En esta ocasión tenemos un libro especial para reseñar, por motivos modestos, pero también válidos creo yo, ¿te ha pasado que el universo te avienta un libro a la cara en plan ‘¡léelo!’?, no sé si alegrarme o lamentarme porque me pasa muy seguido, mi backlog de libros por leer crece cada día y no puedo ni reducirlo en uno o dos volúmenes al mes. Aún así y a pesar del ‘modo pesadilla’ que ha agarrado mi agenda los últimos meses, me alegra que por fin pude terminar uno de los libros más recientes de dicha lista, uno que me llegó por pura casualidad y que en esta ocasión voy a reseñar, el título: ‘Los crímenes de los objetos cotidianos’, escrito por Claudio Imirizaldu.
Semblanza del autor
Claudio es un editor, escritor y en sus palabras sobre todo un lector, originario de Quilmes, Argentina, lleva muchos años en México, sobre todo en las inmediaciones del Valle de Toluca y Valle de México, ¿por qué ese dato es relevante? pues que mi base de operaciones coincide con este espacio geográfico, en otras palabras, su producción literaria (en cualquiera de los aspectos mencionados) ‘resuena’ (he aquí un anglicismo que no me termina de gustar) particularmente conmigo, porque entiendo mucho mejor la geografía, la cultura y muchos artefactos sociales que al final alimentan dicha producción.
Su labor es variada y manifiesta en multitud de obras, las referencias que más he hallado están relacionadas con la editorial independiente ‘Edición de Autor’ de la que es cofundador, cuenta también con una gran lista de participaciones en foros y conferencias del mismo mundo editorial.
Semblanza del libro
Todo esto converge en el volumen que va a tratar la entrada. ‘Los crímenes de los objetos cotidianos’ es un compilado de relatos breves, que son fuertemente inspirados por la tradición latinoamericana del relato fantástico, se define en la contraportada:
«Claudio Imirizaldu nos propone a través de estos diez relatos un mundo caótico donde ambas, ficción y realidad, se alían para desequilibrar la tranquila vida de los personajes que deambulan por estas historias.
Así seremos testigos de hechos cotidianos como: tomar un camión, caminar por la calle y ver un perro, dar de comer a las mascotas o adoptar un gatito, mirar la luna llena, tener en nuestra casa electrodomésticos y jugar ajedrez, pueden cambiar nuestra vida para siempre.»
Y básicamente de eso se trata todo, a continuación un breve resumen de cada relato.
Resúmenes
Alebrijes
Gregorio, jugador profesional de ajedrez, recibió la encomienda de su madre y hermana de cuidar a las mascotas de la casa en su ausencia. No obstante, él estaba absorto en su preparación para el campeonato que se avecinaba.
En su habitación un ajedrez de alebrijes representaba la partida que estaba estudiando. Con peones con cabeza de gato, alfiles con alas de guacamayo y torres con rostro de perro, etcétera.
Sus alarmas le recordaron su tarea, tenía que alimentar a todos los seres vivos de la casa, él incluido.
Estaba tan concentrado en la partida que al pez, al gato, al perro y al perico les terminó dando el alimento equivocado, a él le tocó la comida del gato.
Después de la dura jornada de estudio y estrategia cayó desmayado entre dos peones-alebrije, algún tiempo después despertó con una sed acuciante que lo hizo ir en cuatro patas a buscar agua, tan desesperado estaba que la bebió del plato que usaba normalmente el gato.
Cuando su familia llegó, su madre más con ternura que con temor acarició el cuerpo de un hombre con cabeza de gato y cola de pez que maullaba entre ellas.
Layla
Un hombre se instalaba en su nuevo departamento, al salir de la terraza se percató de aullido del perro del vecino. Hizo memoria de sus cientos de años para recordarla, ella agregó un gruñido feroz.
Al día siguiente, al salir de su edificio estaba allí, le gruñó con la misma hostilidad tan pronto lo vio, su ‘dueño’ se disculpó a lo que el hombre le pidió que no se preocupara, después emitió un gruñido en respuesta, inaudible para cualquier humano, ahora sabía quien era, el hombre que ella aceptaba como dueño la llamó Layla.
Por la tarde se asomó a la terraza, la vió desaparecer, y el recuerdo de quien realmente era lo embargó por completo. Una vez terminada su transformación en una bestia, el hombre-bestia fue de cacería, capturó a un vagabundo que le llevó como ofrenda a Layla, ella lo aceptó para luego iniciar un ritual amatorio que duró quizá para siempre.
Aquella melodía
El célebre compositor Vladimir Uldazirimi llevaba varios días sin comer ni dormir adecuadamente en su intento por crear su obra maestra.
Una melodía que llevaba muchos años en su cabeza pero que a diferencia de sus otras composiciones se rehusaba a ser plasmada en la pauta, para así poder ser compartida con el mundo.
Esa media noche, derrotado, fatigado y hambriento se dirigió a una taberna cercana para saciar sus apetitos. Pidió un plato de guiso, pan y una botella de vino. Tan pronto terminó y sin apenas respirar pidió otra. Satisfecho del todo pasó a observar a los parroquianos que permanecía en la taberna, un tahúr, algunos bandoleros, varias damas de moral ligera y uno que otro artista trasnochado en busca de inspiración igual que él.
Cuando se decidió a hablar con una de las susodichas damas, una voz femenina le susurró: «No busques una mujer aquí, seré yo quien hoy te haga compañía». Cuando volteó con sobresalto solo pudo ver al dependiente. Pagó la cuenta y regresó a su casa, de inmediato se puso al piano y después de los ejercicios de calentamiento descargó su energía sobre las teclas que respondieron con un mágico sonido mientras las manos que tocaban se desprendían del cuerpo del compositor que cayó sobre la alfombra.
Por fin podía escuchar al piano la música que había guardado por tantos años, una hermosa mujer bailaba sobre el instrumento que era guiado por las manos que por sí solas ejecutaban con admirable destreza.
Vladimir reía, lloraba, cantaba y gritaba al observar sus muñecas sangrantes separadas de las hábiles manos que seguían danzando sobre el teclado.
Objetos cotidianos
«De la vigilia al sueño el paso es lento. Del sueño a la pesadilla solo un salto…» – Gabriela Ballesteros
Juan miraba un partido de futbol en la televisión, tenía su cerveza pegada al pecho. Luego de celebrar un gol, al intentar sentarse el sillón cedió ante su peso y por poco se estrelló sobre la botella rota de cerveza que había arrojado para evitar su caída.
Terminó de ver el partido de pié, juzgó al sillón como inservible y se fue a dormir.
Despertó ‘cuando tuvo ganas’ y fue al baño luego de tomar una toalla, cuando terminó de hacer sus necesidades el inodoro, por algún motivo y justificación física no lo dejaba levantarse, succionándolo cual máquina moledora de carne.
Sin prestar demasiada atención a todos estos eventos, se terminó de duchar, preparó café y luego inspeccionó el sillón que se veía totalmente normal.
Después del desayuno salió a cortar el césped, llevaba unos pocos minutos de faena cuando al limpiar una parte del jardín sintió la feroz mordida de las dijeras de podar, con esfuerzo logró liberarse y solo entonces asomó el pensamiento de que todos estos eventos escapaban a la casualidad.
Con mucha precaución entró a la casa en busca del botiquín, todos los objetos del hogar estaban en su lugar, ahora los miraba con grave desconfianza.
La llave del lavatorio lo intentó decapitar, el cojín de su sillón lo intentó asfixiar. Su lámpara de noche logró golpearlo en la sien.
Juan logró escapar a duras penas, pero así de herido física y psicológicamente no podría defenderse por mucho tiempo de los objetos que por su parte lo miraban arrastrarse lentamente.
Por fin la licuadora lo atacó en la cabeza, un cordón de algún electrodoméstico le sujetaba las manos y el asalto seguía, llegó a imaginar que escuchaba a alguien llegar a salvarlo, tal vez incluso él mismo.
Luego de muchos días, los vecinos de Juan llamaron a la policía, lo encontraron muerto, rodeado de sangre con una herida en la pierna y un sacacorchos clavado en la sien.
Lágrimas de tinta
Un editor por la noche encontró que tres volúmenes de su biblioteca emanaban una extraña humedad: «Cuentos de amor de locura y de muerte», «Rayuela» y «Aura». Preocupado, los abrió de inmediato, para alivio suyo no encontró agua alguna sobre las páginas. Aunque después de un análisis más profundo notó que en algunos caracteres había algo parecido a lágrimas.
El hombre continuó con sus planes para el resto de la noche, paseó a los perros, se sirvió un vaso de whisky, y encendió un puro para acompañar la lectura de un difícil manuscrito que tenía que editar.
Apenas había dado un trago a su bebida cuando un terrible dolor en la boca del estómago lo redujo al piso y poco a poco lo dejó inconsciente.
Despertó en un pasillo desierto, escuchaba voces con cierta lejanía y notó que su cuerpo era más bien etéreo, escuchó decir que para él ya no había esperanza, el aullido de sus mascotas, decidió moverse al final del pasillo, allí en una iluminada habitación lo esperaban toda clase de manjares, libros y algunas personas.
Cuando llegó hasta ellos y los pudo distinguir bien, no lo pudo creer.
– «Vení vení… acá estamos, te esperábamos hoy, contános»
– «¡Ustedes, pero están…!»
– «Ahora vos también»
Los autores de los volúmenes que habían llorando lo esperaban y le daban la bienvenida. Cuando el editor lo comprendió todo, sonrió y dijo:
– «Salud pues»
Gato y tía Herminia
Una familia se esforzaba por darle la bienvenida a un gato en miniatura. Tenía cerca de un mes de vida y no medía más de tres centímetros. Después de muchos trabajos lograron colocarlo en su nuevo hogar sin lastimarlo en el proceso.
El gato, pequeño como era gustaba de jugar con sutil violencia con los miembros de la familia. Conforme pasaba el tiempo Gato crecía más y más, su tamaño llegó a ser tan grande que alguna denuncia anónima llevó a las autoridades a revisarlo confundiéndole con una pantera o alguna especia en peligro. Pero no, era un gato normal en todo sentido, excepto en sus dimensiones y sus maullidos alienígenas.
La familia decidió no aceptar visitas para que no se asustasen al ver a Gato con variados pretextos aunque siempre con éxito.
Hasta que un día llegó la tía Herminia del campo, por el cariño que la familia le tenía le permitieron entrar, después de darle una cálida bienvenida la prepararon para presentarle a Gato. Por último le sugirieron ir al baño por detrás del sillón para así evitar pasar cerca del felino.
A la mañana siguiente todo se veía tan normal como siempre, con la excepción de ver a gato acostado boca arriba con los bigotes coloreados de rojo por lo que parecía ser la tía Herminia.
«Hola tío, tanto tiempo ¿cómo están por allá?, ¿la tía?, no, acá nunca llegó».
Ellas
Un hombre relata su encuentro con una mujer «bella pero peligrosa». Una noche en que la encontró se armo de valor para preguntarle si la podía acompañar, de algún modo él entendió un sutil sí.
Después de varios meses de juegos y conquista, ella lo invitó a pasar la noche. Pasaron muchos años, en los que intercalaban periodos de romance con periodos de abandono, hasta que llegaron a su última separación.
El hombre le pidió a la mujer que lo acompañara al tren subterráneo, se despidieron en la estación de Avenida de Mayo.
Al subir al vagón el hombre cerró los ojos para ocultar si acaso una lágrima asomaba por sus pupilas. De repente se vio rodeado de una multitud que abordaba el mismo vagón, pero de algún modo distinta y desconocida. Bajó en la estación Zócalo.
Una mujer lo esperaba al salir de la estación, soberbia y altiva.
«Vete con cuidado che, soy bella pero peligrosa, igual que ella me veo seducible y encantadora, los que caminan sin saber a dónde van o dónde están son quienes no pudieron conmigo. Amo violenta y salvajemente con pasión y placer, pero pido con igual placer y pasión, que se entreguen y den cuando quiero. Y quizás… No lo sé… Hoy quiera…»
Xolo
Viernes 19 de septiembre de 2017, el relato comienza con un retrato de la calle Madero en la Ciudad de México. Una familia de artistas lleva acabo su espectáculo. Alcides el mago, su esposa Xóchitl, Lluvia su hija y la estrella del espectáculo, Rufo el perro.
La escena es común en este horario en el centro de la ciudad, cerca de la una de la tarde.
De repente la multitud se detiene, y el mundo empieza a convulsionar. Rufo se da cuenta por la expresión de terror de Lluvia, ella llorando intenta asirse a una jardinera para evitar ser tragada por la ciudad, su madre intenta en vano ir a ayudarla, de pronto el fiel perro la arrebata de las fauces de la tierra, pero cae en su seno en el proceso, inexorable allí le da la bienvenida el último guerrero azteca. Juntos empiezan su viaje al mictlán.
Luna
Sebastián, egresado de la facultad de antropología, enamorado de la Luna y aspirante a escritor tenía todo preparado para su viaje a Mérida desde donde se vería mejor a Ixchel durante el solsticio de invierno, la luna y diosa del amor para los Mayas.
Tan pronto llegó, se instaló, estaba a tiempo, el evento astronómico sería el 21 de diciembre, discurrió por horas en el mercado buscando los ingredientes del potaje que planeaba usar para atraer a su amada.
Después de tener todo preparado, ofreció su regalo a la deidad y fue a dormir, pasaron las noches y la esquiva luna asomaba solo parte de su rostro cada vez menos hasta desaparecer, entonces, una noche, se presentó en todo su esplendor, y miró a Sebastián, bajó donde el y se amaron hasta quedar exhaustos.
A la mañana siguiente, antes de que el sol asomara su rostro ella se lo llevó a recorrer, manso y tranquilo, su eterno firmamento.
Indique su chofer al destino
«El tiempo siempre es el mejor autor, siempre encuentra el final perfecto»
Carlos Ernesto se preparó para el trabajo como siempre lo hacía, preparó un mate, sus cigarrillos, se duchó y luego de ponerse el traje de siempre, gris como su vida, se dirigió al bondi, iba tarde y cavilaba sobre el regaño de su jefe, las burlas de sus compañeros y la pérdida de guita, cuando subió la máquina boletera le dio la bienvenida con un críptico mensaje:»indique su chofer al destino”.
Sin saber cómo reaccionar a tan ambiguo mensaje simplemente pagó y aturdido como estaba solo después de eso notó a la única pasajera del transporte. Ernesto se sentó hasta el fondo y se puso a pensar en lo gracioso de la idea de elegir al chofer y no al destino. Entonces la mujer de ojos verdes como espejos de agua y un cabello negro y ensortijado, y labios rojos sobre una piel trigueña se sentó a su lado.
Ernesto hizo una observación sobre los lunes que le preció lo más idiota que podía decir, pero la mujer con un comentario agradable desvió la conversación para revelar su identidad: «una fantasía». Bajaron del bondi y Ernesto ignoró la hora, el trabajo y su vida, fueron a un viejo muelle de pesca al borde del río, tomados de la mano, allí se besaran y amaron, llegó la noche y ella se internó en el agua hasta cubrirla completamente para emerger como una sirena, lo llamó, Ernesto se levanto, volteó a mirar atrás.
Se dio cuenta de que no había nada porque quedarse, y volteándose para encontrarla tuvo pánico de que todo hubiera sido un sueño, que ella no existiera y que la mediocridad de la rutina en que vivía lo ahogara para siempre. Pero cuando miró hacia el río la vio en la superficie ofreciéndole su mano y esperando que el la tomara para dejarse llevar hacia la inmensidad del sueño recobrado.
Comentario
Sobre el relato breve latinoamericano
Desde los albores de la identidad cultural latinoamericana, y su adopción del relato breve moderno siempre han existido dos grandes focos de producción literaria, Argentina y Uruguay en el sur, y México en el norte, dato bien sabido que el maestro Seymour Menton en ‘El cuento hispanoamericano’ trazó un panorama general del género en este pedacito de planeta que tantos problemas tiene pero que también tiene mucho por decir.
En términos sintetizadores, los autores han sido con frecuencia influidos por otros de muy diversa extracción como Horacio Quiroga con Egar Allan Poe o Rubén Darío con los parnasianos franceses, incluso en el famoso Boom, la influencia del avant-garde europeo se hace notar.
De nuevo, en latinoamerica, somos particularmente afectos a tomar influencias y coalescerlas con lo que tenemos a mano, incluida desde luego la nativa, el terreno (geográfico y social) y lo que el siempre presente vecino del norte nos arroje.
Esto, en mi opinión le da un gusto ‘acrisolado’ a la literatura que se produce en este rumbo, en lo personal creo que es una expresión cultural que vale la pena reconocer y compartir tanto como sea posible, en pocas palabras, también por aquí se hace cultura.
De una vez suelto el enlace desvergozado de la sección, en la entrada El fistol del diablo – Diario de lectura (Parte 3), sobre todo en la sección ‘De la narrativa fantástica’ se discutió brevemente este ‘género’ narrativo y sus características principales.
Vale la pena aclarar que esto de definir géneros en cualquier disciplina nunca va a ser exacto, porque la mayoría de obras tiene cosas de uno y otro de manera simultánea, así que solo voy a enumerar algunos de los parámetros que se suelen considerar fiables, para decidir cuando un relato es fantástico, sobre todo en función de lo que definió Tzvetan Todorov en su análisis del asunto (todos dicen que le sabe so…)
Una de las características uniformes en todo relato fantástico es ‘el rompimiento’ de la realidad, esto es, que acaece un hecho ajeno a la realidad objetiva a la que tenemos acceso, este rompimiento puede ser espectacular o sutil, efímero o durar eones, su naturaleza puede ser muy variada, pero en todos los casos debe ser ajeno a toda realidad demostrable en el universo de la obra, puede ser un suceso, un objeto, un personaje.
Otro aspecto importante en los relatos fantásticos es cómo es abordado por los personajes de la historia, ¿aceptan el rompimiento de la realidad como si fuera un evento cualquiera?, ¿logran darle una explicación racional al suceso?, ¿existe vacilación por saber si el hecho es o no sobrenatural?
Justo esta última pregunta define si el relato es considerado fantástico en la ‘escala de Todorov’, si hay ambigüedad en el hecho de que el rompimiento es en efecto algo sobrenatural o bien es explicable de forma lógica, se puede decir que el relato es fantástico. El ‘efecto’ como decía Poe, es posiblemente la principal característica de un relato, en el caso de un relato fantástico este efecto casi siempre emana de la ambigüedad del hecho insólito, el lector sigue planteándose la realidad aún después de terminar la lectura.
Y ya que mencioné la escala de Todorov, aquí están los otros ‘niveles’ que puede tomar un relato en función del grado de vacilación del efecto del relato.
Los relatos extraños se producen cuando la ruptura de la realidad se puede explicar racionalmente, e.g. ‘El castillo de los Cárpatos’, no ‘elaboro’ para no caer en el spoiler ja.
Los relatos maravillosos se definen cuando lo sobrenatural se acepta como algo natural, e.g. ‘100 años de soledad’ entraría porque nadie pone en duda los sucesos sobrenaturales como la despedida de Remedios, o el asunto de las hormigas.
El relato fantástico lo es cuando hay ambigüedad entre lo real y lo sobrenatural, e.g. ‘Los ganadores del mañana’ (lo acabo de leer y es un gran relato, recomendado jajaja), tampoco explico mucho por los spoilers.
Otros ejemplos de relatos fantásticos (según Google) son ‘El Horla’ de Guy de Maupassant y ‘Aura’ de Carlos Fuentes, yo disiento un poco con ‘Aura’ porque me parece que se acerca más a lo Maravilloso, pero de nuevo, estas cosas son bastante difusas
Sobre la literatura local
Los relatos del libro me parecieron agradables, aparte de porque siempre soy muy benévolo, porque encuentro muchas cosas que los otros maestros latinoamericanos han dejado para que descubramos, easter eggs literarios si se quiere, no solo eso, el contexto de cada historia puede encontrarse en cualquier lugar de latinoamerica, y cuando se define claramente en dónde tienen lugar las historias, prácticamente todos podemos pensar en alguna experiencia parecida en algún lugar similar o incluso que conocemos de primera mano.
La obra de Claudio se enmarca en un momento difícil para la cultura local, por factores externos y también internos como siempre, la verdad me sorprende de buena manera que todavía exista, después de todo en el siglo XIX por poco y el país es absorbido por los vecinos del norte, y si bien sobrevivimos, este mismo vecino es posiblemente el mayor exportador cultural de la historia (esperen un micro ensayo de todo esto escrito por alguien que no sabe del tema en próximas entradas jojojo).
Sin descontar la hegemonía económica y diplomática de los mismos manes, no se necesita ser un politólogo consumado para darse cuenta de que el futuro del país está fuertemente ligado a lo que suceda al otro lado del Río Bravo, pero no solo eso, aunque la tendencia al aislacionismo económico parece estar tomando fuerza en el escenario mundial, seguimos viviendo en un mundo hiper-globalizado, es muy fácil consumir cultura de lugares muy remotos, en una magnitud que hace 100 años habría sonado imposible de concebir.
Lo que me devuelve al ahora, a pesar de tener todo en contra en múltiples sentidos, seguimos hablando español, cantando rancheras y leyendo a Juan Rulfo, o eso espero jaja, si bien no deseo hacer un llamado a la discriminación cultural de naciones externas, sí me gustaría animarte mi amable lector a que tampoco discrimines lo que se hace en donde vives, como le decía a mi lectora favorita, ‘también de este lado le sabemos al romance <3’ (Intentaba convencerla de leer un libro de extracción 100% nacional que no le pide nada a los Kdramas que les encantan a la chaviza moderna).
Una anécdota muy random
Y esta sección es solo para una breve anécdota que puedes ignorar completamente, si ese es el caso y llegaste hasta acá, gracias por leer las cosillas que a veces escribo <3.
Anywayyyy (vieron esoooo? jaja, el que apela a la defensa cultural pero que al mismo tiempo usa anglicismos, yup, la hipotenusaaa, pero al menos yo lo acepto, ¿no?, ¿no? XD).
Resulta que la forma en que me encontré con este libro me pareció curiosa, iba camino a hacer algunas diligencias al ‘Centro’ como le decimos los locales al casco antiguo de Toluca, donde están los portales, los edificios gubernamentales y religiosos, dato globito, la planeación urbana novohispana demandaba que los centros de gobierno, religiosos y económicos estuvieran cerca el uno del otro, ya sabes, que uno de los principales motores de la expansión hispana en México se debía al fervor religioso, testimonio de eso es que en toda ciudad de importancia tiene la catedral cerca del palacio de gobierno y de los portales (o sus análogos), más interesante aún que cuando se construyó Cancún en los años 1970’s este esquema tradicional se ingoró, lo que causó malestares en algunos sectores.
Bueno, volviendo al relato, iba caminando cuando tropecé con una librería del FCE, no es que fuera la primera vez que la veía, de hecho, todo lo contrario, solo que nunca había surgido la necesidad de comprar algo allí, pues que en esta ocasión tenía un poco de tiempo y siempre quiero comprar libros así que no le ví problema, el dependiente me vio entrar algo dubitativo y con gran amabilidad me invitó a entrar, después de vagar un poco y no encontrar ninguna obra de las que tenía en mente (quería una copia de Historias de cronopios y de famas, me había reencontrado con ‘Instrucciones para llorar‘ y quería leer los otros relatos) me disponía a salir cuando me preguntó si buscaba algo en especial.
Al decirle lo que pensaba, de inmediato me dijo que no lo tenían pero sí había obras del género fantástico, y me presentó varios libros, notó que me llamó la atención uno que acotó era de un autor local (de Metepec me parece?) y por fin me mostró ‘Los crímenes de los objetos cotidianos’, «este lo escribí yo» me dijo sin darse importancia.
Conversamos unos minutos, le comenté de mi sueño guajiro de ser un autor y el consejo que me dió fue: «Esto es trabajar, puro trabajo, no dejes de trabajar en eso», suena sencillo pero me pareció sumamente apropiado, pocas cosas requieren tanta fuerza de voluntad como crear, imaginar y construir, en este momento que pinta como de los peores para la cultura literaria nacional, sobre todo para los autores emergentes, estas consideraciones me hicieron adquirir el libro y de paso hacer lo poquito que está en mis manos para darlo a conocer a más gente.
En resumen y conclusión, no está mal leer cosas de otros lados, pero mucho menos lo es leer cosas locales, en cualquier caso basta que googlees ‘EDICIONES DE AUTOR editorial’ para entrar en el rabbit hole que es la edición literaria nacional y lo que tiene para ofrecer, hagamos cultura, salvemos al mundo, y no dejes de trabajar en eso que te gustaría lograr (con obvias acotaciones, pilaaaas).
La casa de Asterión es un relato breve escrito por Jorge Luis Borges en 1947. Publicado por primera vez en un número de la revista ‘Anales de Buenos Aires’, aunque su inclusión en ‘El Aleph’, uno de los dos volúmenes más famosos de Borges (el otro es ‘Ficciones’) lo hizo bastante más conocido.
El relato es una revisión de un famoso mito griego, de verdad recomiendo leerlo antes de los spoilers, su efecto es tremendo.
Resumen de ‘La casa de Asterión’ [spoilers]
El relato comienza con la cita:
Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.
Apolodoro, Biblioteca, III, 1.
Y Asterión comienza su discurso.
Primero rechaza las acusaciones que sobre él arroja la plebe, no es ni un misántropo, ni un soberbio, ni mucho menos un loco, calumnias que “castigará a su tiempo”.
Luego admite que no sale de su casa, pero da buenas razones para ello.
En primer lugar es muy grande, de hecho tiene un número infinito de puertas (el texto anota que el original decía catorce, número que para Asterión equivale al infinito), de nuevo desprecia el rumor de que hay una casa parecida en Egipto.
Otra calumnia es que es un prisionero, de nuevo, aunque su casa es tan grande y un laberinto para los extraños. Ha salido a la calle, pero las caras aplanadas de la plebe, sus llantos y rezos de terror que les inspiraba verle, lo terminaron por fastidiar.
Humildemente acepta que aunque su modestia lo quiera, no se le puede confundir con el vulgo.
Tampoco sabe leer, pues, como el filósofo, piensa que nada es comunicable por el arte de la escritura, eso a veces le pesa pues los días son largos.
Aunque tiene muchas distracciones.
A veces corre por las galerías como un carnero en embestida, juega a que le buscan, escondiéndose entre los infinitos (catorce) aljibes de su casa. También juega a estar dormido, en ocasiones realmente lo hace, pero su juego favorito es fingir que ‘otro Asterión’ lo visita y que le muestra la casa.
También reflexiona sobre esta, con infinitos patios, pesebres, aljibes y galerías, todos idénticos, son uno y muchos a la vez.
Por último habla de que cada nueve años, entran a su casa nueve hombres para que él los libre de todo mal, tan pronto los escucha corre alegremente a buscarlos, ceremonia que dura pocos minutos. Ignora quiénes son, pero sabe que uno profetizó al morir, que alguna vez llegaría su redentor, desde entonces no le duele la soledad, sabe que existe y que en algún momento se van a encontrar.
El discurso de Asterión es seguido por estas líneas:
El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
–¿Lo creerás, Ariadna? –dijo Teseo–. El minotauro apenas se defendió
Comentario
De mitos y leyendas
Siempre me ha parecido intrigante saber de dónde salen las leyendas y los mitos, relatos que se han contado incontables veces por todas las edades. Recuerdo que cuando estaba documentando la entrada de Romeo y Julieta encontré que partía de una idea que ya existía desde la Grecia clásica, ¡y para entonces ya era una historia antiquísima!.
Pensar en que desde el neolítico y calcolítico los gérmenes de todas las historias que conocemos ya habían sido completamente desarrollados me vuela la cabeza.
Por ejemplo, en uno de los primeros volúmenes de Historia de Heródoto encontré que los héroes griegos de antaño eran de una talla proverbialmente grande (véase la sección ‘The Tomb of Ajax’ de la entrada de Wikipedia para Retio, en inglés y ‘Other literature and media’ en la entrada de Orestes), lo mismo que en otro montón de culturas en todo el mundo. Sucede algo parecido con el concepto de un diluvio o de los amantes de bandos contrarios, ¡en muchos lados se pensaban cosas parecidas!.
Pero todo eso es especulación mía.
Hay dos aspectos interesantes en el relato de Borges respecto a la temporalidad de su versión del mito que quiero abordar.
En primer lugar cuando Asterión desprecia ‘el arte de la escritura’ justo como ‘el filósofo’ es una clara referencia a Platón y sus reservas respecto a ese invento de gente sin memoria (lol), lo que sitúa al relato después de la segunda mitad del cuatrocientos a.e.c.
Pero al mismo tiempo la última línea del relato menciona una espada de bronce, Wikipedia sitúa el comienzo de la edad del bronce en el Egeo (curiosamente) alrededor del 3200 a.e.c., y su reemplazo por armas de hierro hasta el 1000 a.e.c. Para cuando el filósofo estaba pasándola bien en las Polis, se puede decir que ya estaba razonablemente extendido el uso de hierro.
Se me ocurre pensar que o bien la ceremonia de sacrificio requería armas arcaicas o bien, hubo filósofos famosos anteriores a Platón que no gustaban de la escritura para transmitir sabiduría.
De Borges y Asterión
Ahora, sobre el relato propiamente dicho, su brevedad aumenta su contundencia. Como decía Quiroga: “Un cuento demasiado corto – lo que sin duda puede ser un defecto – es mucho mejor que uno demasiado largo” (estoy parafraseando).
La estructura del cuento que comienza con un monólogo y termina con una especie de ‘cámara en tercera persona’ es sumamente efectiva.
Lo que tiene relación con otro aspecto muy interesante del relato: ‘La reescritura del mito’.
La historia clásica tiene como motivo principal al ‘héroe ayudado por la princesa’. Borges lo reimagina como una historia de soledad y redención en la que el minotauro se convierte en el verdadero protagonista. El uso del nombre de Ariadna al final sirve para reforzar de manera inequívoca que se trata de la conocida historia de Teseo.
Lo que de nuevo tiene relación con Romeo y Julieta. La adaptación de una historia harto conocida en una pieza de literatura que atrapa la imaginación y emociones del lector es una proeza que solo los más grandes pueden lograr.
La casa de Asterión precedió por sólo cinco meses al drama en cinco actos ‘Los reyes’ de Julio Cortázar, ambos publicados en ‘Los Anales de Buenos Aires’.
Notable porque ambos parten del mito del minotauro, publicados el mismo año y en la misma revista. Y aunque la crítica implica la influencia de Borges en la trama de Cortázar, una carta de este a Borges indica que ya tenía desarrollada la idea del drama antes de leer el relato que nos ocupa.
El minotauro de Borges está más centrado en ‘su yo’ y su entorno inmediato, una especie de anhelo de ‘orden/paz’ obtenidos de la muerte, pero no está demasiado interesado en la trascendencia, en oposición al de Cortázar que la busca, al igual que el amor, la nobleza del espíritu y la belleza poética.
El relato de Borges presenta la muerte del Minotauro como la liberación de un mundo caótico y malvado. En ‘Los reyes’ esta muerte es una liberación a una esfera superior.
