, el área geográfica y demás factores.

Casi todo autor emergente comete este error: Aunque él mismo no es un personaje, se injerta en su historia, un lugar al que no pertenece, para matarnos de aburrimiento con contexto. Interrumpen al personaje que me está mostrando la historia con maestría y me la cuentan ellos mismos, como autores. Esto no es una buena decisión

Robert Newton Peck

Uno de los aspectos cardinales al relatar una historia, según los cánones modernos, es dejar que los personajes sean quienes la cuenten, la premisa de ésta  idea es: «Show, don’t tell».

Estás muy tranquilo leyendo cómo Arturo se despide de Manuel y del padre cuando al siguiente capítulo en el primer párrafo leemos: «Así como en otros países el artesano piensa en mejorar sus artefactos … bla bla bla … Mas dejemos de disertaciones políticas, poco a propósito para agradar al lector, y sigamos nuestra complicada historia». Este tipo de «interrupciones al ritmo» son frecuentes, cosa que por lo regular no me molesta demasiado, siempre es agradable saber de los usos y costumbres del México del siglo XIX, pero … ahhhh, después de los primeros treinta capítulos se vuelve agotador.

Claro que nada es un axioma en el arte y oficio de escribir historias, haciendo un poco de memoria hay muchos ejemplos de autores modernos que te llenan de contexto entre párrafos, capítulos e incluso a media conversación y no se siente para nada afectado el ritmo ni la fluidez de la lectura, me vienen a la mente «Cien años de soledad» y «El amor en los tiempos del cólera» de D. García Márques o cualquier novela de maese Ibargüengoitia.

Obsoleto¡¡¡

Aún así se entiende lo radical que puede ser la diferencia al leer una historia si te limitas a saber únicamente lo que los personajes saben y que ellos sean los que te lo cuenten, algunos relatos del mismo periodo tienen esa característica, por ejemplo en ‘El escarabajo de oro’ de Edgar Allan Poe el personaje principal es el que relata la historia y aunque a efectos prácticos es omnisciente, nunca se «rompe» esa atmósfera de que es el personaje quien cuenta su propia historia, caso parecido el de ‘En la noche de los tiempos’ (acá está su reseña) de Howard P. Lovecraft.

Citando a D. Manuel Payno «dejémos de fastidiar al lector» con ñoñadas y pasemos a los shipeos primero esperanzadores y luego que te rompen el corazón.

Las cartas de Teresa me sorprendieron gratamente, la verdad no le había puesto demasiada atención al personaje a pesar de ser uno de los ejes sobre los que gira la historia, pues que me dejaron todo endulzado, la forma en que las cartas están redactadas transmiten el afecto de la niña de manera tremendamente efectiva, creo que siendo un señor del siglo XIX eso es algo realmente difícil de plasmar, bien ahí.

MAESE Payno también muestra una gran habilidad en el oficio de crear personajes. no es tan fácil crearlos de modo que el lector los llegue a querer o detestar, la madre de Arturo tuvo muy pocos diálogos y párrafos centrados en ella pero llegas a sentirte muy triste cuando lees su carta de despedida. Celeste también había tenido relativamente poco protagonismo pero no deja de ejercer un efecto de empatía masivo y D. Pedro ufff, ya no puedo aguantarme las ganas de saber cómo le va con tantas cosas malas que ha hecho, es sin problemas el gran antagonista de la historia.

Y bueno, comienza a ponerse fuerte la situación (las novelas de Rugiero suben full la curva de cosas malas que pasan), también está interesante (y bastante evidente) que el título de la novela empieza a tener sentido.

Esto es: ‘A todos los que en algún momento tienen en su poder el fistol de Rugiero les va muy mal’.

  • Arturo: ni Aurora ni Teresa le hacen caso, al final sus padres mueren y cae en prisión y en la pobreza.
  • Celeste: sus vecinas conspiran para meterla en prisión, sus padres mueren y unos funcionarios la quieren violar.
  • El juez de paz: muere a manos de su cómplice mientras le roba el fistol.
  • El cómplice del juez de paz: es contratado por D. Pedro para asaltar a Manuel cuando va a buscar a Arturo para matarle, él y su amigo Juan Bolao lo terminan despachando y recupera el fistol, cuando se entiende con Arturo se lo devuelve.
  • Manuel: le pide prestado el fistol a Arturo y lo lleva cuando D. Antonio lo hace parte de la conspiración.
  • D. Antonio: recibe a su cuidado el fistol y se lo entrega a D. Pedro para que se lo administre, después muere debido a las impresiones causadas por las traiciones de las que es objeto.
  • D. Pedro: es el poseedor actual del fistol, en la práctica lo robó a Arturo y D. Antonio, ya veremos qué tal le va.