Los cambios en el manuscrito de ‘La casa de Asterión’ indican la búsqueda del personaje por el orden en la realidad, la explicación del rechazo de la población por Asterión.
Mientras que en la obra de Cortázar se presenta una realidad en la que la belleza y la moralidad se sabe existen, pero son sofocadas o mal interpretadas.
Aunque la carta no está publicada, aparece en la colección de Borges de la Universidad de Virginia. Y lee así:
Jorge Luis Borges
Habrá usted notado desde algún tiempo atrás la presencia del Minotauro circulando otra vez sordamente entre los hombres que escriben sus imágenes. Luego de hallarlo en el Thesée de Gide -entrevisto apenas, pero hermoso-, lo encuentro pleno de admirable inteligencia en el relato que llama usted La casa de Asterión. He querido entonces hacerle llegar este minotauro mío, que curiosamente profetiza al morir (murió en enero de este año) lo que hoy ocurre: su retorno incesante y repetido. Acéptelo usted como testimonio de cariño hacia Asterión, de nostalgia por su voz tan ceñida, tan libre de lo innecesario.
Con afecto,
Julio Cortázar
Jorge Luis Borges
Sobre la soledad
Marta Spagnuolo señala lo sorprendente que es que empaticemos con el mismo monstruo que inspiraba terror en el mito y en el imaginario colectivo de la cultura que lo concibió.
De hecho se teoriza que el mito original (véase Pasífae) tenía como objetivo alejar a la gente de tendencias ‘furries’ o bien desacreditar el dominio minoico de finales de la edad del bronce. De nuevo, historia y mito se confunden cuando pasa mucho tiempo.
De cualquier modo, Borges logra “ponernos en el lugar del monstruo” y comprenderlo hasta cierto punto, se sugiere cierta deficiencia cognitiva (aunque yo no estoy tan de acuerdo con esa idea). “Un desajuste emocional que presentan la mayoría de los niños con retraso mental o dislexia, quienes así compensan sus sentimientos de inseguridad”.
Me da gracia que la misma Spagnulo escribió algo como “Y no me sorprende que esté así, con esa cabezota debe ser del todo difícil pensar” (paráfrasis again).
Me gustaría ofrecer otra interpretación sobre la capacidad cognitiva del príncipe.
Pienso que es un genio atormentado.
Su discurso es estructurado, lleno de erudición y aunque hay muchos visos de ingenuidad, no me parecen atribuibles a una deficiencia cognitiva, la falta de interacción social puede hacer mucho daño a la mente.
La idea del presidio y la soledad también es parte fundamental del relato, Asterión no tiene mucho que contar aparte de su vida como prisionero voluntario del laberinto.
Aún así sabe que la muerte es la redención, y alegremente se la brinda a los mancebos que son enviados a su casa cada nueve años, sabe que en algún momento alguien lo va a redimir a él y lo espera con ansias, que yo sepa las reflexiones sobre el significado de la vida y el final de ella no son comunes en las personas con deficiencias cognitivas.
Ya para terminar, no dejo de notar que en apenas una página y media, un relato pueda incluir tantas cosas, universos enteros de reflexiones y ñoñadas, si alguien me pidiera un relato para conocer a Borges es muy probable que recomiende ‘La casa de Asterión’ sin apenas pensarlo.
The Minotaur, George Frederick Watts, 1885
Fuentes
Leiva, M. L. B. (2014). El manuscrito de «La casa de Asterión»: Mosaico de un proceso de escritura. Variaciones Borges, 38, 189–204. http://www.jstor.org/stable/24881349
‘El llano en llamas (libro)’ es un volumen de diecisiete relatos cortos, todos absurdamente buenos (hay varias ediciones, pero voy a comentar la versión ‘definitiva-oficial’).
Varios teóricos coinciden en que este libro es especial porque todos ellos confluyen en un tema principal, una especie de ‘álbum temático’ pero de cuentos. Vamos a verlo más en detalle, pero si hubiera que decidir cuál es el tema mi proposición millenial sería: ‘La vida en México está difícil, pero no me agüito, vengan esos balazos’.
Idea que creo es válida aún hoy, tal vez tanto como en los años posrevolucionarios.
Sobre Juan Rulfo
Juan Rulfo es un autor con características muy atípicas, la más importante es que publicó en vida dos libros y con eso le bastó para convertirse en uno de los escritores hispanoamericanos más importantes del siglo XX.
Nació en Jalisco en 1917, en plena revolución mexicana, muchos de los temas y ‘escenarios’ de sus obras derivan de este conflicto y sus efectos en la realidad nacional.
De ahí que se le asocie con el realismo, pero su ejecución es sumamente contemporánea, sin descripciones costumbristas, usando la sonoridad del lenguaje como se hablaba (o aún habla) en el campo mexicano, con una técnica más emparentada con las vanguardias que con las letras de principios de siglo, aptamente se le considera uno de los precursores de ‘El boom’ y el realismo mágico.
Hay una entrevista de él en el programa ‘A fondo’ (un must watch) en la que se confirman los rumores de que era un hombre introvertido, callado y en cierta forma enigmático.
‘Pedro Páramo’ es considerada una de las mejores novelas en español del siglo XX (lo que es mucho porque estuvo lleno de hitos) y ‘El llano en llamas’ una de las más brillantes colecciones de cuentos en español, al nivel de las colecciones de Lugones, Quiroga o Borges (arriba el Río de la Plata jaja).
Sobre la revolución mexicana (parte 1)
Se han escrito montones de libros sobre el tema y aunque soy un ñoño de la historia, el tratar con detalle a la revolución mexicana está fuera de los alcances de esta entrada, así que en muuuy breves palabras:
Don Porfirio fué derrocado, los que lo hicieron empezaron una battle royal en la que el último hombre en pie se quedaba con el país. Cuando uno ganaba otro lo mataba y luego otro le hacía lo mismo y así hasta llegar a un general llamado Álvaro Obregón, le sucedió su protegido, otro general llamado Plutarco Elías Calles que fundó el partido que gobernó al país por setenta años ininterrumpidos.
Y es muy fácil que este tipo de resúmenes le quiten el factor más importante a este hito de la historia nacional, a saber, el humano, de hecho este aspecto suele ser ignorado por los libros y documentales más mainstream, ¿te imaginas cómo sería vivir en aquellos tiempos?.
Literal, un día podías ir muy quitado de la pena a trabajar a tu milpa, una unidad de ejército o de revolucionarios (de los mil sabores que había) pasaba y te ejecutaba o te llevaba de conscripto si eras hombre o te violaba y luego te secuestraban para que les hicieras la comida (y otras cosas) si eras mujer.
La primera revolución social del siglo XX (antecedió a la rusa o alemana) también incorporaba proposiciones sumamente innovadoras, el reparto agrario de Zapata, la igualdad social, y mucho más. La constitución de 1917 en su momento fué la más avanzada de su tiempo, así que en papel la vida en México debía ser de las mejores del mundo, pero en la aplicación de dichas leyes es en donde les falló a los que tuvieron que ver con ello en aquellos tiempos, por lo visto una característica nacional que nos distingue desde los albores de la nación.
Pero soy apolítico, solo lo menciono porque aún con la revolución concluida y con la mejor constitución del mundo, el país estaba lleno de violencia, pobreza y corrupción (again, algunas cosas nunca cambian).
‘El llano en llamas (libro)’ posiblemente es el conjunto de cuentos que mejor transmite la realidad de aquél México de la postguerra revolucionaria. Y si prestamos atención algunos aspectos en él siguen siendo tan relevantes como hace casi cien años.
Ahora viene un brevísimo resumen de cada relato.
Resumen de cada relato de ‘El llano en llamas’ [Spoilers]
Nos han dado la tierra
Cuatro hombres caminaban por ‘el llano grande’, una extensión enorme de terreno que es seca y mala, cuando el delegado se las entregó como su tierra, ellos no comprendían cómo es que les daban una tierra tan estéril.
Llevaban once horas caminando, el hombre que narraba la historia reflexionó en que de seguir con sus caballos y carabinas la cosa sería distinta, pero también se los habían quitado.
Uno de ellos llevaba una gallina, dijo que cuando salía lejos la llevaba pues no había quien se la cuidara.
Por fin llegaron al desbarrancadero, cerca del río, de inmediato se empezó a notar cómo la tierra se volvía buena.
El hombre de la gallina la volvió a abrazar y le desató las patas, luego dijo: “¡Por aquí arriendo yo!”, los demás siguen adelante, más adentro del pueblo. La tierra que ‘les habían dado’ “está allá arriba”.
La Cuesta de las Comadres
Un hombre comienza a describir el lugar en el que vivía, ‘La cuesta de las comadres’, cómo nadie quería a los Torrico, ni en la cuesta ni en el cercano Zapotlán.
Luego ‘del reparto’ se erigieron en dueños, aunque a ellos les había tocado una pequeña parte nada más.
Remigio Torrico era tuerto, pero tenía una vista muy aguda, el narrador se sorprendía de cómo se pasaba horas vigilando Zapotlán, más tarde se enteró que lo que vigilaba era el camino.
Era un buen amigo de los Torrico, una vez los acompañó, entonces supo que ya era demasiado viejo como para estar en esas ‘andadas’.
Iban por unos tercios de azúcar. El arriero que los cuidaba estaba tendido en el suelo, dormido según los Torrico, muerto según el narrador.
Luego el hombre que relata la historia aceptó que él mató a Remigio Torrico, él lo incriminaba de la muerte de su hermano Odilón, después de gritarle y buscarle problemas fué a por un machete, el narrador estaba remendando un costal y tenía la aguja de arria a la mano, tan pronto se acercó se la clavó en el abdomen.
Al verlo tan triste se apiadó de él y después de sacarla se la clavó en donde suponía que tenía el corazón.
Luego le explicó al difunto Remigio cómo había muerto su hermano, limpió sus enseres y lo tiró en algún paraje mientras quemaban cohetes por las fiestas en Zapotlán.
Es que somos muy pobres
Un niño comienza narrando cómo un sábado, el primero después de la muerte de ‘tía Jacinta’ cayó un aguacero como hacía mucho no se veía.
La cebada que se secaba al sol se había perdido irremisiblemente, el único tamarindo del pueblo había sido arrancado y el río también se había llevado a ‘La serpentina’.
‘La serpentina’ era la vaca de Tacha, su hermana. Que su papá había conseguido tras muchos esfuerzos, se la regaló cuando era una vaquilla con el objetivo de que le sirviera de dote, una vaca muy bonita con una oreja blanca y otra colorada.
Y el río, crecido como nunca, se la había quitado.
Las hermanas mayores de Tacha, debido a que eran muy pobres se habían vuelto ‘pirujas’, habían aprendido malas costumbres de hombres malos y no era raro que las encontraran en el corral con alguno de ellos encima, su papá les aguantó todo lo que pudo, pero las terminó por despedir de su casa y ahora estaban en Celaya, o quién sabía dónde.
Por eso habían comprado a ‘la serpentina’, para evitar ese destino para Tacha, pero ahora que la vaca ya no estaba sus padres habían perdido toda esperanza.
Y allí estaba ella, llorando como si el río se le hubiera metido a los ojos, su hermano la intentaba consolar, pero ella no dejaba de lamentarse.
“Tacha y los dos pechitos de ella se mueven de arriba abajo sin parar, como si de repente comenzaran a hincharse para empezar a trabajar por su perdición”
El hombre
Un hombre camina trabajosamente por el monte. Otro lo sigue. Cada uno reflexiona en los eventos que los llevaron a esa persecución. El primero mató a una familia entera, el otro desea vengarse. El relato se intercala temporal y espacialmente entre ambos personajes, y termina con la declaración de un pastor a un licenciado sobre el hombre que huía, al que halló muerto en una poza cercana al río.
En la madrugada
Era de madrugada en San Gabriel, el viejo Esteban iba guiando un rebaño de vacas, llegó al corral de don Justo pero nadie abría así que saltó la pared para abrirse, así vió como don Justo llevaba en brazos a la niña Margarita de vuelta a su casa.
Le permitió al becerro que iba a ser quitado de su madre una última ordeña, pero al ver que mamaba de las cuatro tetas comenzó a golpearlo.
En eso llegó don Justo que lo golpeó a él tan duro que ya no supo de sí.
Luego leemos la perspectiva de don Justo, después de llevar a Margarita a su cama, pues pasaron la noche juntos, fue a abrirle la puerta al viejo Esteban, iba pensando en que si le pedía al cura que lo casara con Margarita lo acusarían de incesto y los excomulgarían a los dos, entonces vió al viejo golpeando al becerro brutalmente y por su parte lo agarró por el cuello y comenzó a darle de puntapiés, después sintió que se le nublaba la cabeza y cayó en el empedrado, su sobrina lo encontró muerto.
El viejo Esteban estaba declarando (posiblemente a un funcionario), “Yo no me acuerdo; pero bien pudo ser. Quizá los dos estábamos ciegos y no nos dimos cuenta de que nos matábamos uno al otro. Bien pudo ser”.
Talpa
Un hombre relata cómo él y Natalia, su cuñada, llevaron a su hermano Tanilo al santuario de Talpa, para curarlo de las llagas que lo aquejaban.
Ellos habían estado juntos muchas veces, pero la imagen de Tanilo siempre estaba presente, por eso incluso aunque quiso regresar a Zenzontla lo obligaron a continuar, y así, lo mataron.
Ahora solo les quedaba el remordimiento, no cruzaron palabra alguna cuando Tanilo murió a pies del altar de la virgen del templo, ni siquiera cuando lo enterraron escarbando con sus propias manos el surco en el camposanto de Talpa.
Macario
Un hombre, ¿o un niño? nos ‘platica’ (literalmente usa ese verbo) un poco de su vida.
De las ranas que tiene que matar porque su madrina se lo pidió, de Felipa que es quien cocina y a quien quiere más, aunque su madrina es quien paga las cuentas y por lo tanto quien tiene la última palabra.
A Macario no le gusta salir a la calle pues nunca falta quien le arroje piedras, ni lo maltrate.
Su madrina lo lleva a oír misa con frecuencia, y le amarra las manos con las puntas de su rebozo, hay quien dice que está loco y que le da por ahorcar personas, pero él no da crédito a esas palabras.
Felipa lo visita por las noches, Macario la quiere más pues lo deja tomar la leche de “los bultos esos que ella tiene donde nosotros tenemos las costillas” mientras le hace cosquillas por todas partes.
Por fin recuerda que está junto a la alcantarilla esperando a las ranas, pero no ha salido ninguna, de lo que tiene más ganas es de tomar unos “tragos de la leche de Felipa, aquella leche buena y dulce como la miel que le sale por debajo a las flores del obelisco …”
El Llano en llamas
El pichón nos relata los últimos días de los hombres de Pedro Zamora. Primero cuando los hombres de Petronilo Flores mataron a la mayoría de su grupo, el llano grande por fin estaba en paz.
Pero no por mucho tiempo.
Los pocos que quedaron se desperdigaron por los montes, pocos meses después, el recadero de Pedro Zamora llegó con armas y parque, el general estaba juntando a su gente otra vez.
Y ahora tenía más que nunca, todo volvía a ser como en los buenos tiempos, saquearon muchos pueblos, pero de algún modo las cosas habían cambiado.
El gobierno mandó soldados curtidos que no eran como los conscriptos que estaban acostumbrados a combatir, Zamora se dió cuenta de que no durarían mucho si seguían así, dividió sus fuerzas en grupos pequeños que asolaron la región e hicieron mucho daño, incluso más que en su anterior apogeo.
Y probablemente hubieran seguido así por mucho tiempo de no haber sido por el descarrilamiento del tren en la cuesta de Sayula, lograron sabotearlo y miraron cómo caían los vagones llenos de gente al precipicio, se escondieron por varias semanas, pero el gobierno ya no les dió descanso.
La mayoría murió, los pocos que quedaron lograron esconderse, esperando el siguiente levantamiento. Levantamiento que nunca llegó.
El pichón había salido de la cárcel hace tres años, estuvo allí no por ser un hombre de Zamora (de ser así lo habrían colgado boca arriba en un árbol para que los Zopilotes se lo comieran vivo), sino por el hábito que había adquirido como revolucionario de robarse muchachas, una de ellas, que tenía catorce años cuando la secuestró ahora lo esperaba, la mujer más buena del mundo en su opinión, recordaba haber matado a su padre cuando protestó por llevársela, un día llegó a la cárcel y le presentó a su hijo.
“¡Quítate el sombrero para que te vea tu padre!. Y el muchacho se quitó el sombrero. Era igualito a mí, con algo de maldad en la mirada. Algo de eso tenía que haber sacado de su padre. – También a él le dicen el pichón. Pero él no es ningún bandido ni ningún asesino. Él es gente buena”.
¡Diles que no me maten!
Narra las últimas horas de vida de un viejo que en su juventud mató a su compadre por negarse a dejar pasar a sus animales a sus pastizales. Desde entonces vivió lleno de miedo, huía cuando gente extraña llegaba al pueblo, pero de eso hacía mucho, ahora que era abuelo de varios niños, esperaba poder vivir en paz con ellos, su hijo y su nuera, lo que le quedaba de vida.
Pero un grupo de soldados lo capturó, cuando por fin llegó al cuartel, el coronel que había despachado la orden de arresto se descubrió como el hijo del hombre al que asesinó, ordenó que lo amarraran a un arbusto y luego que lo ejecutaran.
La última escena presenta al cadáver siendo llevado por su hijo para ser enterrado.
“-Tu nuera y los nietos te extrañarán -iba diciéndole-. Te mirarán a la cara y creerán que no eres tú. Se les afigurará que te ha comido el coyote, cuando te vean con esa cara tan llena de boquetes por tanto tiro de gracia como te dieron.”
Luvina
Un antiguo maestro le cuenta a un tercero cómo es San Juan Luvina, su suelo gris, como de piedras que sirven para hacer cal, lleno de cerros y barrancos, lleno de muertos a los que los pocos familiares que les quedan tienen que acompañar.
El maestro previene a su interlocutor de la tristeza que parece emanar del lugar, y de que está muy cerca de ser ‘el purgatorio’.
De repente el hombre interrumpió su discurso, “se quedó mirando un punto fijo donde los comejenes ya sin sus alas rondaban como gusanitos desnudos, afuera se escuchaba cómo avanzaba la noche. El hombre que miraba a los comejenes se recostó en la mesa y se quedó dormido”.
La noche que lo dejaron solo
Tres hombres cruzaban la sierra de noche, el último de ellos, que después nos enteramos es un muchacho, se quedó rezagado, no habían dormido por tres días y llevaba varios rifles y carrilleras terciadas, poco a poco se estaba durmiendo mientras caminaba y terminó por acurrucarse en unos árboles al lado del camino.
A la madrugada siguiente lo despertaron unos arrieros que le dieron los buenos días. No contestó, cruzó el monte y se deshizo de su equipaje, al llegar a los ranchos de aguas zarcas se acercó sigilosamente al bullicio de soldados que estaban por allí.
Reconoció a sus dos tíos colgados de un mezquite, no hizo por mirarlos otra vez, luego escuchó a unos soldados decir que esperaban a un tercer hombre, sabían que eran tres y que el más joven había tendido una mortal emboscada a un tal teniente Parra, que eran de los últimos cristeros que iban a unirse a las fuerzas ‘del Catorce’ y que en el peor de los casos iban a ejecutar al primero que pasara por allí.
Luego se escabulló hasta llegar al arroyo y “sentir que se disolvía en la llanura”.
Paso del Norte
El relato comienza con un hombre encargando su familia a su padre. La semana pasada habían comido solo quelites, y ahora ni eso, había escuchado que en el norte se ganaban muchos dólares, y como no había forma para él de subsistir en su tierra decidió ir para allá.
El padre rehusó, pero ante la insistencia y reproches del hijo terminó por aceptar.
En la siguiente ‘escena’ el hombre ha regresado. “Padre. Nos mataron”, le dice. Entonces relata que al cruzar el río cerca de Ojinaga, unos desconocidos los ‘aluzaron’ y comenzaron a dispararles, sólo él sobrevivió.
Su padre le respondió: “Eso te ganaste por creído y por tarugo. Y ya verás cuando te asomes por tu casa; ya verás la ganancia que sacaste con irte … se te fué la Tránsito con un arriero. Dizque era rebuena ¿verdá? Tus muchachos están acá atrás dormidos”.
Acuérdate
Un hombre le habla a otro (nunca se sabe realmente quiénes son) sobre Urbano Gómez. Le recuerda la historia de varios miembros de su familia, como las hijas de su hermano Fidencio que eran ‘muy juguetonas’ o la madre de ellas apodada ‘la berenjena’ debido a que siempre estaba metida en pleitos.
Urbano era famoso por sus dotes de emprendedor, revendía naranjas con chile que le habían costado dos centavos a cinco y mercaba cuanta chuchería llegara a sus manos.
Su hermana Inés se casó con Nachito Rivero, que por algún motivo ‘se volvió menso‘, su mujer tuvo que poner un puesto de tepache en la garita del camino real para mantenerlos, mientras Nachito se la vivía cantando canciones desafinadas con una mandolina prestada.
Los hombres que estaban conversando iban a beberse el tepache de Nachito, acompañados por Urbano, y nunca le pagaban, todos los del pueblo terminaron por evitarlo pues le debían dinero.
Urbano huyó del pueblo luego de la paliza que le propinó su tío cuando lo expulsaron de la escuela por ‘jugar al papá y a la mamá’ con ‘la berenjena’, un día regresó como policía, se sentaba en una banca de la plaza de armas, con una carabina entre las piernas y mirando a todos con mucho odio.
Fué entonces cuando mató al de la mandolina, la gente estaba en la iglesia rezando cuando escucharon los gritos de Nachito.
Urbano le estaba descargando golpes con la culata de la carabina aún ante los reclamos de todos, hasta que un forastero se la quitó y lo dejó tirado de un golpe, pasó allí la noche y en la mañana se fué, lo atraparon en el camino.
Al final el narrador le menciona a su interlocutor: «Dicen que él mismo se puso la soga al cuello y escogió el mejor árbol para que lo colgaran».
¿No oyes ladrar a los perros?
En medio de la noche un hombre viejo lleva a cuestas a su hijo que estaba malherido.
Durante el trayecto a Tonaya, en donde sabe que hay un doctor, el hijo le dice a su padre que lo deje, que lo alcanzará en cuanto pueda, pero el viejo sabe que en el momento en que lo baje no podrá levantarse.
El hombre le dice que no hace esto por él, que ha sido un mal hijo, un salteador y asesino, lo hace por su difunta esposa, que quería lo mejor para él y que le recriminaría si lo hubiera dejado allí tirado, en donde habían matado a sus amigos.
El viejo le pide que se fije si están cerca del pueblo, si oye ladrar a los perros, pero su hijo no responde más.
Es de mañana y por fin han llegado a las primeras casas de Tonaya, escucha a los perros desde todos lados.
“¿Y tú no los oías, Ignacio? -dijo-. No me ayudaste ni siquiera con esta esperanza.”
El día del derrumbe
Dos hombres conversaban sobre el terremoto de septiembre en el occidente del país, recordaban en especial la visita del gobernador del estado, los cuatro mil pesos que les costó atender a su comitiva y lo bien que la pasaron.
Comiendo, bebiendo ponche y el gobernador dando un discurso que uno de los interlocutores se aprendió de memoria.
Recordaron que uno de los borrachos empezó a disparar al aire en apoyo del gobernador, que afuera, unos hombres peleaban con machetes y uno había muerto, del gobernador dando órdenes siempre acatadas con un ‘sí mi general’.
El hombre recordó bien la fecha de la visita del gobernador, veintiuno de septiembre, si hijo había nacido ese día y él regresó más borracho que sobrio, cuando su mujer le devolvió el saludo le dijo que ni para llamar a la comadrona sirvió, tuvo que arreglárselas como pudo.
La herencia de Matilde Arcángel
Un arriero que después nos enteramos se llama Tranquilino Herrera, comienza a relatar a un público indeterminado los sucesos relacionados con su compadre Euremio Cedillo y su familia.
Euremio era un hombretón grande y fuerte, tanto que hasta daba coraje estar cerca de él pues parecía que uno estaba hecho como de mala gana o con desperdicios.
Su hijo, también llamado Euremio Cedillo en cambio era flaco y de aspecto enfermizo. Había vivido siempre aplastado por el odio. Quien más lo odiaba era su padre.
La madre de Euremio, Matilde Arcángel, había sido novia de Tranquilino, un día éste llegó de una de sus diligencias y se encontró con que su novia se había casado con Euremio.
Matilde era sumamente hermosa, les alegraba la vista a todos los arrieros que pasaban por la fonda de su madre.
Tranquilino aceptó ser padrino de Euremio para siquiera poder verla de vez en cuando.
Venían del bautizo cuando el caballo en que iba Matilde con el niño se desbocó. Terminó en un charco de lodo, muerta, con una mirada de tristeza o felicidad, había salvado a su hijo.
Desde entonces su padre lo odió, decía que el niño asustó al caballo con uno de sus berridos y que por salvarlo su mujer había muerto. Se bebió toda su hacienda con tal de no dejarle nada, lo golpeaba todos los días, lo mataba de hambre, pero su hijo no murió.
Pasaron los años y algunas personas ayudaban al muchacho lo mejor que podían, aprendió a tocar la flauta y a veces se le escuchaba hasta bien entrada la medianoche.
Un día pasó un grupo de hombres armados por el pueblo, esa noche se escuchó a una flauta irse con ellos.
Algunos días después también pasó un grupo de soldados, Euremio el viejo se armó y les rogó que lo dejaran acompañarlos.
Pocas semanas después regresó el grupo de hombres ahora desarrapados y montados en caballos flacos, unos ‘estilando’ sangre y otros dormidos, se siguieron de largo.
Al final iba su ahijado Euremio montado en el caballo de su compadre que iba atravesado sobre la silla muerto.
Anacleto Morones
Un grupo de mujeres llega a una remota casa, buscando a Lucas Lucatero. Quieren su apoyo y testimonio para canonizar a su suegro, “el niño” Anacleto Morones.
Resulta que Morones era una especie de hombre milagroso que había curado multitud de dolencias y ayudado a muchas personas.
Lucatero estaba nervioso y quería que se fueran cuanto antes, así que buscó la forma de incomodarlas para que lo hiciesen.
Habló de los crímenes de Morones, de cómo no dejó a una sola vírgen en los alrededores, de que le entregó a su hija embarazada de él mismo y de que era tan aventurera como su padre.
Una a una las mujeres se marcharon, hasta que solo quedó Pancha Fregoso, hablando con completa franqueza decidieron pasar la noche juntos. Lucas le pidió que le ayudara a empedrar su corral pues es lo que le faltaba de faena, terminaron en poco tiempo, sin que ella supiera que debajo de las piedras estaba el cadáver de Anacleto Morones.
A la mañana siguiente Pancha le dijo: “Eres una calamidad, Lucas Lucatero. No eres para nada cariñoso. ¿Sabes quién sí era amoroso con una?. El Niño Anacleto. Él sí que sabía hacer el amor.”
Comentario
Sobre los libros de cuentos
Como he mencionado antes, el relato breve es mi forma favorita de prosa, siempre cito a Poe con su concepto de ‘unidad de efecto’ y también a Quiroga con sus opiniones respecto a lo que un buen cuento debe tener.
Si aplicamos estos estándares para ‘medir’ la efectividad de los relatos de Rulfo (nótese que no planeo definir si un cuento es bueno o malo sin importar el autor, la efectividad se refiere, de nuevo, al ‘efecto’ del relato (hasta las etimologías de ambas palabras se llevan muy bien haha)) entendemos por qué se consideran al nivel del mismo ‘Poe de latinoamérica’ o al ‘inmortal’ (codazo guiño) Borges.
Si bien las tramas y personajes del maestro Rulfo ya habían sido exploradas vagamente por otros autores (véase la sección de ‘Los precursores’ en ‘El boom de la novela latinoamericana’), como la violencia en el campo que se expresó muy bien en ‘Doña Bárbara’, o la violencia del mundo hispanoamericano a principios de siglo en algunos relatos tempranos de Borges (e.g. Hombre de la esquina rosada).
Pero algo que me pareció sumamente novedoso en términos cronológicos es el uso del lenguaje en ‘El llano en llamas’ (libro), con un fuerte ‘sabor’ a vanguardia.
Como en ‘Es que somos muy pobres’, donde el niño/narrador dice algo como: “Y Tacha llora como si el río se le hubiera metido dentro” (estoy parafraseando), o en frases tan ‘simples’ como “… ni paró en su carrera hasta que sintió que el arroyo se disolvía en la llanura.”, dan la sensación de que el autor se tomaba su tiempo para encontrar las palabras adecuadas, un poco a la Flaubert, pero con una fuerte carga a veces surrealista que recuerda vagamente a ‘El reino de este mundo’ o ‘El señor presidente’.
Pero no en lo fantástico, se acerca más a un realismo expresado con algunas técnicas de la ‘vanguardias’, algo que no se ve todos los días.
Otro aspecto interesante de ‘El llano en llamas’(libro) es la idea de leerlo como un ‘ciclo’.
El ciclo de ‘El llano en llamas’
Así como hay álbumes conceptuales en los que cada canción contribuye a un todo, que bien puede ser una historia u otro aspecto inherente a la música y el montón de variables que tiene, también hay un equivalente en el mundo de los libros de cuentos que en ocasiones es llamado ‘ciclo cuentístico’.
Y la idea no es nada nueva, si pensamos un poco ‘Las mil y una noches’ son un ciclo extenso (¿ya viste la edición de Mirlo?, ¡está bien bonita!), pasa lo mismo con otras colecciones medievales europeas al igual que en otras literaturas.
Pues que algunos críticos proponen que ‘El llano en llamas’ (el libro completo) se puede leer como un ciclo cuentístico.
Y ¿cuál es el ‘hilo rector’ del ciclo de ‘El llano en llamas (libro)’? Yo diría que en dos palabras es: ‘violencia estoica’. Pero esas palabras encierran más de lo que aparentan.
En un ‘ciclo cuentístico’ el orden en que aparecen los relatos importa mucho.
‘Nos han dado la tierra’ define el ‘marco histórico’ (no soy tan fan de la expresión) del resto de los relatos, es decir, los años después de la revolución, en los cuales los hitos más importantes fueron el reparto agrario y la guerra cristera (dato random, ‘Pedro Páramo’ también sucede en este ‘espacio temporal’, y ‘Pensativa’ lidia con las consecuencias de la guerra cristera).
Y así vemos a estos antiguos revolucionarios (se infiere por el recuerdo de las carabinas y los caballos que les fueron quitados) recibiendo tierra estéril, lo que expresa la opinión de la mayoría de los campesinos de que la revolución les falló después de tantos años de violencia.
El fracaso de la reforma agraria también se manifiesta en ‘La cuesta de las comadres’, esta vez por el bandidaje y la laxa aplicación de las leyes en el inmenso territorio nacional, labor dificultada por el centralismo gubernamental (again, esto sigue sonando insufriblemente actual). En ese relato se inaugura otro motivo constante en gran parte de los cuentos restantes, la violencia ejercida sin remordimientos, casi como un reflejo.
La palabra también pertenece a un campesino, que parece no comprender del todo ni la maldad de sus ‘amigos’ los Torricos, ni el peso de su propio crimen. Esta actitud, calificada de indiferente’, ‘fatalista’, ‘inmoral’ o ‘amoral’ por varios críticos, se repite en ‘El hombre’, ‘En la madrugada’, ‘Diles que no me maten’ y ‘Anacleto Morones’.
Aún así, en cada uno de los casos, el asesino tiene algún ‘motivo’ para su crimen.
El viejo de ‘La cuesta de las comadres’ actúa en defensa propia y también se libra de un bandido; En ‘el hombre’ el perseguidor busca vengar la muerte de su hermano y de la familia de éste; Esteban mata a su patrón por el resentimiento de vivir explotado y hambriento, además de cumplir con su ‘obligación cristiana’ de matar a un incestuoso; Motivo análogo a Lucas Lucatero y el asesinato de Anacleto Morones; Juvencio de ‘Diles que no me maten’ mató a Terreros para salvar a sus animales pero también porque éste rompió el ‘sagrado vínculo’ del compadrazgo; Mientras el hijo de Matilde Arcángel mata a su padre en pago a los años de maltratos en los que lo mantuvo.
Tampoco se puede ignorar la crueldad/frialdad con la que se ejecutan los crímenes y los relatan sus mismos perpetradores, me viene a la mente el discurso de Rugiero en el que resalta que la gente del campo era “muy buena para sembrar maíz y batirse con una suerte de indiferencia”.
La vida en México
También está constante una naturaleza hostil, como el llano grande que parece una sucursal del infierno, o las fuertes lluvias (en contraste) que causan la muerte de “la serpentina”. También en ese relato (‘Es que somos muy pobres’) Rulfo inaugura su perspectiva crítica de la religión. La madre de Tacha está sumamente preocupada por la condena eterna del pecado de sus dos hijas mayores y que se asume será igual para Tacha, su padre por otro lado sabe que sus tribulaciones se deben a la pobreza y no a algún castigo divino, desmintiendo la opinión generalizada de que los campesinos son ignorantes.
La familia de Tacha no puede contar con las dos instituciones más poderosas del país: la iglesia y el gobierno, de hecho, siempre que se insinúa la presencia de cualquiera de estas autoridades es con matices negativos, idea que se manifiesta especialmente en ‘Talpa’ y ‘Anacleto Morones’.
Y ese sentimiento de desamparo abre el espacio a la idea de orfandad, muy extendida en la postguerra civil, y en los relatos de ‘El llano en llamas’ (casi todos).
Sobre todo su resolución proporcionada por la venganza, Rulfo atribuye una importancia capital a la figura paterna con las palabras del militar de ‘Diles que no me maten’: «Es algo difícil crecer sabiendo que la cosa de donde podemos agarrarnos para enraizar está muerta», idea que se repite en ‘La herencia de Matilde Arcángel”, y ya sabemos cómo terminan ambos relatos.
El resto de cuentos subrayan uno u otro de los aspectos ya mencionados con distintos matices, pero en términos generales podríamos decir que el hilo conductor de todos es, en palabras de Jorge Rufinelli, ‘la ausencia del padre’, en la que ‘padre’ engloba también a las instituciones (de nuevo, sobre todo las religiosas y al estado).
Para comprender a plenitud las ideas expuestas por Juan Rulfo por medio de estas familias disgregadas, asesinatos, violaciones, parricidios y relaciones incestuosas, como resultado de las revueltas sociales de principios del siglo XX, hace falta cierta familiaridad con la literatura e historia mexicana, porque no es que la gente matara así porque sí, el contexto de los personajes es distinto al de nuestros días.
Para los que no están tan fuertes en historia y literatura nacional y por lo tanto puede que escapen a su comprensión estas sutiles características, la altísima calidad de los relatos basta para transmitir los ‘efectos’ de los que hablaba Poe, muy a la Quiroga también, con injusticia, pasión, vida y muerte. El ‘factor humano’ que cualquier persona en cualquier parte del mundo puede comprender.
Conclusión
En resumen ‘El llano en llamas’ es un volumen de relatos que expresan muy bien la realidad nacional de los años posteriores a la revolución, y aunque esos aspectos no les interesen a ciertos lectores, la técnica y presentación de cada cuento bastan para retener la atención, de forma muy parecida a lo que pasaría en ‘El boom’, es decir, abordando la existencia humana en sus aspectos más básicos y por lo tanto, comunes a cualquier persona sin importar en dónde viva, temporal y espacialmente.
Como ‘bonus track’ (literal), acá está un audio del mismo Juan Rulfo leyendo ‘diles que no me maten’ (OMG), top tier!.
Fuentes
Mora, G. (1991). El ciclo cuentistico: “El llano en llamas” caso representativo. Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, 17(34), 121–134. https://doi.org/10.2307/4530564
Echevarria, G. R. (2012). Modern Latin American Literature: A Very Short Introduction. Oxford University Press.
‘Clemencia’ de Ignacio Manuel Altamirano es una novela historico-romántica escrita a finales del siglo XIX. En esta entrada encontrarás un resumen y breve análisis de la obra.
Sobre ‘Clemencia’ de Ignacio Manuel Altamirano
¡Llegó el momento para la segunda parte de la trilogía de Ignacio Manuel Altamirano!, la primera parte es ‘La navidad en las montañas‘ por cierto.
En la entrada supracitada discutimos brevemente sobre los orígenes de don Ignacio y su postura ideológica.
En resumen, era de ascendencia indígena, era un liberal y le gustaba enseñar.
Todas estas características se manifiestan constantemente en su obra.
‘Clemencia’ por su parte está enmarcada en la segunda intervención francesa, por lo que conviene tratar ese asunto para tener un poco de contexto.
Sobre la guerra con los franceses
Si le preguntas a un ‘gringo’ el motivo de la fiesta del ‘5 de mayo’, probablemente va a suponer que es el día de la independencia o algo parecido. Aunque nunca falta el caballero de cultura que sabe que se trata de la conmemoración de la victoria del ejército mexicano en la Segunda intervención francesa en México en Puebla.
El lector atento recordará que después de la derrota contra los US en la Intervención estadounidense en México (relatada de primera mano por Manuel Payno en El fistol del diablo) y las guerras de Reforma el país estaba en ruinas y sin un peso. Tanto los conservadores como los liberales pidieron préstamos a naciones europeas para financiar sus operaciones, y cuando el bando liberal venció el gobierno terminó por adjuticarse inadvertidamente las deudas de todos.
Benito Juárez, presidente en aquél entonces decidió suspender los pagos de estos préstamos hasta que la situación mejorara.
Pero los europeos aún tenían esa tendencia al imperialismo/colonialismo que los había caracterizado desde hacía algún tiempo. Así que con el pretexto de exigir el pago mandaron tropas para ‘cobrarse’.
Con un poco de diplomacia, se logró calmar los ánimos de todos excepto de los franceses. Napoleón III tenía otros planes (sobre todo debilitar a los U.S.) y decidió armar un estado títere apoyado por los conservadores (los vencidos en las guerras de reforma) al mando del príncipe Maximiliano de Habsburgo (dato random que era pariente de Francisco Fernando, el que murió en Sarajevo).
En un punto de la historia había dos gobiernos en Mexico y de nuevo guerra civil. Al final la presión de Prusia sobre Francia y el apoyo de los U.S. a Juárez luego de dilucidar su propia guerra civil terminaron por colapsar al efímero imperio y Maximiliano y sus generales fueron fusilados.
Y es interesante que este episodio de la historia, no solo mexicana, sino occidental, sea tan desconocido, de hecho, pocos franceses tienen noticias de que en algún momento Napoleón III invadió el país.
Lo cierto es que todo el asunto es notablemente importante en la historia de ambos continentes.
Esta intervención fué la última en la que un poder europeo impuso un gobierno en América. Con la dimisión francesa terminaron cuatrocientos años de intervencionismo europeo en estos rumbos (y comenzaron los del intervencionismo norteamericano por cierto T.T).
Con algunas excepciones, sobre todo en las islas que les encantaban a los británicos. El mundo comenzó a ver a latinoamerica como un lugar que ya no era tan fácil de conquistar, no tan fácil como África por ejemplo, aunque eso es otra historia.
Napoleón III
Resumen de ‘Clemencia’ de Ignacio Manuel Altamirano
Pues ‘Clemencia’ se desarrolla en ese contexto de invasión Francesa, ahora viene el resumen por capítulo (esto va a estar extenso XD).
I. Dos citas de los cuentos de Hoffman
En una noche de diciembre, varios amigos del doctor L. estaban pasando la noche en su casa, el clima se puso feo y el hospedador les ofreció pasar la noche allí. Donde conversarían y verían su biblioteca que tenía buenos libros y algún objeto de arte.
Se puso a peparar un ponche de kirchwasser mientras los invitados abusaban de la biblioteca (¡qué bonita expresión!).
Entonces hallaron un papelito con una letra pequeña y elegante que citaba a Hoffman:
Ningún ser puede amarme, porque nada hay en mí de simpático ni de dulce.
Hoffman
y
Ahora que es ya muy tarde para volver al pasado, pidamos a Dios para nosotros la paciencia y el reposo…
Hoffman
Los invitados preguntaron al doctor sobre la historia del pequeño documento excusándose si cometían una indiscreción.
El doctor les ofreció el ponche junto al relato que explicaba el origen de la nota.
Todos se entusiasmaron por la idea y pusieron atención al galeno.
II. El mes de diciembre de 1863
El doctor relató los pormenores de la guerra con los franceses, que en aquél entonces habían ocupado todo el interior.
El ejército nacional no hacía más que retirarse con la esperanza de fortalecerse en las partes más inaccesibles del norte.
Entre todas esas maniobras el médico aún sin posición tuvo que pedir licencia para ir a Guadalajara debido a que estaba muy enfermo. Aprovechó la salida de un pequeño cuerpo de caballería que iba hacia la misma ciudad.
III. El comandante Enrique Flores
El coronel del cuerpo era un personaje importante que seguía vivo, lo mismo que algunos otros de los que intervendrían en la historia, por eso el doctor decidió cambiarles el nombre.
A todo esto, el comandante de uno de los escuadrones del cuerpo llamado ‘Enrique Flores’, merecía una mayor atención.
Era un hombre atractivo, fuerte y rubio, de buena posición social y económica, gallardo, mujeriego y jugador. Generoso y simpático hasta el extremo. Mientras la soldadesca apenas tenía tiempo para desempacar y hacer sus labores, Flores ya tenía varias conquistas. No había plaza de donde partieran sin que los ojos de las doncellas más bellas lloraran por él.
En resumen, era querido por todos, su jefe, la tropa y las señoritas (qué suerte tienen algunos XD).
Enrique era el tipo completo del león parisiense en su más elegante expresión, y se desprendía de él, si me es permitida esta figura, ese delicado perfume de distinción que caracteriza a las gentes de buen tono.
El doctor L.
IV. El comandante Fernando Valle
Diametralmente opuesto era el comandante Fernando Valle.
Flaco, moreno, pálido, con impresión de estar siempre enfermo. Era meticuloso y sumamente serio. Su expresión sin gracia y sus gestos poco educados hacían que nadie lo soportara. Parecía sentir un desdén por todos y nunca invitaba a nadie. De no haber luchado con arrojo en Puebla probablemente ni sus jefes lo hubieran tolerado.
Nadie sabía de dónde había salido. Comenzó como soldado raso y ascendió rápidamente a capitán de escuadrón. Los superiores lo tenían por el más capaz de los oficiales, pero aún así sospechaban que un propósito malévolo lo motivaba a tanto arrojo.
Cuando enfermaba o estaba herido nadie, ni siquiera los médicos le ayudaban.
Todos lo tenían por un traidor en potencia, a nadie le sorprendería verlo pasarse a los franceses.
Así pues, ni una triste cualidad tenía mi comandante. Era un pobre diablo, bien seco, bien fastidioso, bien repulsivo.
El doctor L.
V. Llegada a Guadalajara
Está de más decir que ninguna ‘bella’ le hacía el menor caso. Él lo sabía y las evitaba. Cuando iba a algún baile obligado por el Coronel se quedaba en una esquina y se retiraba pronto.
Por eso todos se sorprendieron al verlo llevar un ramo de flores cuando llegaron a Guadalajara.
La tropa entonces comenzó a burlarse un poco del capitán. Cuando este les respondió que las flores eran para su prima, Flores, el único oficial que le hablaba con cierta familiaridad le pidió conocerla.
A menos que se opusiera pues los hombres como Valle, serios y formales, también solían ser los más celosos.
Valle le aseguró que no habría problema.
Los soldados dijeron con malicia “pobre primita, con Enrique”.
VI. Guadalajara de lejos
La otrora capital de Nueva Galicia era considerada la reina de Occidente y aún al día de hoy es una de las tres ciudades más importantes del país (las otras dos son Monterrey y la Ciudad de México).
En fin, que todo: la orografía, el clima, la fauna y la flora evocaban al romance y a los lances de valor.
A todo esto es creencia popular (y por lo que me han dicho los viajeros muy cierta, lol), que en Guadalajara las señoritas son particularmente bellas.
Pero la ciudad también lo es, nutrida por el caudaloso río Santiago, solitaria en medio del desierto, parecía una antigua ciudad bíblica.
Plaza de Guadalajara
VII. Guadalajara de cerca
La gente de la ciudad era igual de agradable.
Hospitalaria y abocada a dejar la mejor impresión al visitante.
Se conocerá la diferencia que hay, por ejemplo, entre el carácter de Guadalajara y el carácter de Puebla, en lo siguiente. En Puebla invitan al forastero a visitar las iglesias; en Guadalajara a visitar los establecimientos de beneficencia; en Puebla, después de infinitas pruebas parecidas a las que se exigen del profano antes de entrar en la masonería, los amigos, como una gran muestra de confianza, le ofrecen agua bendita y rezan con él un vía crucis; en Guadalajara, a los diez minutos de haber sido presentado, le ofrecen un banquete y apuran en su compañía la copa de la amistad.
En otras partes las mujeres apenas asoman las narices por sus balcones para ver pasar al viajero, y se apresuran a esconderse para no ser examinadas de cerca. En Guadalajara las mujeres se presentan francas y risueñas, comprendiendo muy bien que no es preciso ser mojigatas para ser virtuosas.
El doctor
VIII. La prima
Después de tanta digresión regresamos a la entrada del cuerpo a Guadalajara, ciudad que a pesar de estar a las puertas de la batalla contra el Imperio Francés aprovechaba sus últimos días de libertad como contemporáneos de Noé (Comiendo y bebiendo pues pronto habrían de morir).
Los oficiales terminaron sus labores y Flores le recordó su promesa a Valle. Entonces fueron juntos a la catedral, edificio del que los Jaliscienses se enorgullecen sobremanera.
Era la misa de doce y los galanes entraron, allí Valle se admiraba de la arquitectura del edificio y los gorros de los obispos mientras Flores se admiraba de las bellas hijas de Guadalajara.
Al terminar los servicios las doncellas iban saliendo, y le regalaban miradas al galante Flores que tenía algo que lo hacía irresistible.
Hasta que una pareja de señoritas titubeó un poco al pasar a su lado. Las dos admirablemente atractivas, una de ellas con un velo y la otra una joven alta, rubia y de ojos azules, una ‘aparición celestial’ (¿referencia detectada?).
Al ver a Valle lo saludó de lejos con una ligera sonrisa. El valiente capitán se sonrojó todo lo que pudo y le indicó a Flores que era su prima. Ella se quedó mirando un rato más a Flores y después se retiró algo apresurada.
El ‘dandy’ sugirió seguirlas y aún ante la reticencia de Valle lo hicieron.
XI. La presentación
Cuando llegaron a la casa de su tía, los estaban esperando, Isabel la prima de Valle los invitó a pasar.
Allí estaba una señora mayor a la que Valle saludó. Era su tía, hermana de su padre, luego de saludarla les presentó a Flores.
Todas quedaron prendadas del elegante y absurdamente atractivo Flores que actuó con gracia y cortesía.
Luego la señora presentó a la amiga de Isabel, que al quitarse el velo les permitió ver un rostro hermoso enmarcando dos ojos negros que pondrían de rodillas a un sultán, su nombre: Clemencia.
Ni Isabel ni su madre pudieron ocultar su indiferencia a Valle, mientras que Flores acaparaba las miradas de todas.
El galán no se podía decidir y dejó al destino hacer su trabajo. Comenzó por conversar con Isabel, que muy sonrojada por tener tan cerca al ‘hermoso’ oficial lo obsequiaba con risas y miradas llenas de interés y tal vez algo más.
Clemencia pensaba parecido y dirigía frecuentes miradas para examinar a Flores que a su vez le hacía sentir ‘el poder’ de sus ojos audaces e imperiosos.
El triste Valle conversaba con su tía de plantas y botánica. Aunque pudo darse cuenta del impacto de Flores sobre las muchachas y se quedó distraído y contrariado. Secretamente se preguntaba si se estaba enamorando de Isabel (norteño time again lol), un ángel que podría disipar su soledad y tristeza.
Pero la rubia sonreía a Flores de un modo insinuante, ‘era una esclava que se rendía sin combatir a su futuro señor’.
X. Las dos amigas
Tan pronto los oficiales se fueron, las mujeres comenzaron a intercambiar sus impresiones.
Fernando les parecía apocado, nada atractivo y casi antipático. Se preguntaban por qué nadie de su familia a la que visitaban con cierta frecuencia lo mencionaba nunca. Ni sus hermanos, ni sus padres, ni los amigos de la familia, parecía que todos lo aborrecieran y eso debía de ser por algo. ¿Alguna fechoría?, ¿O debido a que su padre era un destacado conservador y por tanto enemigo ideológico del republicano Fernando?.
De cualquier modo decidieron no tratarlo mal hasta comprobar algún comportamiento reprobable. La misma Clemencia con algo de lástima le daba el beneficio de la duda.
El ambiente cambió cuando pasaron a hablar de Flores.
Isabel se ruborizó y manifestó su admiración por el garbo y ‘galanura’ del célebre donjuan. Clemencia coincidió y de inmediato ambas reinas de corazones comenzaron a verse como rivales.
Una ‘pieza’ como Flores habría de decidir cuál era la más bella y graciosa, la de más talento y en resumen la mejor de las mujeres de Guadalajara.
XI. Los dos amigos
De regreso al cuartel Flores le hizo notar a Valle que estaba muy callado. Con unas pocas frases logró hacerlo confesar que estaba enamorado de Isabel.
Valle amaba como los románticos de los cuentos, con castidad e intensidad. Flores lo miró como a un poeta y reconoció que esa era una postura poco popular, él por su parte lo deseaba todo, era rico pero sería millonario, sería un militar de renombre, conquistaría a todas las mujeres que se le antojaran y se ahogaría en los placeres y la felicidad.
Valle se puso un tanto triste debido a que Isabel ya había caído bajo el influjo de Flores y ella, una doncella inocente no tendría fuerza para resistirse, y sabía que el donjuan solo deseaba satisfacer sus anhelos egoístas y nada más.
Enrique le sugirió que la enamorara cuanto antes, y que él se haría a un lado, para ir a por la sultana de ojos negros, la sin par Clemencia.
Valle tuvo que aceptar, para él era mejor que las dos potencias se enfrentaran y no que Flores lastimara a su ya amada Isabel.
XII. Amor
Isabel se pasó la tarde y luego la noche pensando en Enrique, estaba cautivada y para ella ningún hombre era como él, se ponía triste al pensar en la multitud de mujeres que lo habrían de amar por toda la República. Otras veces se miraba al espejo y sonreía, era bella, e ingenua, ‘a Enrique solo se le puede enamorar desde el corazón’. Luego pensaba en Clemencia y que seguramente ella lo habría de enamorar lo que ensombrecía su ánimo, y al recordar al bello oficial un sentimiento de peligro la abordaba, peligro de sucumbir al deseo.
Al día siguiente su semblante denunciaba lo agitado de su corazón y su madre lo notó, aún así lo intentó disimular, quería salir a dar un paseo pero la idea de que Enrique volviera la hizo quedarse.
A las cuatro, la voz armoniosa de Enrique sonó en los corredores. El corazón de Isabel se aceleró y miró a la puerta por la que entraron los oficiales.
XIII. Celos
La saludaron y ella, los dejó pasar y llamó a su madre. Mientras tanto Valle notó que la doncella estaba visiblemente turbada, y en su interior comenzó a tomar fuerza la idea de que ya amaba a Flores.
Él cumplió su promesa y comenzó a conversar con la madre de Isabel, doña Mariana, contándole las últimas novedades de la capital, con tal gracia y elocuencia que tenía la atención de las dos anfitrionas.
Valle intentaba conversar con Isabel y ésta respondía con monosílabos y evidente desinterés.
Entonces llegó Clemencia, conversaron brevemente y luego les contó a todos que sus contactos le habían hablado de lo buen pianista que era el oficial, así que propuso una especie de competencia para demostrar que Isabel era la mejor pianista de la región, cosa que avergonzó mucho a la modesta doncella.
Clemencia se puso al piano acompañada por Enrique que la devoraba con la mirada, Isabel no podía reprimir los celos y Valle se supo derrotado. Todas amaban a Flores.
De modo que para Valle no era ya dudoso que Isabel amaba a Enrique. Esto lo hacía reclinarse en su sillón como desfallecido por el tormento. Jamás había sentido en su corazón la cruel punzada de los celos, aquel dolor le había sido desconocido enteramente, y se preguntaba si no sería más cuerdo para él, que había pensado sacrificarse por la patria, retirarse de aquella casa, no volver a ver a su prima, y refugiarse en sus deberes de soldado, para escapar a los peligros de una pasión que acababa con sus fuerzas.
El doctor L.
XIV. Revelación
Luego tocó el turno a Isabel que ya estaba repuesta, y comenzó a tocar. Ejecutaba de manera admirable, al nivel del mejor pianista europeo y Enrique no pudo disimular su admiración por lo que le susurro ‘Después de esto, caer de rodillas y adorar a usted’.
Isabel interrumpió abruptamente la pieza y apenas pudo terminarla después de reponerse, la niña inocente y tímida había sucumbido al encanto del oficial.
Todos celebraron su virtuosismo aún cuando su rostro se encendía y negaba rotundamente ser merecedora de tantos elogios.
Para convencerla de que no la estaba adulando, Enrique le pidió su opinión a Fernando que estaba olvidado en un sillón.
Valle manifestó su desconocimiento de las artes, pero confirmó que solo los grandes artistas pueden conmover los ánimos como las dos bellas señoritas.
Clemencia, desestimó su respuesta porque sabía que no deseaba ponerla en evidencia, pero reconoció con gusto que era inferior, y que el mismo Valle lo había manifestado al enjugarse una lágrima cuando Isabel y Enrique estaban al piano.
Valle se puso encendido e intentó excusarse, pero Clemencia le preguntó si recordó un amor pasado o alguna otra aventura, Fernando aseguró que su vida había sido estéril y nada interesante. Ella dudó un poco y le dijo que sentía gran curiosidad por conocer el secreto de su eterna tristeza.
Los oficiales apuraron la despedida y prometieron visitarlas al día siguiente, Isabel se despidió de Flores con miradas de un amor implícito y de Valle con una mirada de urbanidad e indiferencia, pero Clemencia le sujetó brevemente la mano y le dijo con dulzura: ‘¡Hasta mañana, Fernando!’.
Clemencia al contrario, se despidió de Enrique con la más amable, pero con la más indiferente de las sonrisas, y manifestándole una alegre confianza, que es como la moneda corriente de las coquetas; pero al dar la mano a Fernando que se la tomaba con el mayor respeto, se la apretó ligeramente y le bañó con una mirada tan ardiente, tan lánguida, tan terrible, que el joven a su pesar se sintió turbado, y su corazón palpitó, como el día que la vio por primera vez.
El doctor L.
De camino al cuartel Flores le pidió perdón a Valle, pues Isabel se mostraba interesada en él, Valle aceptó su derrota y aunque se negó a la idea de tener algo con la amable Clemencia cesaría en sus intentos por cortejar a la rubia.
XV. Un salón en Guadalajara
Era de noche y los oficiales entraron al salón de la familia de Clemencia, el más distinguido de Guadalajara y tal vez de todo el país. Allí los esperaba la bella sultana con sus amigas y parientes. Los presentó a sus padres, patricios modelo que conservaban el vigor y buen gusto. Y luego a sus amigas que se deshacían en miradas para Flores pero que apenas y reparaban en Valle.
Fernando se hubiera desmoralizado de no ser porque Clemencia le dijo que estaba muy contenta de verle y que habrían de conversar muchísimo.
Así, mientras Enrique demostraba su habilidad al piano y era aplaudido por todos, Clemencia conquistaba a Valle con sus miradas y sonrisas.
El pobre hombre, que jamás había conversado tanto con una mujer, mucho menos de la belleza e inteligencia de Clemencia, no pudo resistirse y ya casi estaba enamorado para cuando anunciaron la cena.
XVI. Frente a frente
Se sentaron a la mesa, Clemencia y Fernando frente a Isabel y Enrique.
Isabel irradiaba felicidad, intercambiaba amorosas miradas con el atractivo oficial y este la trataba con tierna familiaridad.Cosa que no pasó desapercibida a Clemencia que lanzó una brevísima mirada llena de celos a la pareja.
Valle se percató de todo y su corazón que ya amaba a Clemencia sufrió al ver los celos de ella. Pero los olvidó tan pronto lo volvió a asediar con esas palabras y miradas que ya lo habían subyugado.
Le habló de varias flores que cuidaba con esmero entre ellas una que tenía en un ‘tibor del Japón’ que era la más preciada, le sugirió ir a verlas tan pronto terminara la cena para saber su opinión de botánico experto, y de paso regalársela como muestra de afecto.
Fernando se negó a aceptar un regalo tan preciado para ella y le sugirió que se lo diera al hombre amado. Clemencia respondió gentilmente irritada que si él no la quería, la arrancaría pues le sería inútil, un amargo recuerdo.
Dijo todo esto con tal pasión y dolor que Fernando olvidó los celos que había mostrado a Isabel y se volvió a sentir amado.
Después Clemencia se mostró agitada y pretextando que necesitaba aire fresco le pidió a Valle que la acompañara a ver sus flores.
XVII. La flor
Y subieron a un corredor románticamente iluminado lleno de hermosas plantas, ella repitió su intención de darle la flor más valiosa, Valle se negó pero ante la decisión de Clemencia tuvo que acceder.
Se la puso en el ojal de su uniforme, luego clemencia la fijó con un alfiler de oro, sentía los fuertes latidos del corazón de Valle que al tenerla tan cerca temía estallar. Luego dijo casi agonizante: ‘¡Clemencia, piedad!’, la doncella se disculpó al tomarse tantas confianzas, tal vez en el pecho que tocaba ya había alguien, un secreto para el que no la consideraba digna de enterarla, y luego siguió este diálogo ( que transcribo porque está muy bueno (y cursi) XD):
— Mi secreto es, Clemencia, que he sido siempre infeliz; que jamás un ser piadoso se ha dignado bajar hasta mí los ojos; que he cruzado la vida siempre triste, solitario y desdeñado; que sintiendo una alma fogosa y tierna, jamás he creído que nadie pudiese aceptar mi amor, y que usted es el primer ángel que aparece en mi camino tenebroso y maldito;
Que las palabras de usted han penetrado en mi corazón y han hecho nacer en él un sentimiento desconocido, dulce, poderoso, que ha crecido en minutos y que me abrasa.
Que, desconfiado como todo infeliz, he creído que me hacía usted el juguete de un extraño capricho; que al ver a Enrique frente a nosotros esta noche; a Enrique, con quien no puedo compararme, que es tan hermoso, tan seductor, tan espiritual, he sentido… celos ¿para qué lo he de ocultar? Y que he querido huir de esta casa donde sufría yo tanto. Ahora mismo esto me parece un sueño. He ahí mi secreto.
Clemencia se estremeció al oír nombrar a Enrique; pero disimulando su emoción, replicó:
— ¡Qué niño es usted, Fernando! ¿Y pudo usted creer que yo fuese una coqueta sin corazón que quisiera hacer del alma noble, desgraciada y generosa de usted el juguete de un capricho indigno?
¿Qué me importan la hermosura, la gallardía y la seducción del amigo de usted? ¿Cree usted que yo soy de las que prefieren eso a las dotes del alma? Desde la primera vez que le vi en casa de Isabel, establecí perfectamente la diferencia que hay entre usted, hombre de corazón y de talento, y Flores, que me parece un galán de oficio, sin alma, y cuyo espíritu, ligero y alegre, va revelando una vida gastada en los galanteos y los placeres. No me juzgue usted mal, Fernando, ni crea usted que soy la coqueta casquivana a quien calumnian en Guadalajara.
Soy franca, desdeño las reservas de mi sexo, tengo una educación especial, una independencia de carácter que me permite reírme del qué dirán y hacer siempre lo que me inspira el corazón. Hace tres días que le conozco a usted, y esto me basta… Pero ahí viene Flores, Fernando, mañana estará marchita esta flor, pero yo la haré revivir con la savia de mi cariño…
Flores le pidió bailar una pieza a la bella de ojos negros, y con una mirada de aprobación de Valle regresaron al salón mientras el donjuán le decía palabras melosas (bruh, obviamente ya me cayó mal).
XVIII. Clemencia
Cuando terminó la fiesta y Clemencia despedía a Isabel le preguntó si era feliz, ella le aseguró que nunca lo había sido tanto, entonces la felicitó.
Ya en su cuarto, se dejó caer en un sillón con un despecho mal reprimido.
Isabel la había vencido, y estaba furiosa, luego pensó en Fernando y en todas las cosas que le había dicho, sintió remordimiento por jugar así con su corazón. Pensó en desengañarlo pronto. Ya en su cama sollozó en voz baja mientras nombraba a su amado Enrique.
Se propuso con toda seriedad enamorarlo y luego se durmió suspirando.
XIX. El porvenir
Fernando por su parte pensaba en muchas cosas. Se había enamorado, como se suelen enamorar los hombres que no han amado y mucho menos han sido correspondidos. Se sintió el más dichoso de los hombres pero al mismo tiempo el más desafortunado.
Los franceses llegarían a Guadalajara en poco tiempo y la tropa tendría que retirarse al remoto norte, dejando a su amada en la ciudad, y conociendo su fama temía que un oficial francés se convirtiera en su nuevo capricho.
Valle no vaciló en sacrificar su corazón por la patria y aceptó que perdería a Clemencia.
Aún así, un destello de esperanza asomó a su corazón, si ella se mantenía fiel a su amor a pesar de las dificultades lucharía por ‘la gloria del soldado y la del amante’, besó varias veces la flor de la amada y lo guardó como su nuevo talismán.
XX. Confidencias
Tres días después Isabel fue a casa de Clemencia a decirle que Enrique le había propuesto matrimonio. Su amiga le sugirió moderación, que amara con muchas reservas. No sabía a ciencia cierta quién era Enrique realmente, ni de dónde venía, ni si no se trataba de un donjuán más al que la fortuna siempre le había sonreído y que no valoraba el corazón de una inocente.
Isabel se puso muy triste al escuchar a su amiga, pero esta le aseguró que lo hacía por su bien, si alguien como Valle fuera el que le hubiera dicho esas palabras no las pondría en duda, pero ella conocía mejor a los hombres y por eso la prevenía.
Isabel entonces preguntó si amaba a su primo, Clemencia respondió que tal vez, él la idolatraba y mostraba gran talento y sensibilidad, aún así ella misma tenía sus reservas y no le entregaría su amor a ningún indigno.
Valientes hay muchos, en nuestro país sobran, y desde el soldado raso hasta el general hay para admirar a todos… Si Fernando no fuera más que un oficial atrevido, poco habría adelantado en mi corazón. Pero tú sabes que hay acciones que sobrepasan la esfera de lo común; yo no sé precisamente lo que quiero, no acierto a expresarte mi pensamiento… Se me figura que un proscrito, perseguido por todo el mundo, un mártir, un hombre que subiera al cadalso por su fe y por su causa, abandonado de todos, hasta del cielo… ese sería el hombre a quien yo amase… Y me hago la ilusión de arrebatarle de las gradas del cadalso, de ser yo su libertadora y de llevármelo conmigo para hacerle sentir el cielo, después de haber pisado los umbrales del infierno. ¡Qué quieres!… soy así… hay mucho de singular en mis deseos y en mis ideas.
Clemencia
XXI. El amor de Enrique
Pasaron quince días, Clemencia recibió un mensaje enviado por Isabel en el que rogaba que la visitara inmediatamente, pues estaba enferma. Apenas llegó e Isabel se deshizo en sollozos, el motivo era Flores, había resultado ser un canalla.
La guerra iba mal, los Franceses habían capturado todas las ciudades del centro y se dirigían a Guadalajara, los remanentes del ejército nacional se habían replegado y en pocos días habrían de internarse en el inaccesible norte.
Con ese pretexto Enrique quiso apresurar las cosas y o bien que Isabel se fugara con él o que le diera la prueba máxima de su amor y de esa manera ser su esposa ante Dios ‘aunque las necias fórmulas del mundo faltasen a su unión’.
El hombre esperaba la respuesta con una sonrisa que se borró con la respuesta de Isabel, lo corrió de su casa y este salió con la cólera en el semblante, un libertino humillado y no un amante que ha cometido un error.
A pesar de todo ella lo amaba, despreciaba su conducta pero no podía despreciarlo a él, no sabía si le dolía más la falsedad del amor del casquivano (lol) o que se iría de Guadalajara en pocos días.
Las dos se abrazaron y lloraron amargamente.
XXII. Otro poco de Historia
La guerra progresó con los nacionales sacando la peor parte, grandes y bravos esfuerzos se hicieron para bien mantener o bien capturar diversas posiciones, pero fueron en vano.
Cayó Morelia, y el resto del bajío, los generales decidieron retirarse a las barrancas y proteger Colima por sus recursos y el puerto de Manzanillo, pocos días después los Franceses y afrancesados (Mexicanos que se unieron al ejército invasor) ocuparon Guadalajara sin que hubiera combate el cinco de enero de 1864.
XXIII. La última Navidad
Ese fue el desenlace de la campaña, pero hubo otros acontecimientos que atañen a la historia situados en los últimos días de diciembre de 1863.
Las familias patriotas y liberales estaban preparándose para acompañar al ejército y afrontar las penurias del destierro y la derrota o bien para exiliarse en California, aún así deseaban aprovechar los últimos días de libertad con fiestas y extravagancias (espíritu nacional a full jaja).
Clemencia organizó una fiesta de Nochebuena a la alemana e invitó a los oficiales y lo más distinguido de la sociedad de Guadalajara, incluyendo a Flores, Valle e Isabel, que después del desengaño no tenía ánimos para nada, mucho menos una fiesta en la que estaría el amado.
Desengaño desconocido para Valle que por otra parte sospechaba de las miradas de inteligencia que había entre Flores y su amada, se temía lo peor y lo confirmó poco antes de medianoche.
La fiesta había transcurrido por varias horas y Fernando observaba a Clemencia y Flores bailando y festejando, anunciaron la cena y se rezagó en una habitación para meditar. Entonces entraron los susodichos, intercambiando amorosas palabras, ella le regaló un guardapelo con su retrato.
Poco después le fue preciso salir al corredor; se ahogaba… estaba loco. Si alguna vez hizo propósitos insensatos, fue entonces. Su pecho era un volcán, su cerebro ardía, y no le venían a la boca más que blasfemias. Se acordó que traía guardada y cuidadosamente envuelta la flor que Clemencia le había dado algunos días antes. Sacóla del pecho y la arrojó con cólera sobre el mismo jarrón japonés en que estaba la planta que la había producido.
— Conservarla —dijo— sería adorar la burla.
Su ausencia se había notado y Clemencia fue a buscarlo acompañada de Flores, la doncella le pidió que los acompañara a cenar pero Valle la rechazó con el pretexto de que se sentía mal, Flores le respondió con una broma y el herido le dijo que se contentara con ser dichoso y que lo dejara en paz.
Se comenzaron a caldear los ánimos y por poco y llegan a las manos, pero Valle se pudo controlar y le dijo a Flores “¡Mañana!
Clemencia estaba preocupada, no sabía si por Valle o por Flores, pero le rogó a su amante que no matara al desafortunado Fernando pues era posible que ella le hubiera dado motivos para sentirse así, el gallardo donjuán le prometió hacerlo sentir únicamente su látigo.
De nuevo a la hora de dormir, llena de remordimientos se recriminaba el papel que había tenido en la desdicha y posible muerte de Fernando Valle.
XXIV. El desafío
Al día siguiente Fernando fue a ver al doctor (es decir, al narrador) y le pidió de favor que le sirviera de testigo, no había ningún vínculo de amistad entre ellos por lo que su juicio sería imparcial. El médico aceptó y notificó a Flores que aceptó el desafío con altivez.
Algunas horas después el coronel llegó a los alojamientos de Valle y lo arrestó por insubordinación, los duelos estaban prohibidos y mucho más entre oficiales, Flores lo había informado (una cobardía a ojos de Fernando), habría de ser liberado cuando los ánimos se calmaran. El médico convenció a Fernando de esperar a batirse con los franceses para ganar la gloria o bien hacerse matar.
El ejército salió de Guadalajara el dos de enero de 1864, el coronel en nombre del general Arteaga, ascendió a Flores a teniente coronel y lo puso a cargo de la plaza por recomendaciones de varios amigos que tenía en el cuartel general.
XXV. El carruaje
Algunas horas antes de que los franceses ocuparan la ciudad, Clemencia y su familia salieron de la ciudad, posiblemente eran los últimos rezagados de entre los que prefirieron abandonar sus hogares a convivir con el enemigo.
Su padre encabezaba la comitiva, fuertemente armado lo mismo que sus criados. Clemencia y su madre iban en un carruaje, acompañadas de Isabel y su madre.
En una cuesta el carruaje dio un vuelco dejando inutilizada una de las ruedas, la situación era desesperada, la noche estaba cerca y no había ningún poblado cerca.
Un criado se ofreció para adelantarse y reparar la rueda en Zacoalco, la población más cercana, estaría de vuelta cerca del amanecer. El patriarca lo autorizó y los otros criados improvisaron un campamento para las señoras y señoritas mientras los hombres montaban guardia.
XXVI. Bien por mal
El mozo iba a la mitad del camino cuando se cruzó con una tropa de caballería.
Le hicieron el alto y después de identificarse lo llevaron al comandante a cargo, el mozo explicó la situación y el nombre del Señor R.., padre de Clemencia, el comandante, Fernando Valle en persona meditó un poco antes de decir:
— ¡Pérfida! ¡Cuánto le amo y cuánto mal me ha hecho!… En fin ¡volvamos bien por mal!
Fernando Valle
Dió varias órdenes a la columna y partió con el mozo a Zacoalco, llegaron pocas horas después, Fernando tocó una puerta que abrió un viejo capitán.
Le pidió de favor que le prestara el carruaje que tenía a su cargo debido a que no se podía mover con tanta facilidad.
El viejo soldado aceptó únicamente debido a la deuda de honor que tenía con Valle y porque este se aseguró de que lo regresaría prontamente.
Le pagó al conductor con tres onzas de oro y un reloj que valía tres veces más y la orden de no pedir un solo centavo al señor R…
Cuando salían del pueblo, su caballo reventó pues llevaba varios días sin descansar, Fernando lo despidió con una lágrima y le pidió al mozo que le vendiera el suyo. El hombre no estaba seguro de que su patrón lo autorizara pero Valle le dió diez onzas y el agradecimiento adelantado al señor que seguramente comprendería la urgencia de la montura para el oficial.
Llegaron a donde se habían cruzado por primera vez y los despidió, luego reanudó la marcha con su tropa, si alguien hubiera visto el semblante del comandante se habría asustado al notar la expresión de tristeza y la sonrisa de desesperación que llevaba.
XXVII. Alter tulit honores
Amanecía cuando el carruaje llegó al campamento, el mozo le relató todos los pormenores de su aventura al señor R… y Clemencia aseguró que el galante Flores les había hecho todo ese servicio.
Le preguntaron al cochero que no supo responder, pero al preguntarle si el oficial se llamaba Flores respondió que era posible.
La columna se hubiera cruzado con ellos de no haber tomado un desvío por el pueblo de Santa Ana, Valle no quería ver ni a Isabel ni a Clemencia.
XXVIII. Prisión y regalos
A todo esto, el coronel al mando de Valle y Flores fue ascendido a general de brigada y por recomendación suya, Flores se convirtió en el jefe de su tropa. Valle se enteró pocos días después y estuvo a punto de pedir su cambio de unidad pero al ver tan de cerca a los franceses no quiso perder la oportunidad de batirse y se resignó a estar a las órdenes de su enemigo mortal.
Fernando sintió mucha amargura al reportarse ante Flores cuando éste llegó a Santa Ana.
Entre tanto el nuevo coronel lo tenía bien vigilado y al enterarse de su desvío a Zacoalco se puso muy contento al tener un pretexto para causarle dificultades, despachó una orden para apresarlo y llevarlo a Zapotlán, quitar de enmedio a Fernando lo ayudaría con sus planes.
Cuando el mensajero llegó a donde Valle estaba destacado, este venía llegando de Guadalajara, leyó las órdenes y una sonrisa de desprecio se dibujó en su rostro, pero por una vez la suerte lo favorecía, se dio preso y partió escoltado por veinte jinetes.
Llevaban unas seis leguas de camino cuando se cruzaron con unos mozos que llevaban dos magníficos caballos y una mula que traía un baúl.
Se trataba de mozos del señor R…, Valle preguntó por su salud, ellos respondieron que él y su familia estaban seguros en Colima, que estaba bien defendida por los liberales, luego ambos grupos prosiguieron su camino.
Los mozos le llevaban los caballos a Flores, con una carta del padre de Clemencia en la que le agradecia por sus servicios y le recriminaba no haber querido encontrarse con ellos, Enrique comprendió que la carta explicaba el desvío de Valle y un destello de temor asomó en su ánimo, su acusación caería en falso y su reputación bajaría ante la familia de la doncella.
— Sin embargo —dijo para sí— la fortuna es mi madre, y la desgracia sigue a ese muchacho como una sombra.
Enrique Flores
XXIX. El traidor
Fernando llegó a Zapotlán de noche. Allí lo recibió el general que mandaba a todo el ejército del Centro, lo reprendió por sus acciones y le aseguró que lo iba a fusilar por traidor.
Valle con toda calma explicó su desvío de las órdenes debido a la familia del señor R…, nombró fechas, testigos y los registros de los movimientos de Flores y Valle coincidían con su explicación.
El general ya menos severo le dijo que tendría que disciplinarlo por estar ayudando familias y no cumplir con su deber, pero antes de retirarse Valle le dijo al general que había encontrado a un traidor.
Su cuerpo de caballería vigilaba Guadalajara constantemente, en una de sus pesquisas encontró a uno de los sargentos favoritos de Flores que llevaba un mensaje sellado, en la plaza sólo había franceses y esto levantó sus sospechas, apresaron al sargento y con dos hombres de confianza lo envió a Sayula, entonces le entregó el sobre al general.
Flores le comunicaba al general enemigo las últimas órdenes del cuartel, una traición en forma.
El general montó en cólera y mandó órdenes para apresarlo, absolvió a Valle y le pidió la mayor discreción, el comandante y sus hombres prometieron mantenerse callados y partieron a los cuarteles.
Flores por su parte esperaba con impaciencia noticias sobre el destino de Valle, al mismo tiempo que con cierta preocupación observaba que su sargento no volvía de Guadalajara.
La ruta del ejército: Guadalajara, Zacoalco, Zapotlán, Colima
XXX. Proceso y sentencia
Aprehendieron a Flores y lo enviaron a Colima, debido a sus muchas amistades confiaba en salir libre, por su parte el general del centro quería hacer un ejemplo del traidor, además de amedrentar a todos los oficiales que seguramente estarían inmiscuidos en el sabotaje al ejército republicano.
Pusieron a Valle al mando del cuerpo de caballería que era totalmente fiel a Flores y que lo hubiera seguido a donde fuera, hasta convertirse en bandidos si hiciera falta.
El ambiente era tenso y Fernando estaba sumamente irritado por la situación.
No sirvieron de nada las influencias de Flores, ni de los exiliados de Guadalajara, la mayoría sus amigos que movieron cielo y tierra para liberarlo. El cuartel general ordenó su fusilamiento.
Y para colmo de Valle lo pusieron al mando del cuerpo que custodiaba a Flores, los superiores lo obligaban a vengarse aún a despecho de él.
El ánimo del comandante se puso más sombrío al suponer lo que Clemencia sentiría al saber que tuvo parte en la ejecución de su amado.
La impetuosa joven le rogó a su padre a ir al mismo cuartel general para que de ser necesario le diera la mitad de su fortuna con tal de salvar a Flores.
XXXI. En capilla
Cuando la hermosa joven recibió la noticia del aprisionamiento de Flores y su posterior sentencia por poco se vuelve loca de dolor.
Conmovió a toda la ciudad con su febril actividad, rogando a cuanto personaje importante conocía a dilatar aunque fuera un solo día la ejecución de su amado.
Comenzó a despreciar a Valle por haber calumniado así al vencedor de sus afectos, y aunque varios oficiales le aseguraron que Flores era merecedor de la acusación sin lugar a dudas, ella lo negó, creía incapaz a Enrique de semejante villanía.
Era mucho más plausible que el desengañado Valle al no poder batirse en duelo hubiera urdido esa venganza, lo que le iba muy bien al antipático y cobarde hombrecillo que hasta los hombres bajo su mando despreciaban.
Después de que su padre fuera a ver al general, Clemencia, Isabel y su madre fueron a la prisión, Valle autorizó su entrada de buena fe.
La entrevista fue dolorosísima, la doncella le prometió salvarlo y después de despedirse pidió ver al comandante.
Cito lo que pasó en esa segunda entrevista (es que también está buena esta parte XD):
Valle, sorprendido de aquella petición, salió de su aposento y vino a encontrar a la hermosa joven, a quien saludó descubriéndose respetuosamente.
— Escuche usted, señor Valle —dijo Clemencia con una expresión de desprecio supremo— comenzó usted por serme indiferente, después me fue usted fastidioso; pero nunca creí que llegase usted a hacerse tan vilmente despreciable como hoy le considero.
— ¡Clemencia! —interrumpió el joven, sintiendo correr hielo por sus venas al escuchar aquellas palabras.
— ¡Oh! no me trate usted con familiaridad, señor, que nada tengo yo de común con un calumniador miserable, que se venga cobardemente de su enemigo llevándole al cadalso.
— Pero, señora ¿ha venido usted a insultarme de este modo?
— No, señor: he venido a jurar a los pies de ese hombre que va a morir, pero a quien adoro con locura, que le amo, que le amo con toda mi alma, que no morirá para mí, y que no tardaré en seguirle.
— ¡Oh! usted no sabe de lo que es capaz una mujer de mi temple cuando está apasionada… Usted que se atrevió a esperar de mí otra cosa que una mirada de indiferencia, al verle a él preferido creyó que haciéndole asesinar podría extinguir su amor en mi corazón, usted se ha engañado: mártir, le amo más, mi amor es causa de su muerte; pero me quedo en la tierra unos cuantos días para vengarle. Le pareceré a usted una loca; pero ya me conocerá usted mejor.
— ¡Clemencia! —dijeron a una voz la señora Mariana e Isabel, espantadas de la violencia de la joven.
— ¡Oh! perdónenme ustedes… estoy extraviada… este hombre cruel ha amargado para siempre mi vida, ha despedazado mi corazón… ha perdido mi alma.
Clemencia no lloraba. Su pecho se levantaba fuertemente, y ella parecía hacer esfuerzos supremos para no gritar y caer desfallecida. La señora la tomó en sus brazos y, dirigiéndose a Fernando, le dijo:
— Aléjese usted, señor, y perdónela, como nosotros le perdonamos a usted. Amaba, y la ha matado usted acusando a Enrique.
— Y a mí también me ha matado usted, Fernando —murmuró sollozando Isabel— porque yo le amo también como ella…
XXXII. Antes de la ejecución
Enrique pernoctaba en su celda lleno de temor. Había sido afortunado toda su vida, había arruinado a incontables mujeres y hombres, la fortuna lo había mimado y por eso al enfrentarse a la dificultad desfallecía como un niño.
No arrostraba a la muerte como el valiente, lo hacía más bien como el farsante que había sabido ocultar su cobardía en batalla.
Eran cerca de las once de la noche cuando oyó acercarse a un oficial.
Era Fernando Valle.
Flores le preguntó qué hacía allí, Valle por toda respuesta le indicó que se disfrazara con su atuendo y que escapara. Un criado suyo lo guiaría a casa de Clemencia que sin duda le proporcionaría caballos para llegar a Guadalajara, él se quedaría allí fingiendo ser el preso.
Enrique dudó al principio pero con la respuesta de Valle de que si quisiera verlo muerto bastaba con esperar al día siguiente se convenció.
Valle también le aseguró que hacía esto por la mujer que moriría después de él, luego agregó que deseaba que ella fuera feliz.
Flores le agradeció sumamente conmovido y se despidió disfrazado como Valle.
Ya en soledad Valle sintió que se había quitado un enorme peso de encima, dos lágrimas asomaron a sus ojos mientras pensaba en que nunca había pensado en morir en esas circunstancias.
Uniforme de soldado mexicano del siglo XIX
XXXIII. Desengaño
Clemencia, Isabel y sus respectivas madres lloraban o rezaban esperando lo inevitable. Clemencia miraba con frecuencia al exterior como esperando un correo de su padre.
Entonces alguien tocó la puerta con fuerza, el criado abrió y se trataba de Enrique en persona.
Nadie podía creer que estuviera allí. Relató la forma en la que escapó y la ayuda de Valle, luego le pidió a la madre de Clemencia caballos y un guía para ir a Guadalajara por caminos poco conocidos.
Al oír esto Clemencia titubeó, Flores aceptó la acusación, el plan era que desertara con toda su unidad y se pasara a los afrancesados, los folios eran suyos y en efecto era un traidor.
La bella señorita no pudo ocultar su disgusto, y no se dejó abrazar por Flores cuando se despedía, él preguntó si acaso ya no lo amaba y ella por toda respuesta le deseó buena suerte y le prometió que nunca la volvería a ver.
Flores se fue sumamente aturdido.
Cuando quedaron solas Clemencia rompió a llorar. Había amado a un traidor, a un hombre capaz de dejar que otro tomara su lugar al enfrentar la justicia. Le había roto el corazón a un noble y valiente patriota, lo había insultado y había pensado lo peor de él.
En su momento se atribuyó parte de la culpa en la muerte de Flores debido a su relación con su delator, pero tenía toda la culpa en la muerte de Valle.
XXXIV. Sacrificio inútil
Amanecía cuando llegó un correo del cuartel general, el indulto de Flores que su padre enviaba después de ceder la mitad de su fortuna al ejército.
La amargura se apoderó de Clemencia que desfallecía por las injusticias que había cometido.
El señor R… llegó a su casa a las diez, agotado e inquiriendo por Flores, su hija corrió sollozando a sus brazos.
Le relató todo el episodio del traidor y del valiente y con gran pesar su padre les explicó todo lo que Valle había hecho por ellos.
Así es que a su nobleza de conducta debe agregarse que no quiso que supiéramos que él era nuestro protector. De modo que yo regalé al otro mis caballos, y le tributamos nuestra necia gratitud, y ese infeliz mató su caballo, se quedó pobre, y va ahora tal vez a morir sin llevar de nosotros ninguna muestra de reconocimiento.
El señor R…
El dolor de todos aumentó con el relato y Clemencia no sabía qué hacer.
— Pero, en fin —exclamó el señor R… con resolución— señor, he sacrificado por ese villano la mitad de mi fortuna, aún me queda la otra para ofrecerla por este muchacho tan valiente, tan patriota y tan noble. Sólo que ¿cómo hacerlo? Me es imposible volver a Zapotlán. Escribiremos; ustedes se quedarán pobres, hijas mías, pero no tendrán un remordimiento.
— Trabajaré, padre mío, como una obrera, con tal de salvar a Valle. Su vida será mi herencia.
XXXV. El salvador
Al día siguiente un amigo de la familia les fue a dar la nueva, fusilarían a Valle por dejar escapar al traidor.
Se decía que al amanecer hizo llamar a su general y le dijo que había dejado escapar al reo.
El general le recriminó y le preguntó si sabía lo que había hecho, Valle respondió:
Sí; ponerme en su lugar. Estoy listo, y cuanto más pronto mejor.
Fernando Valle
Se envió un extraordinario al cuartel general y por la noche había sido respondido.
Fusilarían a Valle a la mañana siguiente.
También le llegó un mensaje al señor R… en el que se le liberaba de su compromiso con el erario.
El señor R… escribió al general en jefe, ofreciéndole todo su capital por la vida del desdichado joven; pero era preciso obtener una suspensión de la orden.
XXXVI. La fatalidad
Valle llamó al médico que hacía esta relación. Logró entrar a su celda después de muchos trabajos.
Allí el preso le dio un abrazo y las gracias por la amabilidad de acceder a su petición de verle.
Luego le contó brevemente su vida:
Había nacido en una familia rica de Veracruz, débil y endeble, siempre había sido despreciado por su padre sin saber por qué.
Su primer desencuentro fue que al hacerse amigo de un pobre muchacho compañero suyo del colegio se contagió de sus ideas liberales, la madre de su amigo estaba muy enferma y Valle la ayudó cuanto pudo, había sido una madre para él y sufrio grandemente cuando murió.
Debido a sus cuidados se retrasó en ir a las navidades con su familia y por eso lo castigaron severamente, su madre era la bondad personificada pero nada podía hacer por él pues su padre la dominaba con tiranía.
Lo hicieron aprender el oficio del armero mientras sus hermanos estudiaban en Francia y Alemania, después lo hicieron dedicarse al comercio, pero Valle se consumía de tristeza en ese trabajo.
Luego llegó la guerra y se identificó con la causa liberal, le escribió a su familia y entró al ejército como soldado raso, su padre lo desconoció completamente y le exigió que no los visitara nunca.
Tampoco había sido afortunado en el amor, todas las mujeres lo despreciaban y él, tímido pero altivo no quería ser molestia para nadie así que no insistía.
Amó por única vez en Guadalajara, la bella señorita que sin duda conocía por sus gestiones desesperadas para liberar a Flores. La que le había dado tal vez alguna señal de esperanza pero que en realidad fueron señales equivocadas, y por su felicidad es que daba gustoso la vida.
Lo único que lamentaba era que buscaba la gloria de sucumbir a la muerte de los valientes, a la sombra de su bandera republicana pero terminaría muriendo como traidor.
El doctor sofocaba sus gemidos y lágrimas, se despidió de Valle con un abrazo y diciéndole: “usted merecía vivir y ser grande”.
Fernando le entregó una carta para su familia y se despidió.
XXXVII. Bajo las palmas
Eran las siete de la mañana, en un paraje a las afueras de Colima, el paisaje hermoso y lleno de vida contrastaba con la sombría situación.
Una columna de caballería llevaba al preso, un elegante oficial que aunque pálido caminaba resuelto y sin venda al paredón.
Clemencia y su familia rogaban que la multitud la dejara pasar para verlo una última vez, tal vez por piedad le cerraban el paso, al fin pudo estar frente a Fernando aunque a la distancia, los granaderos le impidieron avanzar, la bella señorita quizo gritar para atraer siquiera la última mirada de Valle, pero se escuchó una descarga y el cadáver yacía tendido con el corazón atravesado por las balas.
Los fusileros se retiraron llorando: «¡era tan valiente aquél joven oficial!».
La multitud también se retiró y sólo quedó el carruaje de Clemencia. Su anciano padre se acercó al cadáver y con el permiso de los soldados cortó un mechón de sus cabellos y se encargó de gestionar su sepultura.
Epílogo
Pasaron algunos meses y el ejército republicano había sido derrotado. Todo el mundo había desertado. Los franceses eran los dueños de Jalisco y de Colima.
El médico llegó como pudo a Michoacán y luego debido a una enfermedad tuvo que encerrarse en la Ciudad de México.
Entonces aprovechó para cumplir la promesa que le hizo a Fernando. Fue a la casa de su familia y les entregó la carta.
Era el cumpleaños del padre, en la calle una columna de franceses desfilaba y a la cabeza iba Enrique Flores que lanzó miradas seductoras a las hermanas de Manuel y a sus amigas que se asomaban por un balcón.
Se volvieron aterradas al oír el grito del viejo aristócrata, la madre se desmayó y aquella casa que resonaba con las alegrías del festín se llenó de sollozos y gritos de desesperación.
La hermosa Clemencia se recluyó en el convento de las hermanas de la Caridad, allí la visitó. Aunque aún era muy bella su semblante y palidez recordaban al de un muerto.
— Poco me falta que sufrir doctor, me dijo: esto se va acabando.
Y mostrándome un pequeño relicario oculto debajo de su hábito:
— He aquí lo que me queda —me dijo—, un hábito que me consagra a los que sufren, y esto que me consagra a la muerte… ¿Sabe usted?… son sus cabellos… espero que él me habrá perdonado desde el cielo.
Clemencia
Análisis y comentarios sobre ‘Clemencia’ de Ignacio Manuel Altamirano
Introducción
Clemencia es considerada una novela de gran importancia en la historia de la literatura mexicana. Enmarcada en un momento de crisis, expone dos caras de la sociedad nacional de la segunda mitad del siglo XIX.
En este breve comentario intentaré sintetizar algunas de sus lecturas e interpretaciones. Estas se pueden resumir en las siguientes premisas:
La tendencia literaria de la época y su dirección es marcadamente romántica pero también tiene motivos ulteriores, entre ellos, promover la agenda ideológica del autor
La novela expone una perspectiva sobre el racismo en México que a la fecha está vigente en muchos lugares sociales y espaciales del país
La obra es empleada como herramienta para consolidar la identidad nacional en oposición al favoritismo por lo extranjero
Sobre el racismo en méxico (parte 1)
Un tema incómodo, pero que ningún mexicano con criterio va a negar. El racismo ‘sutil’ (y a veces totalmente descarado) es una realidad en la mayor parte del país, pero eso no es nada nuevo.
Varios investigadores concuerdan en que las intenciones pedagógicas de Altamirano se identifican con el ‘letrado del siglo XIX’. Esto es: ‘diseñar un discurso que incorpore y valore lo rural para construir la identidad nacional’, discurso en el que ‘la raza’ es fundamental.
Dicho discurso está presente en toda su obra, pero se manifiesta con más intensidad en ‘El zarco’. Aunque esa historia será la tercera entrada de esta ‘mini-saga’ de entradas (y en ella trataremos con más profundidad la cuestión), también tiene relación con ‘Clemencia’.
Doris Sommer en ‘Foundational Fictions’ califica a ‘El zarco’ como novela fundacional pues el ‘Eros y la Polis’ son inseparables. En un romance fundacional la promesa de la consolidación amorosa es un símbolo de la consolidación de la nación.
Nicolas y Pilar, morenos/mestizos y ciudadanos ejemplares al final tienen una relación exitosa, el desenlace realiza el éxito de la nación-estado, vinculando el ‘Eros y la Polis’.
Por su parte Valle, calificado de pálido y enclenque, no parece pertenecer a algún fenotipo en específico. Aunque la descripción de su familia sugiere que es blanco, la mayoría de sus características apuntan a que era mestizo, al menos en un sentido ideológico.
Su adversario por otro lado era un ‘león parisiense’, rubio y fuerte, que descollaba rasgos y maneras europeos, igual que Isabel que era una ‘inglesa nacida en México’.
Clemencia, es una ‘hurí’, una ‘sultana’, lo que hace pensar en una mujer de apariencia árabe, aunque hay ocasiones en las que se dice que era una ‘española’.
En cualquier caso, en la sociedad de mediados del siglo XIX (y aún en la actualidad) el que tiene rasgos europeos es favorecido por sobre el mestizo (el nativo ni siquiera entra en la discusión, dato random, durante los primeros años de independencia, los indígenas no existían “desde el punto de vista de la vida de la nación” tanto para liberales como conservadores, véase “Los ecos de la conquista y la colonia reaparecen en los momentos de crisis interna mexicana”. Entrevista a Tomás Pérez Vejo).
Contradiciendo los axiomas de la sociedad, Altamirano revierte los valores típicos al despreciar al blanco(a) y favorecer al moreno(a). Siempre le da la ‘superioridad moral’ al ‘menos europeo’. Nicolás, Valle, Clemencia (al final). Para él, el mestizaje es algo beneficioso, en toda su obra tiende a favorecer al protagonista mestizo.
Estamos hablando de una de las premisas centrales en el nacionalismo mexicano del siglo XIX, premisa que sería retomada por multitud de intelectuales mexicanos, como Vasconcelos y su definición de la ‘raza cósmica’.
Aún así, para la mayoría de élites políticas, sociales, económicas y militares (muchas veces estas élites se intersectan en un solo individuo) la única persona capaz de raciocinio y sensibilidad, la única que ‘cuenta’ en el desarrollo de la nación es el blanco.
Viena a la mente lo que escribió Manuel Payno cuando Rugiero de ‘El fistol del diablo’ dijo: “Los Estados Unidos tienen veintidós millones de habitantes, y vosotros apenas sois dos millones de gente blanca, pensadora, apta y capaz, con cinco millones de indios excelentes para cultivar el maíz y para batirse con una especie de frialdad e indiferencia, pero nulos para todo lo demás”.
Aún si escribió esas líneas con ironía (le doy el beneficio de la duda), el argumento del italiano demuestra la opinión generalizada de la época sobre ‘que raza es mejor’. Incluso teniendo a personajes como Morelos, Guerrero, o el mismo Altamirano como excepciones a la regla.
Discutiremos más de este tema en la entrada de ‘El Zarco’, este micro bosquejo del racismo en México sirve para resaltar un aspecto central en la obra: ‘En México, entre más blanco seas, mejor te va (y eso no está bien)’
“Las mujeres aman la forma”
El caso de Ignacio M. Altamirano es atípico en múltiples sentidos. Era un hombre de ascendencia completamente nativa, era una personalidad política de su tiempo y era un hombre sumamente instruido.
Estas diferencias respecto a sus contemporáneos, tanto escritores como políticos y militares que en su mayoría eran de ascendencia española, criollos a la usanza de don Lucas Alamán o Manuel Payno, (obviamente con excepciones como don Ignacio Ramírez o el mismo Juárez) también se perciben en sus escritos.
Lo más común era que el héroe de la historia fuera el ‘hombre blanco civilizador’ que vencía al mal con sus cualidades superiores ya fueran morales, físicas o cognitivas. Muchas veces el mal era encarnado en el nativo salvaje, cuyas mujeres caían rendidas al influjo del ‘bravo civilizador’, y este tropo se mantuvo vigente hasta bien entrado el siglo XX llegando incluso a la pantalla grande (sobre todo de producción anglo-americana. En efecto, si México era racista, el norte lo era aún más).
En contraste, algunos críticos sumarizan la ‘moraleja’ de ‘Clemencia’ como una advertencia a las mujeres caprichosas. De nuevo, no haría falta una crítica de este tipo si no hubiera una patente preferencia por los fenotipos ya citados por sobre los nativos.
El mismo Altamirano probablemente tenía experiencia en el asunto pues en “A Leonor en su álbum”, poema satírico (y valiente), escribió:
“El oscuro color de mi semblante ha espantado tal vez vuestra belleza, porque queréis, señora, en vuestro amante un monstruo de hermosura y de riqueza.
Cuando algún indio como yo, señora, de tez cobriza, de melena dura, de una Venus de Gnido se enamora, debe hallarse atacado de locura.
Todo eso habéis pensado, lo imagino, la amarga chanza de mi suerte es esa, siempre encuentro una tonta en mi camino, siempre algún animal se me atraviesa.
¿Pensasteis que os amé? Pues estáis loca, vuestra hermosura tan preciada y fiera no conmovió mi corazón de roca, ni mi alma desdeñosa y altanera.
Yo odio a las mujeres casquivanas que abundan como vos, sin duda alguna, que andan de sus personas muy ufanas sin mirarse jamás en su tontuna”
Otro fragmento dice:
“No faltará algún tonto que os espete mil himnos lisonjeros, no lo dudo, ni faltará algún lúbrico vejete que os pida ansioso para ser cornudo.
¿Pero yo enamoraros? Ni por pienso, no me habéis, de seguro, sondeado, tengo un orgullo insuperable, inmenso; contra ese orgullo el vuestro se ha estrellado.
Yo soy un indio como nadie feo y me vivo soberbio en mi pobreza, pero a los míos desdeñoso veo, sin inclinar a nadie la cabeza.
Ando muy orgulloso de mi cuna, nací en el Sur, y aunque nada os cuadre, jamás pedí limosna en puerta alguna, como lo hizo otra vez vuestro buen padre.
El padre mío siembra en la montaña laborioso el maíz, no está indigente, mantiene a su familia en su cabaña y eleva limpia su altanera frente.”
La poesía de Altamirano está tremenda ¿no crees?. Esas líneas me recuerdan un poco a Valle que dijo:
“En cuanto al estado de mi corazón, confieso a usted que nunca he amado antes de llegar a Guadalajara, porque francamente no he sido simpático a las mujeres; y alguna vez que me he inclinado a alguna, pronto su desvío me ha hecho comprender que la molestaba, y, tímido por carácter, pero altivo en el fondo, me sentía humillado y me retiraba pronto.”
Fernando al doctor
En la ética de Altamirano, la apariencia bella y robusta del físico está subordinada a la moral interior. De modo que Nicolás, aunque no sea de físico agraciado, tiene el «alma hermosa». Por su parte, aunque Enrique Flores tiene un cuerpo deslumbrante, su personalidad es vacua.
Rubio de ojos azules y agraciada condición física y psíquica, según los estereotipos de belleza nórdica, Enrique representa la imagen opuesta de Fernando.
Como subalterno, Fernando es invisible, o en el mejor de los casos su presencia resulta molesta para la sociedad burguesa criolla. La siguiente nota autobiográfica de Altamirano se deriva de su genealogía social y cultural: «Mis antecedentes son humildes, he probado desde mi infancia el cáliz de las miserias de la vida».
Es posible que Altamirano se esforzara tanto por ‘enseñarle a las masas’ que no es bueno despreciar a nadie por su aspecto porque él había experimentado de primera mano lo cruel que puede ser la sociedad para con quien considera ‘inferior’ únicamente por su ascendencia o posición social. Por eso sus personajes mestizos demuestran una gran valía, como para mostrarle a la gente que también hay ‘indios’ (ellos así los llamarían) que pueden lograr grandes hazañas.
No solo eso, los hombres y mujeres normalmente despreciados, cobran importancia en la obra de Altamirano al ser personas de talento, valientes, y de gran sensibilidad.
Y se vale de Clemencia e Isabel para expresar sus teorías sobre la forma en que la sociedad (y las mujeres) juzgaban a los individuos.
“Por otra parte, hemos dicho que Flores era hermoso, e Isabel era de esas mujeres para quienes la forma es todo. Su pobre primo no podía sostener una comparación física con el joven y gallardo rubio.
Clemencia se parecía mucho en esto a su amiga. Adoraba la forma, creía que ella era la revelación clara del alma, el sello que Dios ha puesto para que sea distinguida la belleza moral, y en sus amigas y amigos examinaba primero el tipo y concedía después el afecto.
Y esto no da derecho a suponer que las dos jóvenes careciesen de talento y de criterio, no; la naturaleza había sido pródiga con ellas en dones físicos e intelectuales. Clemencia pasaba por tener una de las inteligencias más elevadas del bello sexo de Guadalajara. Isabel era citada por su talento. Ambas estaban dotadas del sentimiento más exquisito. Eran mujeres de corazón.
Pero juzgaban como juzgan casi todas las mujeres, por elevadas que sean, y eso en virtud de su organización especial. Aman lo bello y lo buscan antes en la materia que en el alma. Hay algo de sensual en su modo de ver las cosas. Particularmente las jóvenes no pueden prescindir de esta singularidad, sólo las viejas escogen primero lo útil y lo anteponen a lo bello. Las jóvenes creen que en lo bello se encierra siempre lo bueno, y a fe que muchas veces tienen razón.”
El doctor
El amante-poeta de los cuentos de hadas
Creo escribir una obviedad cuando menciono mis sospechas de que hay mucho de Ignacio Manuel Altamirano en los héroes de sus obras.
Presiento que de entre todos ellos, el que más se acerca a él es Valle, no en su noble cuna, o en sus amores truncados, sí en el desprecio que algunos habrán de haberle hecho sentir, pero sobre todo en su ‘corazón’.
En palabras de Amanda Petersen, “Valle es el mejor de los hijos fabricados por la nación”.
Es valiente, patriota, orgulloso, y afronta la adversidad con estoicismo (‘cualidad’ nacional que Octavio Paz también notó).
Pero de nuevo contradiciendo las tendencias que previene con el discurso del médico sobre la sensibilidad y el romance, Altamirano lo retrata como un idealista romántico.
Altamirano percibe que la adopción de las costumbres extranjeras terminaría por ahogar el antiguo romance mexicano, coincidiendo con Bello y Teresa de Mier (y después Darío y los modernistas), que preveían la invasión del norte, no solo de manera física, si no también cultural.
“Sea como fuere, nosotros advertimos, y esto es muy perceptible, que a medida que nuestro pueblo va contagiándose con las costumbres extranjeras, el culto del sentimiento disminuye, la adoración del interés aumenta, y los grandes rasgos del corazón, que en otro tiempo eran frecuentes, hoy parecen prodigiosos cuando los vemos una que otra vez.
Cuando el mundo está así, la poesía es imposible, la novela es difícil, y sólo hay lugar para los cuentos de cocotas que hoy hacen la reputación de los escritores franceses, o para las sangrientas sátiras que, no por disfrazarse con la elegancia moderna, son menos terribles en la boca de los juvenales del siglo XIX.”
El doctor
Este ‘idealismo en extinción’ se manifiesta en la conversación entre Valle y Flores del capítulo XI, en el que se enfrentan dos ideologías: Valle y su amor sencillo pero honesto contra Flores y su pragmatismo, el mismo Flores dijo:
“Yo no soy platónico; y, con perdón de usted, creo que el platonismo es manjar de tontos. En este tiempo en que se vive tan presto, sacrificar los mejores días a los goces de lo que ustedes llaman alma, es pasar una hermosa mañana de primavera estudiando geografía en un gabinete; es pasar una hermosa noche de estío traduciendo el Arte de amar. Así, pues, en cuanto a mujeres…
— ¡Ah, sí! en cuanto a mujeres, demasiado sé cuán afortunado ha sido usted.
— He hecho llorar algunos hermosos ojos aquí en mi inculta patria, donde todavía se usan el color natural y las lágrimas sinceras; pero reflexione usted en que sería peor para mí, verme obligado a lamentar el rigor de las desdichas. Con las mujeres no hay remedio: o tiene uno que engañar o que ser engañado. ¿Preferiría usted ser lo último?”
Flores representa al extranjero, además de en apariencia, también en costumbres y moral. Es un hombre que se envanece de sus conquistas pero únicamente como “embellecimiento del camino de la ambición”.
Para Fernando el amor no debe ser la diversión del libertino. No admite la impiedad de ‘mancillar una flor’. Tiene al amor como sustento del hombre, la fuerza que lo motivaría a aún más arrojo y valor, en su opinión, la vida del amante-guerrero es una digna de perseguir.
Amor y Patria
Podemos hacernos una idea de esto al leer las cavilaciones de Valle la noche después de recibir la flor, en la que se convence de luchar con más bravura ahora que tiene a su alcance “la gloria del soldado y del amante”. Como decía Sommer, el amor romántico y el patriotismo se confunden y entremezclan constantemente.
En la misma conversación en la que se enfrentan las ideologías afrancesada y nacional leemos el siguiente diálogo:
— Pero dígame usted, Flores, con semejantes ideas cuyo origen no me es desconocido ya ¿cómo es que sirve usted en el ejército, y en un tiempo como este, en que la República anda de capa caída? Flores sonrió y se turbó un poco ante la mirada fija de Valle.
— Precisamente por eso vengo aquí. ¿Usted tiene fe en el triunfo de la independencia?
— Tengo gran fe, una fe incontrastable.
— ¿Y usted cree que no morirá en la lucha?
— Eso no lo sé: nada difícil es que muera; pero moriré con la conciencia de que tarde o temprano triunfará la República.
— Pues bien; yo también tengo fe, y hay algo que me dice que sobreviviré a la guerra. Usted comprenderá que vamos a quedar muy pocos, y de esos pocos me propongo ser uno. El camino así se hace más corto, y yo llegaré a mi fin.
— De modo que el patriotismo entra muy poco en los propósitos de usted.
— El patriotismo tiene sus móviles de diferente especie; para unos es cuestión de temperamento, para otros es la simple gloria, ese otro platonismo de los tontos. Para mí es la ambición. Yo quiero subir.
Citando a José Gomaríz “Clemencia recrea una época de crisis y renovación de la vida nacional mexicana mediante un discurso antihegemónico de afirmación cultural y nacional codificado en un romance amoroso, cuya dinámica libidinal está en consonancia con el destino socio-histórico y político basado en el proyecto republicano, social y democrático que Altamirano concebía para México.”
En otras palabras, la guerra con los franceses sirve de marco al nacionalismo de la novela.
Igual que con el concepto del amor de Flores y Valle, encontramos el enfrentamiento entre el ser un patriota o ser un traidor.
A pesar de su garbo y galanura, Flores es un ‘afrancesado’ que tenía planeado desertar con su tropa para unirse a las tropas invasoras. Valle deseaba entrar en combate cuanto antes, al principio por su amor a la patria, luego por su amor a Clemencia (que según Summer es lo mismo).
No obstante, cuando Valle se ve enamorado por completo, en su corazón surge la disyunción entre sus deberes de patriota y sus afectos de enamorado. Y no titubea en poner a la nación primero. Pero al final de la historia hace justo lo contrario, se convierte en un traidor a la patria al liberar a Flores para complacer a su amada.
Romanticismo: Hacerse matar por amor (o ‘Sobre el suicidio’)
Altamirano siguió la tendencia inaugurada por Goethe en ‘Werther’, un triángulo amoroso que termina en el ‘suicidio’ del enamorado no correspondido.
Así los afectos de estos personajes califican como ‘románticos’ (en sentido literario) debido a la imposibilidad de la realización del amor.
La personalidad de Valle es también muy asociada con el suicidio.
Es retratado como un personaje taciturno y huraño, despreciado por todos, su familia, su tropa y las mujeres. Justo cuando alguien le ofrecía alguna esperanza, no se trataba de más que un ardid para darle celos a otro hombre.
Para Adriana Sandoval la muerte de Valle es un suicidio debido a las múltiples referencias a ese acto a lo largo del la obra, “no había para él punto medio entre el amor de Clemencia y la muerte”, deseaba matar o morir en el duelo con Flores, en gloriosa batalla o en última instancia por su propia mano como le dijo al doctor cuando el coronel no le permitió batirse con Enrique.
Y ya desde el principio de la obra su carácter romántico es manifiesto cuando el doctor dice que va a relatar una “historia de amor y desgracia”.
Para varios críticos el ‘suicidio’ de Valle es todo menos ‘patriótico’.
Valle decide contravenir todo por lo que había luchado hasta entonces por el amor a Clemencia. El capitán confirmó sus temores y cambió el amor a su causa por su amor a la doncella. Realizando un acto de traición que debilitó al ejército de occidente al quitarle a su “comandante más capaz” y favoreció a los invasores al dejar libre a Flores.
Tiene mucho de ‘romántico’ esta última decisión, pues el amor terminó siendo lo más importante para Valle.
En el plano psicoanalítico Sandoval asegura que Valle admira y envidia a su contraparte (guapo, rico, seductor y amado por todos). “Al apropiarse de su lugar frente al pelotón de fusilamiento, [al final] logra identificarse con su oponente e incluso toma[r] su lugar.“
Valle traiciona a la patria tanto como Flores y ante la imposibilidad de hacerlo como un conquistador amoroso, guapo o seductor, se iguala con él en la traición.
En el mismo tenor es común que los suicidas “culpen” o señalen a alguien de su muerte (como dicen que hizo Manuel Acuña por ejemplo).
Valle se dirigió en particular a su padre con la misiva que entregó al doctor, se desconoce su contenido pero debe ser significativo pues el severo aristócrata que nunca manifestó afecto por Fernando emitió un “gran grito de dolor” al leerla.
Clemencia por su parte se siente culpable por la muerte de Valle, ya fuera por usarlo como catalizador para seducir a Flores o por insultarlo en la prisión. Se considera a sí misma la asesina de Fernando, mientras que el doctor en el desfile del epílogo llama a Enrique “el miserable autor de la muerte de Fernando”, subrayando su desprecio por el traidor.
Si ese es el caso, la muerte de Valle resultó ser una venganza sumamente refinada.
¿Por qué Altamirano decidió frustrar el amor en Clemencia?, ¿por qué mató a Valle?
En un principio pudiera carecer de sentido literario en términos de narración fundacional y de la justicia poética. Zuhua Liang y Frindhelm Schmidt han intentado conciliar esta ‘contradicción’ como una forma de final irónico.
Así, tenemos una novela nacional en la que parecería que no se manifiesta de manera patente la promesa de la consolidación de la nación. La crítica ha propuesto la explicación del final trágico como una lección moralizante y/o una crítica de mujeres caprichosas (aunque en ‘Julia’ no hizo falta matar al protagonista para lograr el mismo objetivo).
‘La sultana’ llora profusamente y cambia para siempre sus hábitos de coqueta para consagrarse a la religión probablemente buscando expiar sus culpas.
El ciudadano modelo y patriota muere como un traidor sin enterarse nunca del cambio de opinión de Clemencia y su rechazo a Flores (es posible que la novela busque enaltecer el nacionalismo y las buenas prácticas morales, como no juzgar con base en las apariencias).
Si lo comparamos con el ‘corpus’ literario de Altamirano esta es una historia atípica, ‘Clemencia’ manifiesta una ‘anomalía’: el romance entre los mestizos es truncado, y el villano, de rasgos Europeos vence en casi todos los frentes, con la pérdida del amor de Clemencia como único ‘castigo’ por su traición.
Ninguno de los investigadores mencionados pretende explicar el trágico final de Clemencia, que pasa por ‘des-fundacional’.
Teorías sobre la violencia
Alejandro Cortázar también interpreta la muerte de Fernando como suicidio.
Su interpretación niega la lectura de José Gomáriz del protagonista como héroe que se ofrece para salvar a Clemencia y resalta el desarrollo de la subjetividad del individuo romántico. “¿Es irónico el desenlace de Clemencia? ¿La tragedia romántica solo sirve para enseñar a las mujeres a no ser caprichosas o al mexicano a dudar de las apariencias?”.
“¿O solo para crear el sujeto trágico-romántico por excelencia? Si aceptamos que las novelas de Altamirano tienen una función pedagógica, ¿Cuál es la lección de la muerte del mejor ciudadano, del hijo fabricado por la nación?”.
Amanda Petersen cree que no es un final irónico. ni una lección frívola, ni una representación contradictoria del nacionalismo.
Para ella la muerte de Fernando no es un sacrificio inútil cuando se examina a través de las teorías de René Girard sobre la violencia y el sacrificio.
Girard fue un filósofo francés famoso por su teoría de la ‘mímesis’ que trata de describir el motivo de los deseos/motivos humanos. En pocas palabras, Girard pensaba que nuestros deseos se definen gracias a los deseos de los demás. Debido a esto surgen conflictos que eventualmente se desvían del motivo original y se convierten en confrontación, a veces violenta.
Con el tiempo propuso que esto pasaba desde los albores de la civilización. Cuando el conflicto se convertía en crisis se hacía necesaria la muerte (social o literal) de un individuo o grupo de individuos como ‘chivo expiatorio’.
La sociedad entonces recordaría tanto la violencia como el fin de esta y frecuentemente la ‘desdibujaría’ con ritos, mitos y prohibiciones (léase leyes). En teoría este tipo de expulsiones se repitió a lo largo de la historia llegando a nuestros días mudando de presentación a cada iteración.
Girard percibe dos tipos de violencia: una beneficiosa (ritual, generativa) y otra dañina (recíproca, descontrolada). La violencia no puede ser disminuida, solo subvertida. Por eso, cuando la violencia negativa emerge, se presenta una crisis sacrificial y hay que tener una válvula de escape: el sacrificio ritual. El orden (la violencia ritual, controlada) de la sociedad es restaurado a través del mecanismo del sacrificio.
Wikipedia
El marco histórico de Clemencia es una época de crisis, de violencia recíproca y descontrolada. Petersen propone que Fernando es la víctima del sacrificio ritual para la sociedad nacional, con lo que su muerte sería el fundamento para la nación ideal de Altamirano.
Valle es presentado como una ‘víctima sacrificable’ en palabras del doctor/narrador, pues según Girard, la víctima sacrificable tiene que ser alguien diferenciado de la sociedad, un marginado.
El aislamiento de Fernando es más evidente con la presencia de Flores, presentado como su opuesto: rubio, robusto y sociable.
El siguiente aspecto a considerar en una crisis sacrifical es el ‘doble monstruoso’, concepto acuñado por Girard para definir una relación de imitador-imitado que se intercambia constantemente, situación que eventualmente desemboca en violencia.
Fernando y Enrique se intercambian repetidas veces: primero en sus objetos de conquista, Fernando amaba a Isabel pero al ver que no era favorecido se hace a un lado para que Enrique la corteje, y en cambio accede de mala gana a ir por Clemencia, aunque sabe que ella no está realmente interesada en él.
Luego Fernando es un traidor ante sus superiores del ejército cuando en realidad lo era Enrique. Cuando se defiende y el segundo es enviado a prisión vuelve a tomar su lugar como el traidor y finalmente, el amado de Clemencia.
Que se ‘desdibuje’ la línea entre héroe y traidor en la persona de Valle demuestra la crisis a la que se enfrentaba la nación durante la invasión francesa.
La nación representada es una que no puede distinguir entre sus aliados y sus enemigos: sus propios ciudadanos apoyan la invasión francesa y sus soldados liberales son tan ambiciosos que incluso el que parece ser el mejor de sus militares, Enrique, traiciona a la patria.
Amanda Petersen
Incluso la estructura de la historia, con capítulos enfrentados colabora para alcanzar este fin. Todos los personajes están inclinados a la violencia. Incluso Clemencia piensa en el suicidio.
“Surge una reacción en cadena que, desde la perspectiva de Girard, solo puede ser detenida con el sacrificio ritual de un individuo que es calificado como la causa de la contaminación de la comunidad, Fernando, en este caso.”
Petersen
El tratamiento que recibe Fernando a partir de que se sabe que se sacrifica para que su amada Clemencia/La Patria sea feliz, es el de un hombre “hermosamente heróico”. Sus rasgos que lo hacían antipático desaparecen y arrostra la muerte con estoicismo y resignación. Su cadáver es tratado como el de un santo mártir, y Clemencia guarda su cabello como reliquia.
La intención de Altamirano (según Petersen) era que todos los que escucharan esta historia verían sus ánimos patrióticos restaurados y convertirían en leyenda los actos del mejor patriota que había dado la nación, encarnado en Valle.
Dentro de la ficción el doctor desprecia a los colaboracionistas y a los invasores, y por lo visto todos los soldados de su regimiento compartieron ese sentimiento (e.g. los fusileros que ejecutaron a Valle lo hicieron con lágrimas en los ojos).
Y Clemencia, la mujer de las grandes pasiones, hermosa, coqueta, la gran seductora, se convierte en una monja, una muerte simbólica, señal de renuncia a la pasión carnal que emanaba al conocer a Flores y a Valle.
Es un símbolo que registra una leyenda oral para la memoria colectiva y que encarna el discurso de la novela fundacional, la construcción de la nación que cumple con el proyecto literario altamiranesco.
Petersen
Conclusión
En resumen, hay diversas formas de ‘leer’ a ‘Clemencia’ de Ignacio Manuel Altamirano.
Para Petersen, la muerte de Valle es un sacrificio ritual que daría nueva vida al moribundo nacionalismo luego de las repetidas derrotas ante los invasores.
Adriana Sandoval coincide con Alejandro Cortázar en que Valle se suicida como un romántico, sin emitir juicios sobre las intenciones del autor, aunque si es una forma de venganza en contra de la superficial doncella, sería una venganza ‘sumamente refinada’.
José Gomaríz piensa que la novela “recrea una época de crisis y renovación de la vida nacional mexicana mediante un discurso antihegemónico de afirmación cultural y nacional codificado en un romance amoroso. En este romance, la dinámica libidinal está en consonancia con el destino socio-histórico y político basado en el proyecto republicano, social y democrático que Altamirano concebía para México”.
Aunque a veces las opiniones pueden divergir, en estos tres ensayos se coincide en las intenciones políticas/ideológicas de Altamirano al publicar la novela, es decir, proponer lo que pensaba que debería pasar en la nación al lidiar con influencias extranjeras, tal vez incluso en prevenir contra la superficialidad al juzgar a los demás.
También en todo caso, Altamirano aspiraba a la creación de una literatura nacional con base en historias que expresaran la identidad mestiza de la nación.
Así que sin importar la interpretación que le des a ‘Clemencia’, es una novela que busca ser ‘mexicana’. Haciendo que su lectura sea ‘obligatoria’ para todo el que se interese por comprender la literatura de ese país. Desde los aspectos geopoliticos hasta las tendencias literarias de la época, sin duda una pieza fundacional en las letras nacionales.
Nota del curador de la entrada
Pueeeees, la entrada está probando ser bastante más extensa de lo que había estimado y por eso la tendré que publicar en partes.
Planeo completarla antes del dieciséis de septiembre (lol), así que dáte una vuelta aprox por esas fechas XD.
Actualización del veinte de septiembre: La entrada está muy grande, y mi cuota de tiempo disponible para el blog se ha reducido un poco, así que igual y toma aún más tiempo terminarla. Ya no quiero dar fecha estimada porque no soy muy bueno cumpliendo plazos (T.T). Aún así la iré actualizando conforme me sea posible, soooo pásala bien XD.
Actualización del cinco de diciembre: Bruhhhhh, por fin la entrada está completa, pienso que está muy interesante todo lo que sale de la narración que pudiera parecer un romance simple y llano, pero justo como los críticos teorizan, en una novela hay mucho más que una historia, es casi como un destello del universo interno del autor, que ineludiblemente es afectado por su entorno, por lo que se puede discernir un pedacito del mundo que vivieron, eso está tremendo. En fin, aquí termina la cuarta temporada oficialmente, estaremos de regreso el año que viene :3.
Fuentes
Sandoval, A. (2007). Fernando Valle: un suicida romántico, en Clemencia de Altamirano. Literatura Mexicana, 18(2).
Petersen, A. (2014). ¿Sacrificar al héroe para fundar nacionalismo? Clemencia, de Ignacio Manuel Altamirano. Literatura Mexicana, 25(1).
Gomáriz, J. (2001). Nación, sexualidad y poder en Clemencia de Ignacio Manuel Altamirano. Literatura Mexicana, 12(2).
‘Azul’ es un volumen de relatos cortos y poemas escrito por Rubén Darío y publicado en 1888. Es considerado el detonante del ‘Modernismo’ latinoamericano y uno de los hitos en la literatura en Español. En esta entrada discutiremos el contenido del libro, su contexto y su legado.
Sobre Rubén Darío
Aunque fascinante, su vida no es el objeto de esta entrada. Además de prodigio de las letras, le gustaba irse de fiesta y pasarla bien con los amigos. Muchos de ellos poetas y diplomáticos. Nació en 1867 en Nicaragua.
Criticaba a la burguesía pero al mismo tiempo dependía de ella y tenía opiniones encontradas respecto a los movimientos socialistas de principios del siglo XX.
Mucho de su trabajo se cristalizó en lo que hoy se llama ‘Modernismo’ (va a haber entrada, de momento revisa la ‘historia de la literatura hispanoamericana‘ XD), aunque no fue el único inventor del movimiento pues muchos de sus contemporáneos colaboraron en el refinamiento de esta estética.
Lo que es cierto, es que fue el más influyente y famoso de los modernistas. Su influjo es perceptible en todos los países de habla hispana.
Tan es así que se le apodó ‘El príncipe de las letras castellanas’. Pocos autores pueden gloriarse de ser tan influyentes como él en toda la historia de la literatura en Español.
Monumento a Rubén Darío
Contexto literario (y no tan literario) de ‘Azul’ de Rubén Darío
En 1888 Jack el destripador se paseaba por Londres. La era Meiji de Japón estaba en su apogeo y la ‘Pax Porfiriana’ tenía bien sujeta a México.
En el mundo literario el gran Antón Chéjov publicaba ‘La estepa’. El maestro del relato breve Guy de Maupassant también hacía de las suyas y Benito P. Galdós llevaba ya varios años ejerciendo como escritor.
El romanticismo estaba pasando de moda al menos en Europa. Y había un poco de neoclasicismo derivado del (y este es el último ‘ismo’ del párrafo XD) parnasianismo francés.
Por algún motivo todo lo que hacen los franceses gusta (¿gustaba?) en Latinoamérica, así que hubo versiones del parnasianismo en toda la región. Autores como Salvador Díaz Mirón, Manuel Gutiérrez Nájera y Amado Nervo (entre otros) son considerados parnasianos y al mismo tiempo precursores del modernismo.
La estética de este movimiento tenía a la belleza como fin más importante. Le daba un gran cuidado a la forma clásica, así que no había mucho espacio para la innovación estilística. Abordaba temas de cariz artístico lo más lejos posible del ‘vulgar’ realismo que también estaba en boga como respuesta al romanticismo.
Los parnasianos como su nombre sugiere (del monte Parnaso, hogar de las Musas) preferían referenciar a la antigua Grecia y los clásicos. Aunque también manifestaban interés en el lejano oriente (son los weebs/otakus de principios de siglo lol).
En fin, que esta forma de hacer literatura estaba de moda cuando Darío publicó Azul y es de opinión generalizada que el parnasianismo tuvo mucha relación con el modernismo.
El modernismo coincidía en su admiración a los clásicos griegos. En el cuidado de la presentación formal del texto y en su rechazo al ‘sentimentalismo’ del romanticismo. Se separaba del realismo al preferir temas y contextos exóticos/fantásticos, pero no se limitaba a las formas clásicas. En el modernismo hay verso en prosa, verso libre, se recuperó el verso alejandrino entre otras ‘innovaciones’.
Se considera a ‘Azul’ el primer volumen plenamente modernista.
‘El parnaso’, fresco de Rafael en el Vaticano
Contenido de ‘Azul’ de Rubén Darío (y un micro resumen de cada cuento)
La primera edición se dividía en cuatro secciones: ‘Cuentos en prosa’, ‘En Chile’, ‘El año lírico’ y dos ’poemas sueltos’. Ediciones posteriores agregaron varios relatos, poemas y notas aclaratorias, vamos a resumir únicamente los componentes de la primera edición.
Cuentos en prosa [spoilers]
El Rey burgués: Relato de un poeta en un reino gobernado por un rey burgués, por contradictorio que pueda sonar, [spoiler] precisamente por ser un rey de pacotilla tiene mal gusto y por lo tanto no le encuentra utilidad al poeta, así que lo pone a darle vueltas a la manivela de una máquina que produce música y así podrá comer, llega el invierno y el rey se olvida del poeta dejándolo solo en la intemperie moviendo su manivela para siempre.
La Ninfa: En una reunión, seis amigos, todos artistas ‘unos más, unos menos’, discuten de variados temas. La anfitriona, la excéntrica actriz Lesbia, expresó su inclinación amorosa hacia los sátiros y los centauros, luego de una digresión del sabio del grupo recordando antiguas referencias a los citados. El narrador dijo que él amaría a una ninfa si existiese, Lesbia le aseguró que vería a una.
El fardo: Relato muy emparentado con el naturalismo en el que un viejo trabajador de puerto le cuenta a un poeta sobre la muerte de su hijo, que al final de su vida fue tratado como (adivinaste) nada más que un fardo en el tráfago portuario…
El velo de la reina Mab: Una reina de las hadas, la reina de Mab estaba escuchando a cuatro hombres lamentarse de los regalos que les habían hecho; ‘una cantera, el iris, el ritmo, el cielo azul’, todos tenían alma de artista y habían logrado grandes obras, pero les esperaba un futuro sombrío de pobreza, tristeza e ignominia. La reina terminó de oírlos y con su velo les insufló esperanza, desde entonces los artistas piensan ‘en el porvenir como en la aurora’.
La canción del oro: ‘Un harapiento, con trazas de mendigo, quizá un poeta’, se paseaba por la calle de los palacios, en eso llegó un carruaje con una pareja muy adinerada. El hombre los vio entrar a un edificio magnífico y después de morder un mendrugo de pan petrificado que sacó de su bolsa comenzó a cantarle al oro, con ironía y desprecio. ‘El eco se llevó aquel himno, mezcla de gemido, ditirambo y carcajada’.
El rubí: Una asamblea de gnomos discutía sobre el último invento del hombre, un rubí artificial, los mineros mostraban su admiración por la gema creada por la ciencia, excepto un viejo patriarca que les contó el origen de los rubies genuinos. Luego de ello los antes admirados gnomos repudiaron la falsa gema y le agradecieron a la madre tierra, de ‘seno inextinguible’ por sus dádivas y regalos.
El palacio del sol: Cuento notablemente sugerente que relata la historia de una niña enfermiza que es curada por un hada que la lleva al palacio de un rey sol, donde baila y disfruta de la pasión juvenil. Al final el narrador les recomienda a las madres de niñas con problemas de salud que las manden al palacio del sol y verán cómo regresan llenas de vigor y color en las mejillas (bruh, esto está fuerte XD)
El pájaro azul: Una pandilla de poetas y demás artistas se reunían con frecuencia en un café, allí acudía también Garcín, ‘el pájaro azúl’. Se había ganado ese apodo porque siempre decía que en su cabeza había un pájaro azul que lo encaminaba a los versos, y escribía unos muy buenos, algunos dedicados a Niní, su amable vecina. Un día su padre le quitó la pensión y le prometió volver a dársela si dejaba todo eso de la poesía. Garcín se volvió más alegre desde entonces y vivía para su arte. Luego de eso Niní murió y algunos días después Garcín dejó volar al pájaro azul que vivía en su cabeza.
Palomas blancas y garzas morenas: Un poeta cuenta de su infancia con su bella prima Inés, cuando crecieron él le confesó su amor (norteño time jaja, creo que a principios de siglo era más o menos común que los primos se casaran). Ella le respondió con risas, el muchacho despechado sufrió su primer dolor de hombre. Luego nos relata su primer beso de verdad con la inolvidable Elena, a la que siempre estaría agradecido por enseñarle las delicias del amor.
En chile
Álbum porteño: Textos en prosa que narran el viaje de un poeta por diversas locaciones, sus observaciones y pensamientos.
Álbum santiagués: Otra colección de breves textos que tratan temas diversos, entre ellos el amor y la belleza.
El año lírico
Cuatro poemas inspirados en cada estación, desde la amorosa primavera hasta el triste invierno.
Primaveral
Estival
Otoñal (Autumnal en algunas ediciones)
Invernal
Poemas sueltos
Poemas que como su nombre indica no entran en las secciones anteriores.
Pensamiento de otoño
Anagke
Comentario sobre ‘Azul’ de Rubén Darío
Se ha escrito mucho sobre ‘Azul’, y necesitaríamos de varias entradas para analizar cada uno de sus cuentos y poemas (bruh, siguen saliendo entradas de todos lados T.T). Por esta vez nos limitaremos a tratar al libro como un todo.
‘Azul’ y el modernismo
Si consideramos lo que los contemporáneos publicaban cerca de la línea temporal de ‘Azul’ es comprensible el revuelo que causó, aunque vale la pena mencionar que dicha atención fue tardía y según a quién le preguntes debido a la crítica favorable de algunos autores como Juan Valera.
Sea como fuere, multitud de críticos han demostrado esas opiniones como merecidas. Entre ellos el mismo Octavio Paz en ‘Los hijos del Limo’ y ‘El caracol y la sirena’, el primero un libro/ensayo enfocado en la transición del modernismo a las vanguardias y el segundo un prólogo a una atología de Darío.
En ellos el Nobel Mexicano demuestra la importancia del modernismo en el desarrollo de la literatura en Español en todo el mundo y su papel como etapa de transición entre las tendencias artísticas del siglo XIX y la modernidad, con ese término Paz hablaba de una modernidad como la que vemos en el siglo XX, con las vanguardias y el postmodernismo.
Es decir, que mucho de lo que aún hoy se escribe está muy cercano a lo que Darío y los modernistas propusieron.
Tal vez ya no en la forma y técnica empleados. En pleno 2021 las formas clásicas del verso no se usan mucho por ejemplo. Dato random, Darío fue un precursor en el resurgimiento del verso libre y del verso en prosa, junto a Martí, Nervo y otros.
‘El beso’ de Gustav Klimt, pintura modernista (aunque no se debe confundir el modernismo literario del modernismo en la pintura o la arquitectura)
Legado de ‘Azul’ de Rubén Darío
Los temas del modernismo que se vislumbran en ‘Azul’ profetizaban los asuntos que tratarán los poetas hasta la fecha.
En ‘El palacio del sol’ por ejemplo la ironía disfraza un erotismo muy pocas veces visto hasta entonces y que reconocemos en multitud de autores posteriores (véanse a las poetisas de la primera vanguardia).
‘El rey burgués’ también incluye mucha ironía, un rey por definición no puede ser un burgués, una monarquía no da cabida a toda la maquinaria capitalista necesaria para que exista una burguesía.
Un rey burgués es un pseudo rey, un monarca de pacotilla con mal gusto y pobre sensibilidad artística. Me parece interesante que para Darío un rey de verdad, un auténtico ‘rey sol’, es el monarca que consiente a los poetas y a los artistas (pero sobre todo a los primeros XD). Es como decirle al rey ‘si no me aprecias eres un necio y no deberías gobernar’ nada perdido ¿ha?.
Otra tendencia que ciertamente cayó en desuso es la referencia a mitos clásicos y en general al folklore Europeo.
En ‘Azul’ encontramos gnomos violadores, ninfas etéreas, hadas bienhechoras y un poco de todo, bien a tono con la tendencia subversiva del modernismo.
Conclusión
El modernismo (va a tener entrada) es en serio muy importante, separa no de tajo pero sí muy evidentemente a la literatura previa de la siguiente, y es igual de evidente su influencia en la literatura moderna (jaja, ¿lo notas? lo lleva en el nombre). ‘Azul’ de Rubén Darío es considerado el primer libro modernista por muchos.
Así que vale la pena leerlo. Su crítica a la burguesía, al desprecio por el desprecio del arte, y al pragmatismo capitalista, su tratamiento de lo erótico y lo existencial, del amor y de la experiencia humana en hispanoamerica (aunque sobre todo de Chile y Argentina) lo hacen un volumen obligatorio en cualquier biblioteca :D.
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Fuentes
Aguinaga, C. (1980). La ideología de la clase dominante en la obra Rubén Darío. Nueva Revista De Filología Hispánica, 29(2), 520-555. Retrieved June 3, 2021, from http://www.jstor.org/stable/40298389
Alberto Acereda (2002) La modernidad existencial en la poesía de Rubén Darío, Bulletin of Spanish Studies, 79:2-3, 149-169, DOI: 10.1080/147538202317344961
Mercado, J. (1918). Rubén Darío. Hispania, 1(1), 38-42. DOI:10.2307/331680
Rafael Soto Vergés: «Rubén Darío y el neoclasicismo (La estética de Abrojos)», en Cuadernos Hispanoamericanos, nº 212-213 (agosto-septiembre de 1967).
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Esta es la segunda parte del resumen y análisis de ‘Pensativa’, novela de narrativa cristera escrita por Jesús Goytortúa. Aquí está la primera parte.
Dejamos a Roberto en las inmediaciones de la huerta del conde. Allí Veva le contó el final de Carlos Infante a manos de un traidor llamado Muñóz.
Segunda parte del resumen de ‘Pensativa’
Visita a un general
Veva y Fidel le rogaron que se fueran de ahí, y prometieron explicarle todo lo que quisiera siempre que fuera en otro lugar. Así que prosiguieron su expedición al campamento de Cornelio. Llegaron por la tarde.
Los primos se saludaron efusivamente. Luego en confidencia Roberto le confesó su amor por Pensativa. El general brigadier como había admitido ser entre risas, se puso muy alegre y prometió bajar a Santa Clara el dia que se casaran.
Roberto le preguntó si estuvo presente el día de la venganza contra Muñoz. Cornelio cambió de semblante y asintió, Veva hacía señas que Roberto pudo distinguir y preguntó directamente sobre lo acaecido en la hacienda. Pensativa le había dicho que Carlos fue vengado. Basilio le dijo que había sido en el mismo lugar donde ejecutaron a Carlos y Veva le contó de las vejaciones al cuerpo del general.
Todo eso explicaba las tristezas de Pensativa, pero no del todo, aún había un secreto que nadie se atrevía a decirle. Amaba a Pensativa, pero no se casaría con ella si no sabía todo de su pasado. Cornelio le aseguró que era la mujer más buena y casta del mundo, lo que Roberto aseguró que creía cierto, pero no quería casarse con una santa, sino con una mujer.
Cornelio lo miró con firmeza y Roberto pudo ver al cristero implacable en que su primo se había convertido. El mismo niño amable y bonachón que lo acompañó en su infancia.
Entonces supo que no obtendría ninguna información de él ni de nadie. Se resolvió a regresar a la ciudad tan pronto dejara a Veva en la Rumorosa y alejarse de esa tierra llena de sangre y fratricidio.
Espada y sombrero cristeros
Día de aniversario
Era 15 de julio, el mismo día que habían ejecutado a Muñoz. Roberto se despidió y estaba dispuesto a irse sin Veva y Fidel así que tuvieron que acompañarlo.
Llegaron a la huerta donde divisó a varios jinetes. Conforme se acercaba se dibujaba ante sus ojos la esbelta figura de Pensativa. Echó a correr al caballo y llegó en pocos instantes a donde estaba ella, acompañada por Basilio.
Pensativa preguntó qué hacía allí visiblemente irritada, Roberto respondió que venía de ver a Cornelio, él preguntó lo mismo. Ella iba a rezar por todos los muertos de la guerra religiosa.
Avanzaron al árbol en donde ejecutaron al general Infante y Pensativa guío los rezos. Roberto veía a los soldados emboscando a los bañistas, la ametralladora barriendo el prado, a Carlos colgando sin ojos del árbol, aún reinaba una atmósfera de peligro.
Cuando terminaron, fué a ver a Pensativa y audazmente le pidió que se fueran juntos. Ella iba a esbozar una sonrisa cuando un terrible grito se escuchó en la hacienda, un grito como el de un hombre siendo torturado.
En un abrir y cerrar de ojos Pensativa se convirtió en un bulto pálido, Basilio la llevó en brazos y huyeron. Fidel y Veva hicieron lo mismo y Roberto los siguió por instinto.
Cuando se recompuso le preguntó a su nana de quién huían, ¿bandidos?, ¿soldados?, ¿cristeros?. Al escuchar que era del diablo, montó en cólera y sabiéndose asustado por algún bromista regresó a la hacienda dispuesto a averiguar quién era el responsable.
No encontró nada salvo restos humanos abandonados. Cuando regresó por su caballo encontró dos mendigos de aspecto horripilante. A uno le habían amputado las orejas y la nariz, al otro lo habían cegado, las cicatrices de ambos le provocaron repulsión.
Los saludó y preguntó por el grito, el ‘desnarigado’ respondió con una voz poco ensayada que el sitio estaba maldito. Tal vez había gritado un fantasma.
Más secretos
Regresó cada vez más relajado. En un recodo encontró a Veva que lo abrazó espasmódicamente. Entonces le pidió una aclaración, ella le había ocultado algo y se iría a la capital de inmediato si no se lo decía. El recio Basilio y la recta Pensativa jamás se hubieran asustado por un grito de no tener un significado relacionado con ese secreto.
Ella accedió con profunda tristeza. Al llegar a la rumorosa encontraron a Basilio muy preocupado, la señorita había caído enferma y el doctor López ya la estaba atendiendo.
Roberto se informó del estado de su amada y repitió que se iría si no le contaban la verdad. Veva y Basilio se comprometieron a hacerlo.
A la tarde del día siguiente comenzó su relato.
Basilio escapó a la ejecución y huyó a Jalisco, en el camino se había cruzado con Cornelio que también juró venganza. Juntos fueron a donde la Generala. Después de meditarlo concibió un plan.
Se hizo pasar por ‘Carlota’ hermana del cochero de doña Enedina. Veva la colocó como sirvienta del doctor, y ella, además de hermosa, se mostraba inocente y recatada. Rápidamente estuvo llena de admiradores, pero solo mostró inclinación por Muñóz y aceptó ser su novia.
Entonces su ‘hermano’ enfermó gravemente y pidió permiso para ir a cuidarlo.
La venganza de la Generala
Ya en La Rumorosa, Muñóz le llevó serenata por varios días, hasta que ‘Carlota’ aceptó tener una reunión por la noche en el jardín.
Él no sospechaba nada y cuando la tuvo enfrente, su novia se convirtió en la Generala, y Basilio sometió al traidor. Lo llevaron a la sierra donde lo golpearon por varios días. Mientras que se encubría la partida de ‘Carlota’ desterrada por su hermano debido a su ligereza (¿qué señorita decente vería a su novio a solas por la noche? XD).
Cuando la Generala volvió con su tropa llevaron al prisionero al estanque donde ejecutaron a Carlos. Lo iban a colgar cuando el ‘desorejador’ pidió que antes de matarlo le cortaran las orejas, los hombres lo apoyaron, pero la Generala y Cornelio no estaban de acuerdo. Terminaron aceptando cegar al traidor en retribución por los agravios que hizo al cadáver del general y lo harían mientras el prisionero estaba con vida.
Ni la generala ni Cornelio podían negarse pues eso significaría un motín de su tropa y una gran cantidad de muertes en las poblaciones vecinas.
Roberto estaba admirado de la valiente mujer al principio. Pero cuando supo que permitió esa barbarie manifestó desprecio por sus métodos, el doctor le recordó que todas las facciones cometieron fechorías, y Roberto las maldijo también.
Ahora estaba tranquilo ya que sabía el motivo detrás del horror de Pensativa por los ciegos y su reclusión en la pobreza y austeridad. Sin duda deseaba expiar la culpa de las fechorías cometidas en nombre de su hermano.
La calma antes de la tormenta
Roberto amaba a Pensativa y ya no sospechaba nada de ella, deseaba casarse y llevársela de esa tierra llena de sangre.
Pero seguía enferma, el doctor auguraba una recuperación si se le permitía descansar.
Pasaron tres semanas y Roberto pudo entrar a la habitación de su amada, conversaron un poco y él fue dichoso.
Al caer la noche le llevó serenata (‘my boy has game’ jaja). Fue regañado por su tía y el doctor, pero en el fondo todos estaban felices por el naciente amor.
Llegó la fiesta de Santa Clara y Roberto fue a pedirle al monseñor que redujera la manda que Veva había prometido cuando Pensativa se recuperase.
Allí, después de la misa vió a Basilio entre los danzantes. (En México durante algunas festividades religiosas había ‘danzantes’ que emulaban los bailes antiguos de las naciones indígenas, al día de hoy se sigue con esta tradición en varios sitios).
Los hombres de la Rumorosa enteraron a Roberto que también estaba cumpliendo su promesa de bailar cuando la señorita estuviera repuesta.
En eso vió al mendigo desnarigado de la huerta del conde. Miraba a Basilio con odio, entonces se le ocurrió desenmascararlo. Le dió unas monedas a un hombre dado al vino y le pidió que le gritara: ‘¡Alacrán!’, cuando lo hizo, el mendigo dió un salto y se dió cuenta del plan de Roberto, lo miró con furia y escapó.
No había duda, era el compañero de Muñóz, entonces el ciego, ¿sería Muñóz?.
De regreso a la Rumorosa, le preguntó a Basilio si estaba seguro de la muerte del traidor, él le aseguró que estaba muerto. Dudando de la veracidad de sus palabras le dijo: “Cuídese, desorejador”. Basilio se lanzó sobre él y le puso su cuchillo en la garganta, pasó varios segundos intentando dominarse hasta que se retiró.
Ya en la noche fue a tocarle la ventana para pedir disculpas. Roberto lo previno de el alacrán y le pidió que protegiera a su ama. Pensativa había regresado al Plan de los Tordos.
Tristezas sin fin
Roberto fué a ver a Pensativa al día siguiente. La regañó un poco por irse sin despedirse y la pasaron bien en la huerta. Los criados la habían limpiado y pintado, ahora todo tenía una apariencia primorosa.
Pasaron varios días y Roberto por fin se decidió a confesar sus afectos a Pensativa. Todos lo animaron incluso Basilio, no pudo hacerlo en la mañana, ni en la comida, ya era hora de la cena cuando se armó de valor y le expresó sus sentimientos.
Ella, con cierta tristeza lo rechazó. No podría casarse por el pasado, y nunca lo haría. Roberto albergaba esperanzas avivadas por todos de que la altiva señorita no se negaría a vivir feliz con él. Saber que había sido rechazado lo embargaba de tristeza, no sólo por su amor propio, también por la situación de Pensativa.
Regresó a la Rumorosa completamente derrotado, su familia se mostró decepcionada y aunque Veva le aseguraba que con un poco de paciencia la convencerían decidió regresar a la capital al día siguiente.
Se despidió con gran pesar y mientras la volanta lo llevaba a la estación del ferrocarril, meditaba en las últimas semanas. Se había convertido en un aventurero, encontró el amor, y también una tristeza que nunca había experimentado. No creía ser capaz de volver a vivir como antes.
Entonces le pidió a Ireneo que detuviera el coche, no se iba a dejar vencer tan fácilmente.
Gestiones de terceros
Llevaban un trecho del camino de regreso a la Rumorosa cuando los encontró Basilio, animó a Roberto y volvió al Plan de los Tordos.
Roberto fue recibido con gran alegría por su familia y por Cornelio. Estaba allí para casarlo con Pensativa, con ayuda del padre Ledezma.
Él era el único sacerdote que permanecía en la lucha, aunque tal vez no fuera armada, se negaba a aceptar el armisticio del gobierno y despreciaba a los obispos que se habían sometido a los políticos.
En esos momentos estaba rezando en Santa Clara, pero volvería para la comida.
Mientras esperaban, Roberto previno a Cornelio de el alacrán, días antes de su declaración a Pensativa lo había emboscado y le disparó en el brazo.
El padre llegó entrada la tarde y de inmediato inspeccionó a Roberto. Lo calificó de ‘tibio’ y se lamentó de que Pensativa se hubiese enamorado de hombre tan despreciable si es que era cierto.
Prefería dársela a un comunista que al menos mostraba filiación por una causa y no a un joven frívolo y mundano.
Roberto recibió los golpes admirablemente y aseguró que ella lo amaba. “Ya lo veremos” respondió el padre que en esas tierras tenía más autoridad que el coadjutor mismo.
A la mañana siguiente partieron al Plan de los Tordos y regresaron dos días después, durante los cuáles Roberto estaba expectante. Cuando llegaron Roberto preguntó el resultado de sus gestions, sin siquiera saludarlos. Cornelio respondió : “¡Triunfamos!” (¡triunfó el amor!).
La boda cristera
Roberto no cabía en sí de felicidad, pidió detalles al severo padre Ledezma que entre insultos y desprecio por su condición de ‘tibio’ le dijo que en efecto Pensativa lo amaba y que la ‘culpa’ por lo sucedido en la guerra eran el motivo de su negativa.
El padre le aseguró que esa fue una guerra santa y que no debía avergonzarse por su hermano o la venganza de su muerte.
Roberto tuvo que esperar hasta el día siguiente para ir a el Plan de los Tordos. Era casi de madrugada y Basilio ya lo esperaba, llegaron y allí estaba Pensativa, visiblemente turbada pero con un dejo de felicidad en los ojos (ayñ).
Conversaron y Roberto confirmó sus afectos, quería casarse con ella cuanto antes.
La casta señorita prefirió esperar según la costumbre, a que se cumplieran varios meses de noviazgo, juntos acordaron casarse en noviembre, el día de San Carlos.
Ella le preguntó si aceptaría casarse ‘a lo cristero’, de madrugada y en una casa particular. Roberto se entusiasmó por el romántico proyecto y aceptó sin dilación.
Esas fueron las semanas más felices de su vida, se corrieron las amonestaciones, se hicieron los preparativos y se reforzaron las patrullas buscando ‘al alacrán’ y al ciego.
Llegó el día de la boda. Roberto era un manojo de nervios, habían llegado los líderes cristeros, hombres de voluntad férrea que lo intimidaron sobremanera. Fueron a dormir, allí recordó una carta que le había llegado de Jalisco. Un amigo había investigado el destino de la generala y halló que no había muerto.
A Roberto no le importaba ni la generala ni sus cristeros, era feliz y al día siguiente Pensativa sería su esposa.
Basilio le confirmó su lealtad al alba y lo ayudó a vestirse con torpeza. Roberto aceptó el gesto, notó cohibido al rudo caporal, le preguntó si había algo que le quisiera decir. Basilio se negó y continuó con su servicio.
Veva, Jovita y su tía se habían engalanado lo mismo que Fidel y Esteban, la nana le confió a Roberto que amaría aún más a Pensativa cuando la viera, también le envió un mensaje “¿leíste la carta?”, un poco extrañado Roberto le aseguró que sí y que no le importaba gran cosa.
Llegaron al altar presidido por el padre Ledezma y estaban a punto de tomar los votos cuando irrumpió ‘el alacrán’ con el ciego diciendo: “Buenos días mi generala”.
La generala
Muñóz y ‘el alacrán’ en persona se habían colado a la boda y desenmascarado a Pensativa. Ella era la Generala, la fiera guerrillera que había ordenado ejecuciones y permitido la tortura de los traidores, la mujer que había inundado de sangre el interior.
Roberto estaba aterrado, los cristeros ya habían cargado sus armas y apuntaban a los traidores.
Pensativa aceptó la responsabilidad de sus acciones y mirando con orgullo pero a la vez con tristeza le confesó a Roberto su pasado como líder cristero. Lo había confesado en una carta que Basilio debía entregarle en la mañana. Cuando Veva le dió la respuesta que Roberto había dado respecto a la carta de Jalisco había sido feliz.
Pero ya no era así, le pidió perdón y le aseguró que nunca lo quiso engañar ni lastimar. Basilio se había arrodillado rogando la muerte con tal de que se casara con la intachable Pensativa.
Al ver el horror de Roberto, Pensativa se quitó el velo y los azahares y después de confesarle que lo amaba y que lo amaría por siempre, se fue. Ordenando a su tropa jamás lastimar ni a Roberto ni a los mendigos.
En la Rumorosa todos estaban sumidos en la tristeza. Roberto tuvo que llevar a los traidores a Santa Clara y ellos esclarecieron el misterio, habían sobrevivido a sus ejecuciones. Cuando se enteraron de la boda de la Generala concibieron su venganza.
Ya de vuelta en su cuarto, Pensativa se revelaba con el amor de su vida, nunca lo engañó y siempre había actuado con rectitud. Aún la amaba.
Casi reventó a su caballo de camino al Plan de los Tordos. Allí vió a la casona de los Infante en llamas. Cuando llegó los mozos y mujeres hablaron de matarlo pero el muchacho que lo había ayudado antes les recordó el juramento que le hicieron a la generala. Se había ido y no volvería jamás.
Despedida
Roberto supo la causa perdida, fue a ver a Cornelio que lo comprendía y no le guardaba rencor, Pensativa lo sabía y por eso nunca le reveló su destino.
Llegó el momento de volver a la capital y no volteó la mirada ni una sola vez, esa tierra lo llenaba de pesar y le sería hostil para siempre.
No pudo volver a sus viejos hábitos. Gastó una fortuna buscando a Pensativa, viajó por todo el interior, por Jalisco, Querétaro y el Bajío, pero sin éxito. Doña Enedina murió pocos años después y luego el doctor López. Le encargó la Rumorosa a Jovita y se llevó a su nana a vivir con él. La acompañaba Fidel al que convirtió en su ayudante de cámara.
Veva le pedía perdón con frecuencia. Todos lo querían casar con Pensativa y guardar el secreto de su vida como la generala, pero ella nunca estuvo de acuerdo.
Un día, Veva le anunció la visita de una monja que le tenía un mensaje de ‘Sor Asunción de las Divinas Llagas’, en otro tiempo llamada Gabriela Infante.
Pensativa había profesado en Bélgica pues la guerra en España le impidió hacerlo allí, le pedía perdón y le relataba su historia.
Se unió a la lucha al igual que muchas mujeres. Se distinguió por su valor y astucia de tal modo que los líderes cristeros la envolvieron en un halo de misterio y santidad. Ella estaba convencida de la rectitud de la guerra y habría llevado una vida normal luego de la guerra de no haber tenido parte en la tortura de Muñóz.
Al principio despreció a Roberto por frívolo y mundano. Pero empezó a amarlo cuando la llevó en sus brazos en la crecida. Sufrió enormemente al declinar su declaración y de no ser por Cornelio y el padre Ledezma habría vivido por siempre en la austeridad del Plan de los Tordos.
Pero aceptó casarse con él porque lo amaba, su dicha fue completa al saberse perdonada. Pero no contaba con que Basilio no había entregado su carta.
Así sufrió mucho al ver cómo Roberto la despreciaba cuando supo la verdad. Lo instituyó como un hombre “sagrado” para que los cristeros no le hicieran daño y huyó a los Estados Unidos, para luego embarcarse a Europa.
La religiosa le pidó permiso para escribirle a Sor Asunción que la perdonaba. Roberto por toda respuesta dijo: “que ella sea quien me perdone” y salió apresuradamente para llorar en soledad.
Aspectos literarios de ‘Pensativa’
Me apena un poco no haber encontrado demasiada documentación especializada respecto a ‘Pensativa’, aunque es considerada una de las obras más importantes de la literatura cristera.
Dato random. ‘Pedro Páramo’, posiblemente la novela Mexicana más famosa de la literatura moderna también está situada en ese contexto histórico (un poco antes y un poco después ‘if you know what I mean’).
Tal vez por eso ha pasado desapercibida para los académicos. Que dicho sea de paso sí que han mencionado sus parecidos con ‘Doña Bárbara (novela)’ del venezolano Rómulo Gallegos.
Como dato random también, ‘Doña Bárbara’ es considerada una de las obras cumbre de la literatura Latinoamericana.
Comparaciones injustas
‘Doña Bárbara’ coincide en varios aspectos con ‘Pensativa’; ambas obras retratan la situación geopolítica y social de sus entornos. Por un lado el México post-revolucionario/ post-cristero, al comienzo de la ‘dictadura perfecta’ que Vargas Llosa hizo notar. Y por el otro la dictadura en Venezuela de Juan Vicente Gómez.
En ambos casos también se resalta el ‘atraso’ de los ‘amigos de provincia’ (Léase con voz de Chavelo jaja) y el campo respecto a la ciudad. Chocan dos mundos, el salvajismo de la gente rural en la forma de Basilio y sus cristeros, frente al civilizado abogado Roberto. (Santos Luzardo también es abogado por cierto).
Y ambas novelas presentan a mujeres fuertes, capaces en su momento de grandes crímenes.
Tristemente si se comparan los personajes, Pensativa es un poco débil. Aunque sus motivos son creíbles, es inconsistente cómo una mujer capaz de imponerse a bandidos tan peligrosos como el ‘desorejador’ sucumba a los remordimientos. Doña Bárbara es más consecuente (spoiler, vamos a tratar esa novela en el futuro, por eso no abundo en ese asunto).
Curiosamente ambas historias fueron adaptadas (muy libremente) en el cine de oro mexicano. Los cristeros (1946) y Doña Bárbara (película de 1943), ésta última en colaboración directa con Gallegos y coproducción Venezolana, ¡viva la hermandad y el llano!.
De amazonas y machismo
La comparación de Gabriela Infante con Doña Bárbara es injusta pero inevitable. Para muchos es una mala copia, un dulce para el lector que a pesar de su machismo se siente atraído por la imagen de la Amazona. Ese tropo es recurrente multitud de obras y telenovelas (no me preguntes cómo lo sé, solo lo sé lol).
El concepto de la Amazona en la cultura occidental tiene sus orígenes (como muchas otras cosas) en la antigua Grecia.
Heródoto, Homero, Píndaro, y la mayoría de los autores Griegos arcaicos trataban el tema de mujeres que vivían en una sociedad matriarcal, osadas en las proezas de guerra y separadas de la civilización. Una sociedad por lo tanto contranatural para los Helenos que limitaban el ejercicio de la guerra y la política a los hombres (siempre hay excepciones, pero en términos generales era así).
Este tema fascinaba a los antiguos Griegos que lo heredaron a los Romanos y por lo tanto al resto de Europa que con su influjo desde el siglo XV conformó el concepto moderno.
Así el término puede referirse a una mujer que ha alcanzado la excelencia atlética. Pero también a una mujer subversiva que se comporta de modo ‘atípico’. Lo que a veces implica que es ‘poco femenina’ y/o que ‘odia a los hombres’.
La imagen mítica de la Amazona servía para manifestar una anormalidad entre el orden natural de las cosas (para un ciudadano Griego) y lo contrario. Es decir, lo contranatural, lo extranjero y bárbaro.
Y así describe Basilio a ‘La generala’. Una mujer ‘horrosa’ que vestía de hombre y que combatía como el que más. Marcando un interesante contraste con la realidad. Roberto la calificó como ‘hermosa’ al instante de conocerla en su faceta de ‘señorita’, es decir, cuando se comportaba como la sociedad lo esperaba.
En una analogía notable, Octavio Paz escribió que el hombre nacional tenía a la mujer como ‘la otredad’. Suceptible de ser despreciada (aquí es de donde se origina una palabra malsonante que empieza con ‘ch’ y que puede ser conjugada en variadísimas formas) pero que al mismo tiempo podía ser adorada cual ‘virgen’ o ‘deidad maternal’ (una Tonantzin), nótese la connotación religiosa, prácticamente la misma veneración que los cristeros tenían por Gabriela Infante.
Y por eso el tropo de la mujer indomable que contravenía lo establecido era tan interesante para el hombre Mexicano de principios de siglo. El que veía a la mujer como medio para sus fines, un mero objeto, pero que al mismo tiempo veneraba con total devoción a una mujer santa, ajena a este mundo.
Han pasado casi cien años desde que terminó la guerra Cristera y más de medio siglo desde la escritura de ‘Pensativa’ y ‘El laberinto de la Soledad‘. Quiero creer que esta percepción ha cambiado, y hay esperanza de que es así, pero aún queda mucho camino por recorrer. La postura que me parece más apropiada es: ‘trata bien a todas las personas’. Nótese el término ‘persona’, es decir, a todos, sin distinguir género, religión o lo que sea.
Conclusión
Admito que deseaba un final feliz para Pensativa y Roberto. Aún así no se nota ‘fuera de personaje’ que Pensativa se marchase, pues seguía teniendo sus dudas respecto a si se merecía vivir con el que amaba. Aunque no sé si es por la época pero el horror de Roberto al saberla la generala me parece un tanto exagerado. Pero ¿quién sabe?. Si me entero que mi crush estuvo comandando una banda de guerrilleros que cortaban orejas y hacían full de expolios a lo mejor también me replanteo el seguir teniéndola como tal.
¿Por qué será que en tiempos antiguos volverse religiosa era la única posibilidad para una señorita con el corazón roto?. Celeste, Aurora, Pensativa, incluso el personaje de María Félix en ‘Tizoc’ quería profesar para mandar al gorro a su novio infiel, y que yo sepa estaba situada en la ‘actualidad’ (1957).
¿En qué momento dejó de ser así?. Lo menciono por que en la literatura más reciente, digamos desde ‘el boom’ hasta hoy (2021) el motivo de la doncella con el corazón roto que se va a un convento ha sido más o menos olvidado. Lo mismo que el tropo de la amazona (bueno, ese sigue activo pero en variaciones un poco más modernas, véase ‘Action girl‘). En realidad es una pregunta retórica, eventualmente discutiremos el cambio cultural al respecto y sus efectos en la literatura (OMG, ¡que emoción!)
En resumen, el texto es legible y agradable, a veces tiende a predicar un poco pero siempre con buenas intenciones, i.e. criticar el fanatismo en ambos bandos de la guerra y denunciar los horrores que en ella sucedieron, estoy seguro de que mucha de la gente que anhela un conflicto armado nunca ha visto lo que pasa en ese tipo de eventos. Hay muchas referencias bíblicas y a otros hitos literarios como El Quijote. Siempre se agradecen los guiños a otros universos.
Muchos recomiendan este libro para introducir a personas jóvenes a la lectura, y es verdad que es de fácil lectura, tanto en vocabulario como en la trama, aún así requiere algún contexto para ser comprendido a plenitud, lo que no implica que deje de ser una lectura recomendada :), pero sí que se lee mucho mejor cuando sabes ciertas cosas de la historia nacional y de otras narraciones relacionadas, de todos modos, dale una revisada.
Fuentes
González Luna, Ana María (2013). La Literatura De La Cristiada: Una visión apocalíptica De La Historia De México. Altre Modernità, giugno, 100-111. https://doi.org/10.13130/2035-7680/3075.
Howatt, C. (1947). Books Abroad, 21(3), 331-331. doi:10.2307/40086531
Lorna Hardwick (1990). Ancient Amazons ‘ Heroes, Outsiders or Women?. Greece & Rome, 37, pp 14-36 doi:10.1017/S0017383500029521
Victoria Carpenter (2015). Spanish-American Literature: Spanish American Literature, 1900 to the Present Day. The Year’s Work in Modern Language Studies, 75, 215-224. Enlace
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Pensativa es una novela corta escrita por Jesús Goytortúa y publicada en 1945. Cuenta los amores de Roberto, un soltero citadino y una mujer que responde al apodo de ‘Pensativa’ (ya sé, full de cursi). A pesar de la simplicidad del argumento, la historia está llena de matices notables, tanto de la forma de pensar de los hombres y mujeres de mediados de siglo, como de las heridas todavía abiertas, de los sucesos acaecidos en las últimas guerras cristeras.
Del autor
Goytortúa nació en San Luis Potosí en 1910. Publicó ‘Pensativa’ en 1944 con la que ganó el premio Lanz Duret, también escribió ‘Lluvia Roja’ y ‘Cuando se desvanece el arcoiris’.
Trabajó en la Secretaría de Agricultura y Fomento. Donde fundó ‘Las Democracias’. Además colaboró con cuentos y otros textos en diferentes medios impresos como ‘Arte y Plata’, ‘Hoy’, ‘Letras Potosinas’, ‘Mañana’, ‘Revista de Revistas’ y ‘Sucesos para Todos’.
Contexto histórico de ‘Pensativa’
Pensativa es considerada una obra representativa de la narrativa cristera.
En el caso de México, hubo muchos eventos notables en el acontecer político y social durante el siglo XX, de los cuales la revolución y las guerras cristeras fueron los que dejaron algunas de las ‘heridas’ más graves en el imaginario nacional (lo que no exime a las heridas físicas).
El conflicto entre la Iglesia y el Estado mexicanos es un tema complejo y vasto que no es fácilmente resumible en algunos párrafos. Tampoco me entusiasma escribir de política. Esta sección es una breve reseña histórica con los materiales que tengo disponibles, sin tomar partido por ningún bando.
Antecedentes desde la colonia hasta la independencia
Supongo que todo comenzó con la conversión/imposición de la religión católica a los supervivientes de la conquista en el Virreinato de la Nueva España. Es digno de notar, que muchas veces el clero defendió los derechos de los nativos y si le preguntas a Octavio Paz, sirvió de consuelo ante el ‘abandono’ que los indígenas sufrieron por parte de sus dioses e ‘instituciones’.
En la época colonial se sentaron muchas bases jurídicas y prácticas que le daban gran poder a la iglesia (el sistema de encomiendas, las órdenes monásticas, etc.).
Durante las guerras de independencia, el clero tuvo una influencia notable (don Miguel Hidalgo, el valiente Morelos, etc.) y ésta se dejó notar en la redacción de la primer constitución que definió al catolicismo como la única religión oficial.
Al naciente grupo que comenzó a gobernar el país eventualmente esto le dejó de gustar y ya para 1847 había notables tensiones entre el gobierno y las autoridades clericales.
Las políticas de Valentín Gómez Farías y sus amigos buscaban destruir la base jurídica de la supremacía eclesiástica en los asuntos civiles, que en plena guerra contra los Norteamericanos detonó en la ‘Rebelión de los polkos’ (véase el párrafo ‘clases de historia’ en la entrada El fistol del diablo parte 6 y la sección ‘La primera reforma liberal’ de la entrada de Wikipedia para Gómez Farías).
Valentín Gómez Farías
Reforma y porfiriato
Durante el resto del siglo XIX, las llamadas Guerras de Reforma que buscaban entre otras cosas, la separación de la iglesia y del estado, plagaron el país de muerte y desacuerdos con ocasionales invasiones extranjeras y full de cosas tristes.
Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y otros políticos liberales lograron imponerse y quitarle el poder que por trescientos años había detentado el clero en estas tierras (entre otras cosas no relacionadas con el tema).
Entonces llegó don Porfirio Díaz y con su lema ‘menos política y más administración’, instauró algo parecido a una ‘Pax Romana’ llegando a un acuerdo con el aún poderoso clero.
El porfiriato aportó cierta estabilidad al país, a costa del sufrimiento de full de gente, de asesinatos y de ya sabes, lo que está en cualquier starter-pack de dictador latinoamericano.
Llegó la revolución y cuando todos terminaron de matarse, hubo cierta tolerancia mutua, lo que incluía un nivel de acuerdo entre las autoridades religiosas y el gobierno.
La guerra cristera
Todo terminó cuando el presidente Plutarco Elías Calles expidió la ley de tolerancia de cultos (léase Ley Calles) que a efectos prácticos buscaba reducir aún más la intervención de las iglesias en la vida pública.
Y eso no le gustó al clero, ni a los feligreses.
Comenzaron varios levantamientos que buscaban recuperar su libertad religiosa y mucha gente murió y/o hizo cosas muy malas, según la novela, soldados del gobierno asaltaron varios conventos y violaron a las religiosas que los habitaban. En realidad ya habían sucedido actos de violencia antes, como el asesinato de Álvaro Obregón y ejecuciones de amotinados en diversos puntos de la república.
Cómo dice uno de los personajes de la historia: ”En la guerra los dos bandos cometieron atrocidades”.
Después de varios años de conflicto, se firmó un armisticio y se emitió un perdón para todos los pronunciados que depusieran las armas. Muchos se negaron y siguieron combatiendo por bastante tiempo. Ya para 1934 cuando Lázaro Cárdenas tomó el poder, el levantamiento estaba prácticamente terminado, lo que no evitó varios linchamientos, asesinatos y ultrajes (‘if you know what I mean’) a “Maestros rurales”.
Al final en un acuerdo a la ‘Nicodemo’ ambas partes acordaron la paz, digno es de mención que la mayoría de las autoridades eclesiásticas estaban en contra del enfrentamiento armado.
La cosa se terminó enfriando poco a poco, pero hubo hombres y mujeres que siguieron combatiendo por muchos años, al cobijo de las sierras y los montes, aún sin la venia de las autoridades religiosas, hay registros de que el gobierno no siempre cumplió su parte del trato y siguió ejecutando cristeros.
‘Pensativa’ se desarrolla en este contexto de post-guerra fraticida.
Resumen de Pensativa
Roberto, abogado con herencia necesaria para no tener que ejercer, disfrutaba de su vida de soltero en la capital. Un día recibió una carta en la que su tía le urgía a visitarla. Estaba muy enferma y temía que fuera a morir sin despedirse.
Así que se encaminó a su natal ‘Santa Clara de las Rocas’, aunque fastidiado por la idea de ir a un pueblo anticuado y aburrido, no dejó de admirar el paisaje y calma del bajío mexicano.
Después de un viaje agotador llegó a ‘La rumorosa’, finca de su tía. Cuando bajó del coche su nodriza Genoveva lo recibió entre sollozos, contentísima de volver a verlo.
Saludó a su tía Enedina que para alivio de todos (menos de él) iba a recuperar la salud. El anciano doctor López le dió la bienvenida y lo enteró de la congoja que la convaleciente sufría debido a las impresiones de la guerra cristera.
Yo le decía a doña Enedina: un par de viejos carcamales como usted y yo, no deben preocuparse de si ganan los rojos o los azules. Pero no me hizo caso y ahí tienes el resultado.
El doctor López
El doctor le sugirió casarse, pues en ese pueblo había muchas señoritas bonitas y bien educadas. El tema también fué sugerido por su tía, su nana y su prima Jovita.
De hecho ya le tenían una ‘novia’, una mujer de gran abolengo, descendiente de los Infante, antiguos gobernantes de esas tierras. Una doncella intachable, hermosa y amable. Roberto, interesado por tanta alabanza a la enigmática doncella, comenzó a desear con fuerza por fin conocerla.
‘Pensativa’
Veva le urgió a hacerla su esposa y llevársela de esa tierra. Pensativa había perdido a su hermano en las guerras religiosas, sufría por no tener familia, ni ser rica como antaño. Vivía en la vieja hacienda de ‘El plan de los Tordos’. Pero era orgullosa y mostraba resignación y hasta altivez, fachada que ocultaba un corazón de oro.
Doña Enedina la había invitado a cenar, ese día asomaba una tormenta en el horizonte y Roberto, práctico y citadino, sentenció que no llegaría.
Era de noche cuando llegó el carruaje de la bella Pensativa. Basilio su caporal, la llevaba con suma atención, pero tan pronto confrontó a Roberto cambió su actitud a una de desprecio y recelo totalmente correspondida.
Tenía una fachada de bandido revolucionario, y el señorito sintió repugnancia ante el discurso salvaje y violento del acompañante de su futura novia.
Intercambiaron palabras serias y se separaron. Roberto juzgó una necedad estar tan furioso por tan poca cosa y para distraerse fué a la pieza de su tía, allí estaban todas.
Su tía los presentó formalmente. Ella, aunque educada y amable revelaba cierto desdén hacia el citadino que no se había dignado a visitar a su tía hasta ese día.
Cuando salió a cambiarse, Jovita, Veva y doña Enedina le preguntaron: “¿qué te parece?”
-Es hermosa –Contesté queriendo ser sincero– pero es excesivamente seria. En lugar de Pensativa debiera llamarse Adusta (lol). Y no me agradan las mujeres que hacen visitas en noche de aguacero, acompañadas de un mono horroroso, de un majadero que tiene cara de asesino.
Roberto
El desdén de Pensativa había picado el orgullo de Roberto. Se resolvió a incomodarla a toda costa, riéndose de sí mismo por estar tan desconcertado como un colegial en su primer amor debido a la señorita.
Conversación en el salón
Se supo derrotado tan pronto entró al salón. Allí estaba la aún más bella Pensativa con un vestido negro que no dejaba ver más que sus manos y rostro, por toda joyería llevaba una pequeña cruz de oro en el pecho. Intentó hacer conversación y parecer ligero para ocultar su turbación (léase enamoramiento lol) pero a cada palabra que intercambiaban se irritaba más y más.
Por intervención de Veva comenzaron a hablar de Cornelio, primo de Roberto, que en palabras de Jovita nunca bajaba de la sierra, ni siquiera por “el señor arzobispo”. Roberto lo juzgó como un loco. Pensativa replicó que era un gran hombre igual que Basilio, para despecho del citadino.
“¿Otro hombre admirable?, No lo elogie usted señorita porque creeré que Cornelio ha terminado por semejarse a Basilio – Los dos fueron cristeros –me respondió Pensativa. Y su respuesta me aturdió”
Roberto
Roberto dijo que odiaba a los cristeros. A lo que Pensativa respondió que no podía odiarlos pues su hermano había sido uno de sus altos mandos. Roberto no encontraba modo de disimular su vergüenza y se retractó, a lo que la señorita respondió con desprecio. Dijeron algunas otras cosas pero el ambiente estaba cargado de tensión.
Cenaron intercambiando pocas palabras, y Roberto se retiró a su habitación tan pronto le fué posible. Se sentía triste y derrotado, ¿cómo podía sentirse así por una mujer que lo despreciaba y que aún así no le era posible odiar?. Comprendió que para alguien que había sufrido tanto como ella era natural despreciar a un señorito que nunca había vivido las dificultades que su hermano, Cornelio o Basilio habían enfrentado.
¡Disculpaba a Pensativa!, se hizo un exámen de conciencia y concluyó en que si bien no la amaba, sí le ‘gustaba de un modo peligroso’, resolvió alejarse de ella en lo posible y cuando llegase a encontrarla dominarse y dejar correr las cosas sin exhibirse.
Aventura en los vados
Al día siguiente el cura del pueblo y el doctor López asistieron a la comida. El doctor llevó aparte a Roberto y le preguntó su opinión de Pensativa. Él admitió que probablemente la quería aún a pesar de su desprecio, el doctor lo animó a no cejar y a dejar en paz el asunto de los cristeros pues esa tierra los había dado por millares y eran las personas más orgullosas y vengativas del mundo.
Roberto salió a dar un paseo a caballo después de la comida para evitar despedirse de Pensativa y Basilio. Llovía en la sierra y a despecho de su orgullo decidió alcanzar a su amada que ya debería estar camino a su hacienda.
Se cruzaron cerca del río, Roberto disimuló y preguntó con civilidad si iban de regreso, Pensativa asintió y éste, se ofreció con osadía a acompañarla. Pensativa no pudo ocultar su desagrado y aceptó por educación, cuando llegaron al vado, Fidel, mayordomo de doña Enedina observó que si cruzaban el vado no podrían regresar a la Rumorosa.
Pensativa y Basilio le pidieron a Roberto que regresara, pero éste, con alevosía dijo que a menos que ella se lo pidiera, lo que implicaba que le desagradaba sobremanera, cruzaría con ellos.
La cohibida Pensativa tuvo que aceptar.
“Señorita, si mi compañía le molesta, regresaré a la Rumorosa. Pero quiero que sea usted quien me lo diga”
Roberto el conquistador (lol)
Había cruzado el vado y subían la cuesta cuando pensativa embistió a un muchacho con su caballo. Ella lo regañó por no estar atento y le preguntó si acaso estaba ciego. Roberto ayudó al muchacho que en efecto era invidente. Se lo hizo notar a la doncella y cuando regresó a su caballo la encontró al borde del colapso. Basilio estaba listo para molerlo a golpes por su impertinencia.
Roberto estaba a punto de pedir disculpas aunque no sabía exactamente por qué, cuando escuchó el rumor de la creciente.
Los animales huían. Víboras, coyotes y halcones buscaban refugio, él observaba todo ese espectáculo cuando un grito de Basilio lo despertó de sus cavilaciones: “¡Corra, corra!, ¡sálvela!”. Volteó a ver el fondo del cauce y allí estaba Pensativa, con las riendas firmemente asidas, esperando la creciente.
Cena en ‘El plan del los Tordos’
Roberto espoleó al caballo y bajó al cauce, le tendió la mano a Pensativa, pero ella le dió un fustaso, enfurecido, la tomó de la cintura y la cargó mientras la montura subía rápidamente a la orilla.
Cuando estuvieron fuera de peligro y sin soltarla preguntó “¿por qué ese deseo de suicidarse?”. Pensativa no respondió, buscaba a Basilio con la mirada. El caporal llevado por la corriente chocó contra unas rocas. Cualquier otro hombre hubiera muerto, pero cuando llegó a donde su ama besó sus botas y luego la mano de Roberto que alegre por dentro le espetó que no hiciera eso. Pensativa lo hizo prometer que no diría nada de eso.
La lluvia comenzó a caer y llegaron al “Plan de los Tordos” (la hacienda de Pensativa) cuando era de noche.
La casona había visto tiempos mejores. La mayor parte de los edificios estaba en ruinas y sus habitantes eran mozos y mujeres de rostros resueltos pero también sumamente empobrecidos.
En el recibidor de la única ala habitable, Roberto vió varios muebles de gran refinamiento aunque por lo demás el edificio era poco más que una barraca revolucionaria. Allí vió el retrato de un hombre joven con la misma expresión que pensativa, “mi hermano”, dijo ella, se llamaba Carlos.
Conversaron sobre cómo fue traicionado y luego vengado por sus soldados. Basilio y los demás habitantes de la hacienda, todos con graves marcas de guerra, extremidades amputadas y malos recuerdos.
Después de una cena austera pero que agradeció sobremanera, Roberto se retiró a dormir en el catre de campaña que le habían preparado.
A la mañana siguiente los anfitriones se desvivían para atenderlo. Probablemente Basilio les había insinuado que salvó a la señorita de algún peligro.
Conversó con Pensativa y Basilio. Le hablaron de ‘La generala’, jefa de su hermano. Una Juana de Arco de los cristeros que había operado en su natal Jalisco. Cuando depuso las armas aprovechando el ofrecimiento del gobierno, fue acribillada por agentes no identificados.
Roberto no era fanático del tema y Pensativa pudo notarlo. Lo llevó a ver la hacienda y cuando llegó el momento de despedirse, le pidió autorización para visitarla otra vez. Ella aceptó con reticencia.
Ataques osados
Roberto pasó la noche pensando en la mujer que ya amaba. Pero el secretismo que rodeaba su gran penar lo tenía inquieto. Le confesó sus dudas a Veva y a su familia. Que por toda respuesta le aseguraban la castidad y honestidad de la doncella.
Convencido de que no obtendría ninguna información de ellas fué a Santa Clara para probar suerte. Allí se encontró con el secretario del ayuntamiento, maestre masón que de no ser por doña Enedina que lo escondió en su ropero habría sido ejecutado por Carlos Infante, cuando tomó la ciudad. En cambio el presidente y sus delegados fueron colgados en un poste cercano.
Roberto preguntó sobre la captura del hermano de Pensativa.
El secretario lo enteró de que un traidor llamado Gustavo Muñoz con su ayudante apodado ‘El alacrán’, logró ganarse su confianza y lo hizo caer en una emboscada. Luego lo ejecutaron en circunstancias poco claras. Se decía que lo habían torturado. Roberto concluyó que tal vez lo habían cegado y por eso Pensativa se mostraba gravemente afectada al ver a un invidente.
Mire usted: aquí los de ambos bandos, hablando con verdad, merecíamos lo que nos pasaba. Tan fanáticos y tal salvajes éramos los pintos como los colorados. El presidente municipal le había entregado las monjas a la caballería, y bueno… había hecho muchas cosas más. Todos éramos deudores y acreedores y yo por eso digo: maldita sea la guerra civil, que rompe todas las leyes y que hace al hermano verdugo del hermano
El secretario del Ayuntamiento
Roberto aceptó que la amaba y se decidió a conquistarla. Así que planeó ir a ver a Cornelio para esclarecer aún más el motivo de la tristeza de Pensativa y de paso pedirle algún consejo. Veva se ofreció a guiarlo haciendo notar que Carlos y Cornelio habían sido amigos íntimos y que sin duda ayudaría a Roberto a casarse con Pensativa.
Antes de partir le quizo llevar algunos libros, dulces y otros obsequios a ella y a su tropa (ayñ).
Cuando llegó al vado del coyote la crecida le llegaba a los muslos aún sobre la montura. Allí estaban Basilio y otro criado de Pensativa, que no le ayudaron. Roberto se enfureció y dejó al caballo seguir su instinto, estuvo a punto de ser arrastrado por la corriente y se sintió lazado. Pero prefería morir a recibir la ayuda de esos hombres que ahora despreciaba. Se deshizo del lazo y logró salir a la margen del río, allí Basilio y su criado lo saludaron. Roberto pasó silbando sin hacerles caso.
Basilio lo alcanzó cuando estaba ya a la entrada del Plan de los Tordos y le pidió que no le dijera nada a su ama. Roberto irritado respondió: “Nada tengo que decirle a la señorita porque nada de lo de usted me interesa”.
Saludó a Pensativa, se quedó a comer y asomaba una tormenta de modo que también iba a pasar la noche en su hacienda. Por la tarde tomaron café en la huerta con un modesto servicio pero de valor incalculable para él.
Conversaron sobre la capital, el teatro, la cultura, “una vida maravillosa” según Pensativa. Roberto aseguró que lo creía así hasta que llegó a la Rumorosa, momento en que comprendió que le faltaba algo: “amor” (OMG¡¡¡¡).
Pensativa un poco cohibida no respondió nada. Roberto le preguntó “¿qué hace usted aquí?”, una mujer de clase y educación superior a la vida de guerrillera que llevaba, ¿qué pensaba hacer?, ¿vivir para siempre entre bandidos, valientes y llenos de fe, pero bandidos a fin de cuentas?. Ella dijo que consideraba un convento. Roberto preguntó, ¿y por qué no un hogar?, ella palideció y susurró “un hogar…”, Roberto agregó: “Pensativa, ¿no ha pensado usted nunca en casarse?” (bruh, Roberto tiene habilidades).
Segunda velada en el Plan de los Tordos
Pensativa se quedó callada. Después de unos minutos dijo que nunca habia pensado en eso, Roberto le recordó que habría que pensar en ello en algún punto de la vida, entonces se soltó la lluvia y entraron a la casona.
Pensativa se retiró brevemente y mientras Roberto conversaba con la tropa, Basilio le pidió unas palabras.
No sin reticencia accedió y afuera, Basilio le pidió disculpas por desear que se ahogara, Roberto le hizo saber que su odio era correspondido y Basilio apreció su sinceridad, entonces le preguntó sobre sus intenciones, él y toda la tropa amaban a la señorita más que a nada en el mundo y los atormentaba verla ahí, entre guerrilleros, sola y pobre.
Roberto le dió la mano a Basilio y le dijo: “quiero casarme con la señorita”. El rostro del caporal se iluminó y con una sonrisa le respondió: “hágase querer jefe”, le pidió que se la llevara de esa tierra que la llenaba de tristeza y la hiciera olvidar, que nunca sacara a colación el asunto de la guerra y que la hiciera feliz, ella era la mujer más santa y buena del mundo.
Aún así Roberto quería saber todo sobre Pensativa y le pidió que entonces le explicara por qué Pensativa se impresionaba tanto por los ciegos. El sargento/caporal se negó a decírselo y le repitió que lo mejor era olvidar todo ese asunto. Roberto se conformó con preguntar por el destino de el traidor Muñoz. Basilio respondió: “eso sí se lo contesto mi jefe, donde mataron a mi general Infante, allí matamos a Muñoz”.
La lluvia amainó y Pensativa estaba en el servicio leyendo uno de los libros de Roberto. Él se sentó cerca y conversaron hasta que se sirvió la cena, luego siguieron hablando hasta muy tarde. La señorita se despidió y Roberto se pasó a noche jugando a las cartas con la tropa.
Cuando se fue a acostar meditó en su amor por Pensativa, pero no dejaba de sospechar del motivo que llevaba a todo el mundo a querer enterrar el pasado de la intachable señorita.
A la mañana siguiente se despidió y Basilio lo acompañó hasta La rumorosa, si bien no serían amigos, ahora se mostraban cierto respeto.
Expedición a la sierra
Roberto tuvo que explicar cada detalle de sus avances con Pensativa y todos sentenciaron que la boda ya era un hecho, a pesar de las reservas del novio que no aseguraba que Pensativa le correspondiese.
Llovió toda esa semana. Lo que aplazó los planes de Roberto de ir a ver a Cornelio. Cuando por fin hizo buen tiempo emprendieron el viaje. Además de él iba Fidel y Veva que tenía muchas ganas de ver a Cornelio, aunque estaba visiblemente nerviosa al pasar junto a la antigua hacienda de los Condes de Río Negro.
La hacienda había sido construida en el siglo XVII por los españoles que habían descubierto una mina cerca. Fue abandonada cuando ésta se agotó y el último conde moría en el sitio de Cuautla.
Ahora era un montón de ruinas invadidas de vegetación y polvo. Roberto se mostraba muy interesado en explorarlas, interés que aumentó ante la turbación de sus guías que aseguraban que era un sitio maldito. Veva tuvo que acceder a contarle la historia de la hacienda ante la tozudez de Roberto siempre que se fueran de allí.
Carlos Infante era el más capaz de los generales cristeros, tan buscado por el gobierno como Gorostieta y la generala. Muñoz llegó a la Rumorosa pidiendo auxilio, allí Veva y doña Enedina que ayudaban a los cristeros aceptaron cuidar a su “hermano” un hombre apodado ‘el alacrán’.
Por su parte Muñoz se ganó la confianza del general. Carlos y la liga estuvieron a punto de tomar Guadalajara pero alguien había puesto sobre aviso al gobierno y tuvieron que retirarse.
La traición de Muñoz
Carlos regresó con nuevos soldados, abogados, doctores, hasta un ‘gringo’. Entre los reclutas se distinguía ‘el desorejador’, un hombre tan valiente como salvaje que gustaba de cortarles las orejas a ‘maestros comunistas’.
El general decidió tomar Santa Clara, organizó sus tropas y todo estaba listo, tomaron el camino de la hacienda del conde y decidieron comer allí.
Había una cisterna, y Muñoz sugirió al general que tomara un baño, los demás también lo hicieron, en ese momento Muñoz y ‘el alacrán’ subieron por una saliente y como si hubiese visto algo sobrenatural lo llamó.
Cuando Carlos subió y con él los otros hombres un destacamento de soldados los capturó y empezó a disparar dispersando a las fuerzas del general. El traidor se burlaba de él y seguía gritando “¡a la horca, ¡a la horca!”. Carlos le respondió: “tienes muchas ganas de verme morir ¿verdad?, vivirás más que yo, pero tu muerte será peor que la mía”.
Lo colgaron en un árbol que Veva señaló, Muñoz estaba turbado por la profecía de Carlos y empezó a dispararle a su cadáver. Una bala reventó la soga y empezó a patear el cadáver, pero sus ojos lo asustaron, entonces se los sacó con una vara. Basilio no soportó más esto y rompió las sogas con furia y de no ser por ‘el alacrán’ que lo cortó con un machete en la cara lo habría matado.
Basilio cayó en la cisterna y lo dieron por muerto, pero sobrevivió, esperó a que el destacamento se fuera y enterró a Carlos, después regresó a Jalisco con la generala.
Eso explicaba en parte el horror de pensativa al ver a los ciegos, pero había algo oculto todavía. Cuando Roberto se lo preguntó Veva se negó rotundamente a decir más.
Fin de la entrada
Y hasta aquí llegamos hoy, aproximadamente a la mitad de la novela, no te pierdas la siguiente entrada en la que cerramos esta historia y consideraremos un breve análisis y comentario.
Por cierto que pudiera parecer que no le estoy haciendo caso al proyecto de la entrada anterior (Historia de la literatura hispanoamericana para los y las despistados (y ‘adas’ lol)), peroooo no, el comité de redacción (XD) está trabajando al tope de rendimiento en la labor de investigación, condensación y redacción de las entradas.
Como el amable lector comprenderá son entradas grandes y hay mucho texto por leer, de modo que se van a estar intercalando con otras entradas que a veces no vendrán demasiado al caso, como sea la cosa sigue corriendo y una buena entrada se está cocinando, no dejes de darte una vuelta por acá cada fin de mes :3.
‘La navidad en las montañas’ es una de las obras más famosas de Ignacio Manuel Altamirano. Relata una breve historia de amor con un poco de crítica a la situación política/social de su tiempo.
El maestro
Ignacio Manuel Altamirano nació en 1834 en un pueblo cercano a la frontera entre Guerrero y el Estado de México..
Era chontal, y gracias a que su padre fue nombrado alcalde pudo ir a la escuela. Obtuvo una beca del Instituto Literario del Estado de México (hoy Universidad Autónoma del Estado de México) y luego se licenció en derecho en el Colegio de San Juan de Letrán.
Participó activamente en la política del país (creo que todos los escritores mexicanos del periodo lo hacían lol). Lo que incluyó las guerras de reforma y la guerra contra los franceses.
Ya con el país pacificado (un poco al menos), se dedicó a la docencia, labor que le granjeó el apodo de ‘el maestro’. Murió durante una misión diplomática en Italia en 1893.
Ignacio Manuel Altamirano
Sobre la guerra de reforma
Como con todo hecho histórico, probablemente hay antecedentes muy tempranos a la guerra de reforma (los mexicanos odian a los mexicanos lol).
En brevísimo resumen, ya desde las luchas de independencia había dos facciones nacionales enfrentadas; los proto-conservadores y los proto-liberales (así les puse jaja). Supongo que gente de ambos bandos era buena onda a veces y otras no tanto (todos), en fin, que los proto-liberales querían un modelo político y económico parecido al de los US y los proto-conservadores querían monarquía a la vieja usanza (entre otras cosas).
Santa Anna cambiaba de bando según le conviniera, y después de la derrota contra los US (curiosamente) la cosa no pintaba bien para él, así que se exilió. El vacío de poder permitió a otros personajes intentar tomar el control y favorecer sus agendas.
En un punto de la historia había dos gobiernos en el país, el liberal presidido por Benito Juárez y el conservador por Félix Zuloaga.
Después de full de guerra ganaron los liberales pero el país estaba en ruinas y sin un peso. Lo que propiciaría la invasión francesa (que discutiremos en otro momento)
El lector atento recordará que en el epílogo de El fistol del diablo, Manuel Payno tenía la intención de preguntarle a Rugiero sobre sus aventuras durante las guerras de reforma. Sería francamente épico tener la continuación de la historia de Arturo y Manuel enmarcada en ese periodo histórico, aunque tristemente no existe.
Pero lo que sí existe es la obra de otro escritor que a mi inexperto juicio califica como heredero ideológico de Payno: Ignacio Manuel altamirano. Y lo pienso así porque escribió varias historias enmarcadas en el periodo posterior a la invasión norteamericana (vale la pena anotar que Payno murió un año después que Altamirano pero era mucho más viejo), además de seguir su onda ‘predicadora’ y costumbrismo detalladisimo.
Estas obras son muchas, pero las más famosas son: La navidad en las montañas (guerra de reforma); El Zarco (finales de la reforma); y Clemencia (intervención francesa) (ya sabes que habrá una trilogía de entradas entonces jaja).
Hoy toca ‘La navidad en las montañas’ (casualmente es diciembre lol).
Pintura de soldados de la guerra de reforma
Resumen de ‘La navidad en las montañas’
Exilio
El relato comienza con un capitán exiliado, vagando por un gran bosque inmerso en una zona montañosa. Era veinticuatro de diciembre y como todo cristiano de su tiempo guardaba alegres recuerdos de esas fechas; su infancia pobrísima en un pueblecito apartado, su amable madre, su virtuoso padre, sus hermanitos. Y luego el esplendor de la ciudad; la primer mujer que le hizo saltar el corazón, la algarabía de la capital, y finalmente, su exilio y la honda tristeza que lo embargaba.
En esas estaba cuando llegó su criado, un viejo soldado que acostumbrado a marchas amargas se había adelantado para otear y cazar mientras lo dejaba solo para que pudiera meditar.
El soldado se cruzó con el cura del pueblo, al que informó de su llegada y éste quiso esperar al capitán. Era español para pesar suyo (no había conocido a clérigo ibérico que no fuera carlista). Se resolvió a no hablar de política con él para evitar polémicas y fue a encontrarlo.
Intercambiaron amables palabras, y dada la víspera lo invitó a hospedarse en la casa cural, que aunque pobre, compartía con gusto.
En el camino el padre le contó sobre sus años mozos y su llegada a México. Que tenía la vocación de los apóstoles y otros hombres santos de antaño que ilustraban al ‘bárbaro’ aún a costa del martirio.
No cobraba por bautizos ni por ningún otro servicio que consideraba su obligación. Trabajaba en lo que podía e intentaba no ser una carga para los pobrísimos habitantes del pueblo.
El capitán, exiliado por las guerras de reforma se bajó del caballo y con lágrimas en los ojos le estrechó la mano y le pidió un abrazo. “Si todos los curas fueran como usted nadie osaría hacerles la guerra” (nota la sutil justificación a las guerras de reforma de maese Altamirano).
En el poblado
Llegaron al pueblo y todos los habitantes salieron a recibir al “hermano cura”. Pues él mismo detestaba el término “señor cura” por dar la impresión de ser superior.
El síndico, el presidente municipal y todos los pobladores daban muestras de amor y respeto sobresalientes para con él.
Entre esas personas estaba una mujer mayor con semblante triste, le preguntó al cura sobre ‘Pablo’, el hombre respondió que había hablado con él y que le prometió que iría sin falta.
Mientras tanto, le ofreció al Capitán calentarse en el fuego y tomar algún alimento.
Por la tarde, el ambiente austero pero festivo le recordó sus navidades como niño y se sintió transportado a esos sencillos y bellos momentos.
Y se nos describen todas las ceremonias, alimentos y haceres de los montañeses.
Después de los servicios religiosos y convidados por el alcalde pasaron la noche. Le contaron la historia del maestro de la escuela al que casi lincharon en otro pueblo debido a que no iba a misa y los ignorantes pobladores instigados por el sacerdote lo iban a ejecutar por hereje, lo salvó el “hermano cura” que con fuertes palabras hizo que los hombres avergonzados le pidieran perdón de rodillas.
A cada relato alusivo a la virtud del padre surgían lágrimas en todos lados (esto me recuerda al Saint Seiya de los 90 jaja).
No es de Saint Seiya pero Lol
Amores tormentosos
Entonces, llegó la mujer que había conversado con el cura a su llegada. Con ella iba la muchacha más bella que había visto, con señas de pertenecer a una familia acomodada. Por la pregunta de la madre, sospechó que un drama de amores se estaba por dilucidar esa noche.
Pablo no se había presentado y la muchacha, llamada Carmen, sufría grandemente. El capitán lleno de curiosidad preguntó al cura sobre el motivo de su aflicción, y así comenzó el relato.
Antes de que llegara al poblado, Pablo, un muchacho alegre, osado y trabajador había quedado huérfano. Prendado de la belleza de Carmen, le expresó sus afectos, pero ella lo rechazó debido a su ligereza, pues había dejado ya a varias novias por motivos baladíes.
El carácter antaño industrioso y formal del mancebo que por ‘único defecto’ tenía su falta de recato con las muchachas, se tornó en el de un vago pendenciero y camorrista.
La madre de Carmen y su tío el Alcalde se mostraron indignados ante su comportamiento y reprobaron aún más sus pretensiones.
El exilio de Pablo
Entonces estalló la guerra civil (una de las ‘n’ que hubo en el siglo XIX en los Méxicos) y llegó la leva. Al ser un pueblo remoto y con poca población, el presidente municipal le había autorizado al alcalde solo reclutar a los vagos y los ociosos, costumbre que el capitán confesó cierta y reprobable.
El único malandrín de los alrededores era Pablo y solo a él lo apresaron y enrolaron al ejército.
Esa noche escapó del pelotón y fue a ver a Carmen, le pidió una última esperanza de ser correspondido. Ella respondió que no podía engañarlo y que debido a su conducta y la oposición de su familia no debía abrigar esperanzas.
Abatido, Pablo regresó al destacamento y a la mañana siguiente marchó a la guerra.
La tristeza de Carmen
Era la víspera de la nochebuena y cuando llegó el convite todos echaron de menos al alegre mancebo. Carmen no pudo soportar más y rompió a llorar, así, la alegre velada tomó tintes sombríos.
Pablo regresó a las montañas tres años después. Le pidió permiso al alcalde para establecerse en un remoto paraje a seis leguas de allí y comenzó a limpiar el monte. Se había distinguido con honores en el ejército y sus superiores le permitieron dejar el servicio con amplias recomendaciones.
Ahora tenía una regular plantación que prometía un buen futuro, con árboles frutales, fresas, maíz y multitud de otros cultivos, sufría graves secuelas de la guerra, pero no pedía ayuda a nadie.
Nunca visitó el poblado después de hablar con el alcalde y huía a todo contacto con Carmen o su familia.
La muchacha lloraba profusamente y se cubría el rostro con las manos mientras escuchaba la historia.
El cura agregó que gracias a la atenta mirada de su madre y de su tío, habían descubierto que a pesar de todo, ella lo quería. La misma Carmen dijo que solo deseaba pedirle perdón y aunque no abrigaba esperanza alguna, deseaba que Pablo al menos no le guardara rencor.
Y al final ….
La velada pintaba un triste desenlace, entonces llegó un pastor corriendo y anunció que Pablo llegaría en breve. Y es que debido a sus heridas le era muy difícil moverse. Se había encaminado al poblado desde muy temprano y estaba a las puertas del salón después de una penosa jornada.
Justo en ese momento llegó y todos lo recibieron entre vivas y genuinas muestras de afecto. Carmen había callado y palideció al verlo, Pablo se presentó ante el cura.
La madre de Carmen tomó la palabra y le pidió perdón, lo mismo que el alcalde, mientras la doncella se deshacía en llanto.
Pablo se negó el mérito de tener que dar disculpas, al contrario dijo que él era quien pedía perdón por tantos problemas que había causado. Justificó la decisión del alcalde de mandarlo a la guerra pues era un vago y un pendenciero, incluso lo agradeció pues la vida del ejército lo había convertido en un hombre de bien.
A Carmen le dijo que había hecho bien en rechazarlo pues la ligereza de sus hábitos y su mala reputación lo habían hecho merecedor de esa indiferencia. No había nada que perdonar.
Las mujeres lloraban y nadie sabía qué decir. Entonces el capitán tomó la palabra y le dijo a Pablo que como militar que era se atrevía a decirle que se dejara de indecisiones y que si aún amaba a la niña en ese mismo instante con el cura y el alcalde presentes, formalizaran su unión pues ella no había dejado de amarlo. Había rechazado a todos los que le hablaron de amores y sufría grandemente debido a su exilio y negativa a dejarse ver.
En ese momento Carmen y Pablo se abrazaron y un hurra general se dejó escuchar, al final triunfó el amor (:3).
El relato había sido contado por un capitán de la guerra de reforma al autor que solo se limitó a ponerlo por escrito.
Comentario de ‘La navidad en las montañas’
Dato conocido ya desde las lecturas de ‘El fistol del diablo‘ es que para tiempos de don Ignacio habían sucedido varios desencuentros entre las autoridades civiles y las religiosas (véase La rebelión de los Polkos y la Ley Lerdo).
Y este era uno de los factores ideológicos que enfrentó a Liberales y Conservadores. Los primeros se interesaban en quitarle poder al clero (ostentado en diversas formas) y los segundos querían mantener el ‘statu quo’.
Cuestión que se habría de dilucidar en la guerra de reforma, periodo histórico que enmarca ‘La navidad en las montañas’.
El relato en pocas palabras es el encuentro de un militar liberal con un cura español, más (+) una micro historia de amor.
Religión y reforma (utopía y contexto ideológico)
La utopía se refiere a la reconciliación del liberalismo con la religión. El cura modernizó al pueblo con ideas liberales y valiéndose de su autoridad y vocación sacó a los pobladores de los muchos vicios y penosas cargas que les acarreaba la tradición religiosa y cultural (moler en metate es muy difícil).
Y no sé si era una crítica abierta a los religiosos menos virtuosos, por ejemplo los que cobraban precios exorbitantes por sus servicios. Pero el cura trabaja su propia parcela y nunca aceptaba ayuda de los pobrisimos pobladores para no ser una carga, imitando al «apóstol».
Dato interesante que Altamirano y sus amigos se ganaron el odio de la Iglesia pues abolieron sus fueros, expropiaron sus propiedades, promovieron la libertad de cultos (la primera república tenía como única religión permitida la Católica) e impusieron su subordinación a la autoridad del Estado.
Entonces este cura que rescataba los valores y enseñanzas de los primeros cristianos, que no se oponía al gobierno, que abogaba por el progreso del pueblo posiblemente representa lo que en su opinión la Iglesia católica debía ser dentro de una república liberal.
Don Ignacio nunca ocultó su admiración por los métodos de los primeros misioneros de la conquista. Que aprendían la lengua y las costumbres de los pueblos «salvajes» y que con lenguaje sencillo y figuras familiares, les enseñaban los preceptos de su religión.
Es posible que en su papel como docente, estuviera en busca de métodos similares para la educación de la nación, y por eso se deshizo en elogios hacia la mítica figura del cura liberal.
Sobre el estilo y la estructura
El texto es marcadamente costumbrista. Maese Altamirano retrata los bosques, las montañas y las festividades decembrinas de un lugar remoto en donde neva.
La estructura de la historia comienza con un ‘extraño llega al pueblo’ y se muda al recuerdo de un amor pospuesto.
Me parece interesante y un poco extraño el cambio de motivo y ritmo entre esas dos partes.
La primera va un poco lenta y descriptiva sobremanera, luego durante la primera entrevista con el cura se anima. Al llegar al pueblo se asoma brevemente el motivo del amor frustrado que se vuelve a olvidar para centrarse en las costumbres navideñas.
Por último, en la fiesta se expone la historia de amor. Y luego sucede el clímax con la llegada de Pablo, para todo resolverse en breves párrafos.
Si le preguntas a Freytag la estructura está correcta (nota que Freytag era contemporáneo de don Ignacio :o). Aunque el final me pareció un poco abrupto, también admito que hay poco que agregar una vez ha triunfado el amor.
Pirámide de Freytag
Conclusión
Ignacio Manuel Altamirano tenía la firme creencia de que la literatura (y el arte) podía (y debía) ser usada como herramienta para educar y civilizar. Filosofía manifiesta en toda su obra.
Él llamaba a la novela «lectura del pueblo» y «libro de las masas», comparándola con la canción popular que a diferencia de obras más formales accesibles solo a la élite cultural, tenían un alcance enorme que llegaba hasta los más desfavorecidos.
Don Ignacio mismo había sido muy pobre y admitió que de no ser por la beca del Instituto, habría llevado una vida llena de privaciones.
Entonces no extraña que en sus personajes y en sus diálogos siempre esté intentando «meterte a la boca por la fuerza» esas cucharadas de lecciones morales y cívicas.
Admito que eso no siempre me parece agradable (esa vaina sabe a medicina para el cerebro lol). Pero no deja de ser un motivo noble intentar educar a la gente que leyera sus obras.
‘La navidad en las montañas’ buscaba conciliar dos mundos enfrentados. Denunciar los motivos por los que quería cambiar las cosas y enseñarle a la gente que el propósito de sus guerras era brindarles un mejor futuro a ellos y a sus hijos.
Fuentes
Conway, C. (2010). EL LIBRO DE LAS MASAS: IGNACIO MANUEL ALTAMIRANO Y LA NOVELA NACIONAL. In Bravo P. (Author) & Franco R. (Ed.), Doscientos años de narrativa mexicana: Siglo XIX (pp. 39-58). México, D.F.: El Colegio de Mexico. doi:10.2307/j.ctv3f8pw1.5
La lluvia de fuego es un cuento escrito por Leopoldo Lugones. Forma parte del volumen ‘Las fuerzas extrañas’, publicado en 1906.
El relato aborda el conocido pasaje bíblico de la destrucción de Sodoma y Gomorra desde la perspectiva de un adinerado noble Sodomita. En esta entrada encontrarás un resumen y un breve análisis de ‘La lluvia de fuego’, además de algunos datos sobre el gran Leopoldo Lugones.
Brevísima introducción a Lugones y su contexto
En la Guía para leer a Horacio Quiroga mencionamos brevemente que don Leopoldo Lugones, amigo y mentor de Quiroga, es considerado el fundador de la literatura moderna en Argentina.
Lugones adoptó al modernismo al grado de convertirse en su principal representante en Argentina, que en ese momento fué grandemente influido por Edgar Poe.
La afinidad de Poe con Lugones sirve como puente entre los modernistas hispanoamericanos y la tradición literaria de Poe y su línea romántica/naturalista. Al mismo tiempo presagiaba los contenidos de la ficción Argentina y Uruguaya del siglo XX.
La Biblioteca de Belzoond
Posiblemente una de sus obras más ‘poescas’ es su recopilación de cuentos ‘Las fuerzas extrañas’. De los cuales ‘La lluvia de fuego’ es uno de los mejores.
Fotografía de Leopoldo Lugones
Resumen de La lluvia de fuego [spoilers]
La calma antes de la tormenta
El relato comienza con el noble recordando el comienzo del día. Hermoso y lleno de algarabía. La ‘ciudad libertina’ se alzaba al lado un ‘lago’, y se mostraba llena de actividad.
El hombre ajeno a este ajetreo, se había cansado de los placeres de la carne hacía diez años. Desde entonces se había recluido en su palacio inmerso en sus libros, peces y banquetes.
Notó que las primeras ‘gotas’ habían caído al medio día, gránulos de cobre fundido que se disimulaban por su relativa escasez y por el brillo del sol. Un dejo de preocupación ocupó sus pensamientos.
Eso no le impidió bajar de su terraza a almorzar, allí, un criado leía narraciones geográficas mientras él comía, estaba ya empezando a dormir su siesta cuando una gota cayó en la espalda de un esclavo que no pudo reprimir su dolor.
Todos comenzaron a preocuparse un poco más. La lluvia aunque dispersa caía constante sobre la ciudad.
El hombre consideró escapar, a pesar de su reticencia a abandonar sus libros, sus peces y su jardín. Decidió que nada se perdía con armar el carro.
Entonces escuchó el repicar de las campanas que anunciaban que la lluvia había cesado.
Toda la ciudad comenzó a celebrar, el hombre relata lo que vió y pensó al respecto; ‘un equívoco mancebo’, un lenon, un ‘negro amabilisimo’, anuncios de ayuntamientos bestiales (if you know what I mean), en fin, una exhibición del libertinaje que le dió fama a la gran ciudad.
En la tarde, la fiesta seguía en las calles y dos amigos lo visitaron. Comieron, se emborracharon y se fueron, luego el hombre fue a dormir.
Representación artística de una ciudad antigua
La lluvia en plenitud
Despertó bañado en sudor, la ciudad estaba sumida en un silencio absoluto, sólo interrumpido por el rumor de la lluvia.
Se asomó al jardín y vió como todos los árboles y vegetación estaban carbonizados, un olor entre ‘fosfatado y urinoso’ inundaba el aire.
Llamó a los criados sin respuesta. Luego, con una pesada bañera como protección, fue a los establos y no encontró a ningún caballo.
Fiel a su naturaleza, el hombre aceptó que “estaba perdido”.
Bajó a su bodega donde había mucho alimento, vino y un vial de veneno, «su muerte le pertenecía». Aceptando su destino y fortalecido por el alimento, pensó en ver un rato más el inusual espectáculo, subió a su terraza y aunque no pudo ver nada, escuchó cómo la lluvia había arreciado y todo se quemaba.
Su pájaros habían comenzado a morir de sed, así que bajó a su cisterna por un poco de agua, ésta había tomado un sabor «entre natrón y orina, con tendencia a salarse», cerró las trampillas que comunicaban a la cisterna con los canales exteriores para evitar que se colase más cobre en el agua.
El resto de la tarde y toda la noche aún, se escucharon los clamores de muerte de todos los pobladores.
y la población agonizó bárbaramente, con ayes y clamores de una amplitud, de un horror, de una variedad estupendos. Nada hay tan sublime como la voz humana.
El noble
El aire se llenó de la fetidez de los cuerpos chamuscados, la grasa y el pelo de las bestias y el humo de los incendios.
Los gritos no se detenían. El hombre bajó a su cisterna otra vez y ahora, envuelto en su fresca oscuridad, comenzó a llorar profusamente, lleno de un temor que creía imposible de sentir.
Pasó la noche dormitando, intercalando el sueño de sus pesadillas con momentos de vigilia aterradora.
La cisterna comenzó a llenarse de humo y el hombre prefirió morir afuera que asfixiado como una alimaña en su madriguera.
El fin de un mundo antiguo
La lluvia se había detenido por segunda vez, era de mañana y el cielo azul brillaba certificando “indiferencias eternas”.
Lleno de curiosidad, salió a la calle y encontró a la ciudad muerta para siempre, sin rastro de vida ni objetos combustibles.
Entonces vió a un hombre que se acercaba, era un piloto que después de apuñalar al dueño, se había refugiado en una cisterna de manera análoga al noble.
El marino relató cómo todas las naves se habían quemado y el lago se había vuelto amargo.
Hablaban en voz baja, el noble le ofreció refugio y comida al piloto. Suspendieron su conversación cuando vieron en el horizonte una nube de polvo que se acercaba. Tal vez una partida de auxilio enviada por “Adama o Seboim”. Eran más bien la fieras del desierto que chamuscadas y sedientas, se abrían paso hacia el lago llenas de furia.
El hombre vió como los ignoraban y rugían mirando al cielo, como llorando por el cataclismo, como preguntando “¿por qué?” a la “extraña divinidad” causante de toda esa destrucción.
Entonces la lluvia volvió a caer más gruesa y tupida que nunca. Los hombres se refugiaron rápidamente y mientras el marino abusaba de su alacena, el hombre usó las aguas de su cisterna para bañarse, un sentimiento de calma lo inundó y mientras estaba allí en el agua vió como las llamas se comenzaban a colar, “Llev[ó] el pomo a [sus] labios, y…”
Comentario de ‘La lluvia de fuego’
La prosa de Lugones ha pasado notablemente desapercibida a la crítica, probablemente encandilada por su poesía.
Aún así se considera a ‘Las fuerzas extrañas’, como un hito en la literatura Argentina y latinoamericana. Esto tanto por los temas tratados, como por la técnica empleada en su construcción.
De todos los relatos que componen el libro, ‘La lluvia de fuego’ me pareció el más notable por su efecto y ejecución.
Según Robert Scari, el cuento contiene una gran cantidad de matices entrelazados con gran habilidad.
Se abre con una cita de la sentencia contra Sodoma y Gomorra del Génesis. Si extrapolamos ese hecho con el título, ya sabemos de qué tratará.
Aspectos principales
El estilo de maese Lugones, que tiene un velado tono de ironía, le imprime originalidad. Y la estructura de los episodios que da cohesión al relato a la vez que un ritmo notablemente dinámico (sin descontar el desenlace), hacen a ‘la lluvia de fuego’ el cuento «más logrado de la compilación» en palabras de Scari.
Don Leopoldo nos ‘confunde’ con anacronismos intencionales como los petardos, las campanas, el tráfico y los carteles que salpican varias escenas.
Con el claro objetivo de llevarnos lo más lejos de Sodoma que se pueda, manifestando su deseo de que consideremos al cuento como un retrato de la naturaleza humana, más que el de un ‘sodomita’ retirado (lol).
Lugones toma algo que podría parecer una anécdota y lo convierte en algo mucho más profundo, algo que conmueve el ánimo del lector. Constituyendo a ‘La lluvia de fuego’ en un auténtico relato de horror psicológico (de ahí la línea ‘poesca’ de Don Leopoldo).
Uno de los factores principales para que sea de este modo, es la perspectiva que tenemos de la psicología del sodomita, que en primera persona, nos relata lo que ve, lo que siente, lo que escucha, huele y piensa.
La necedad de un hombre que al enfrentar la muerte, solo se ocupa de su jardín, libros y animales. Que incluso en sus últimos momentos de vida busca un jabón para darse un último baño, es muestra de esto.
R. Scari escribió que el relato apela a la soledad de la humanidad frente a fuerzas que no comprende o controla. La cuestión ineludible de la muerte y de nuestra soledad al enfrentarla es cristalizada en este individuo. Lugones lo retrata con cuidado y atención, resaltando rasgos comunes a todos nosotros, lo que permite sentir con mayor potencia el dramático final de toda la humanidad.
Spoiler: Al final todos ustedes se mueren (meme)
Conclusión
Grata fue mi sorpresa al enterarme que una de las obras más importantes de maese Lugones, era un volumen de cuentos intitulado ‘Las fuerzas extrañas’.
Y considerando sus momentos ‘poescos’, sus imponentes credenciales y el aura de respeto que inspiraba aún rodeado del brillante «chisperío intelectual» del río de la plata, no costó mucho trabajo convencerme de que tenía que leerlo.
De toda la compilación, ‘La lluvia de fuego’ me pareció el relato más memorable. Sin saber explicar por qué. Su efecto fue notable, y gracias al análisis de Scari puedo comprender un poco mejor el motivo de esa fuerza.
Contribuyeron a esto el tono cientificista de algunas de sus descripciones (e.g. los ‘olores fosfatados’ de la ciudad en llamas), la ‘explicación’ del origen del mar muerto (“el lago se volvió amargo” y la salazón de la cisterna), la sugerencia de que la civilización sodomita había alcanzado un gran nivel de sofisticación social y tecnológica (el carro, monumentos, los petardos, el tráfico), y la exteriorización de la soledad del hombre ante la muerte (los pensamientos del noble).
En resumen, estamos tratando a uno de los mejores cuentos del período, creo que no exagero si lo considero de lectura OBLIGATORIA (lol), sin duda al nivel de los que componen la compilación de Seymour Menton.
Scari, R. (1973). El cuento «La lluvia de fuego» de Leopoldo Lugones. Journal of Spanish Studies: Twentieth Century, 1(2), 113-121. http://www.jstor.org/stable/27740618
La gallina degollada es un relato corto publicado por Horacio Quiroga en 1917. Es el sexto de sus Cuentos de amor de locura y de muerte. En donde un grupo de niños realiza un acto horroroso a su hermana.
Hay una versión en vídeo de esta entrada (lol), la puedes ver acá si te da flojera leer :).
Recordando a don Horacio Quiroga
Ya habíamos tratado la biografía del ‘Edgar Poe de latinoamérica’ en la reseña de ‘La meningitis y su sombra’. En resumen que la pasó mal, rodeado de muerte, locura, y la selva de misiones.
También hemos discutido brevemente su contexto literario en las reseñas de ‘El almohadón de plumas‘ y ‘El hombre muerto‘. Emparentado siempre con el realismo y naturalismo latinoamericano.
Estoy pensando en armar una entrada para él concretando todo y así no tener que repetir todo esto a cada cuento suyo que analicemos lol.
Don Horacio Quiroga
Resumen de ‘La gallina degollada’ [spoilers]
La historia comienza con la presentación de cuatro niños ‘idiotas’ que no hacían más que mirar al horizonte.
Le habían nacido al matrimonio del señor Mazzini y Berta Ferraz, hermosos y saludables, cada uno enfermaba y terminaba en ese estado. El mayor tenía doce años y el menor ocho.
Los padres intentaban tener un hijo saludable y se culpaban secretamente del destino de las criaturas. Peleaban y se reconciliaban, esperando que el siguiente hijo estuviera libre de su penosa enfermedad.
Así pasaron varios años hasta que nació Bertita, una niña completamente saludable que a los dos años seguía tan sana como siempre, ahora todo era felicidad.
Berta tomó todo el episodio como una terrible pesadilla y relegó a sus hijos al olvido.
Vivían como animales, malamente vestidos y alimentados, se mostraban indolentes y aletargados la mayor parte del día sentados en un banco.
Cuando el sol comenzaba a ocultarse tenían fiesta, la luz roja del crepúsculo llamaba poderosamente su atención, sus ojos se animaban y reían estrepitosamente, mirando con una alegría primigenia.
Un día el matrimonio por fin se dijo cosas hirientes. Mazzini culpando a su esposa por su ‘pulmón picado’ y ella atribuyendo al alcoholismo y locura de su suegro el haberla hecho madre de los cuatro engendros.
—¡Víbora tísica! ¡eso es lo que te dije, lo que te quiero decir! ¡Pregúntale, pregúntale al médico quién tiene la mayor culpa de la meningitis de tus hijos: mi padre o tu pulmón picado, víbora!
Mazzini (lol)
Esa noche Bertita se mostró enferma, rápidamente se reconciliaron y vieron aliviados que mejoraba notablemente sin mayor sobresalto.
Al día siguiente Berta ordenó a la sirvienta matar una gallina pues no tenían tiempo de ir al mercado, la mejor forma de hacerlo según su madre era cortarle el cuello y desangrar al animal. Los niños vieron estupefactos toda la operación, ¡lo rojo!.
La sirvienta estaba notablemente incómoda por la visión de los cuatro niños que la observaban. Así que con la autorización de la señora los expulsó brutalmente de la cocina.
Después de almorzar, salieron todos. La sirvienta fue a Buenos Aires, y el matrimonio con Bertita a pasear por las quintas, al regreso se cruzaron con una vecina y empezaron a conversar.
La niña, consentida e impaciente decidió ir a la casa por su cuenta.
Allí estaban sus hermanos. Se acercaba la puesta de sol y su visión se vió interrumpida por la niña, que también quería ver e intentaba subir la cerca. De repente fué arrebatada por ocho brazos que, cual gallina al matadero la llevaron a rastras a la cocina.
No pudo gritar más. Uno de ellos le apretó el cuello, apartando los bucles como si fueran plumas, y los otros la arrastraron de una sola pierna hasta la cocina, donde esa mañana se había desangrado a la gallina, bien sujeta, arrancándole la vida segundo por segundo.
Narrador
Mazzini creyó haber oído a la niña así que apresuró la despedida y al ver que la niña no respondía entró a la casa con visible pánico.
Se encontró con un charco de sangre que surgía de la cocina, su esposa iba entrado, alcanzó a ver la sangre y solo pudo abrazarlo soltando un terrible suspiro.
La familia Mazzini-Ferraz
Patrones y estructura (análisis de ‘La gallina degollada’) [spoilers]
Si ‘La meningitis y sombra’ es el amor y ‘El almohadón de plumas’ es la muerte, yo diría que ‘La gallina degollada’ es la locura dentro de los famosísimos Cuentos de amor de locura y de muerte de Horacio Quiroga.
Ya con estos tres relatos podemos encontrar patrones en la estructura de sus narraciones.
Los patrones
Primero se presenta una situación relacionada con el amor. Durán se enamora de María Elvira. Jordán y Alicia están de luna de miel. Y Mazzini y Berta se aman y realizando ese amor tienen a un hermoso bebé.
Este amor nos lleva a la esperanza de que tendremos un relato feliz, pero nada es más aburrido que una historia sin conflicto.
Por eso la situación se complica debido a algún hecho insólito o inexplicable. La meningitis de María Elvira que se va después de prometer amor eterno a Durán. Alicia que cae enferma justo después de aclarar las cosas con Jordán.
Y en el cuento que nos ocupa, el pequeño Mazzini enferma y queda ‘idiota’. Una forma ‘aceptable’ de referirse a una persona con algún desorden mental a principios del siglo pasado, aunque hoy día suena bastante mal.
Ahora, el horror se presenta de maneras diferentes en los tres relatos, con Durán no pasa de querer morir por que María Elvira no lo quiere. Jordán descubre al homúnculo sanguinolento que mató a Alicia (iuuu). Y Mazzini se encuentra con el cadáver de Bertita.
Es digno de mención que en el último caso, Quiroga no transmite el horror con una descripción escatológica de un cadáver degollado con salvajismo.
Lo hace de manera gradual, estableciendo una asociación entre la gallina y la niña que se infiere fué ejecutada de manera análoga. Usando frases como: “Uno de ellos le apretó el cuello, apartando los bucles como si fueran plumas” (uffff, eso está siniestro aún para nuestros días, don Horacio era un genio).
Dibujo hecho por un paciente con esquizofrenia
El legado del cuento ‘La gallina degollada’
Aunque el fatalismo impera en la mayoría de las historias de Quiroga, algunos críticos consideran que no se le debe considerar un escritor naturalista.
Esto porque en su obra siempre emerge la diversidad humana, desde sus aspectos más enfermos y abyectos hasta los más heroicos y desinteresados.
En la mayoría de su trabajo el conflicto entre el individuo y su destino contiene el mismo valor que el desenlace.
Según George Schade una de las mayores contribuciones de Horacio Quiroga a las letras latinoamericanas tiene relación con las lecciones que extrajo del modernismo.
A pesar de haber rechazado sus temas y características al principio de su carrera, la estética modernista y su atención a la presentación formal del texto son una de sus mayores preocupaciones.
En este sentido encontramos reminiscencias de Poe, que presenta con higiene situaciones parecidas, por ejemplo en ‘Los crímenes en la calle de la morgue’.
La presentación cuidada y formal se constituye uno de los rasgos más distintivos a lo largo de toda su obra.
Conclusión
Podría considerarse que ‘La gallina degollada’ es uno de los relatos menos fantásticos de su enorme producción cuentística.
Si le preguntamos a Todorov, el hecho insólito es explicable por la ciencia médica y psicológica.
Eestoy vacilando entre la repentina enfermedad de los niños y la muerte de Bertita causada por una asociación con el rojo, y la puesta del sol.
Luego entonces, hablamos de un relato extraño.
Su efecto es particularmente perturbador. Nada mal para un relato de más de cien años. Aunque si no lo habías leído creo que los spoilers ya te lo quitaron para siempre :c.
Fuentes
Brody, R. (1977). Latin American Literary Review,6(11), 107-109. Retrieved July 13, 2020, from www.jstor.org/stable/20119111.
Marta Morello-Frosch (1964) Realidad Y Fantasía en la Narrativa de Horacio Quiroga, Kentucky Foreign Language Quarterly, 11:4, 209-217.